Pagar más solo por ser mujer

Hay productos que, sin argumento objetivo, son un 50% más caros en su versión femenina. La movilización se activa.

ás solo por ser mujer

Foto: Mirta Rojo

Comparar precios en el supermercado para ahorrarse unos euros es una práctica habitual entre los consumidores. Es más raro contrastar entre el mismo producto en versión femenina y masculina. Al hacerlo, sale a la luz una especie de impuesto oculto que castiga el bolsillo de las clientas, aunque la mayoría lo desconoce. Hablamos de la tasa rosa. «Son artículos para mujeres, que solo por eso parecen justificar un incremento de precio que puede llegar al 50%», asegura Gemma Cernuda, fundadora de Peix&Co, agencia de marketing femenino, y autora del libro Ellas deciden, donde se alerta de la situación.

Debido a esta especie de gravamen, para comprar un paquete de cinco cuchillas de afeitar de color rosa hay que pagar 1,80 euros, ocho céntimos más que otro de la misma marca con 10 cuchillas azules. Más ejemplos: un corte de pelo para chica puede valer 24 euros, mientras que el de hombre no llega a los 19. El precio de unos vaqueros para ella es de 21,90 euros frente a los 19,45 de la versión masculina; y el huevo Kinder con regalo de niño se vende por 4,71 euros, casi un euro menos que el de niña, que cuesta 5,79.

Casos como estos alimentan la actividad en las redes sociales en torno a etiquetas como #pinktax o #notbuyingit. «Las mujeres tenemos el 60% del poder en las decisiones de compra. Por eso debemos boicotear a las marcas que nos penalicen», anima Cernuda.

Pagar más solo por ser mujer

Una de las imágenes publicadas en las redes con la etiqueta #womantax.

Womantax

La revista estadounidense Consumer Reports fue la primera en detectar esta tasa en 2010. Más tarde, un estudio de la Universidad de California concluyó que las mujeres llegaban a pagar casi 1.400 dólares más al año por el incremento de precio de los productos dirigidos a ellas. En Europa, la ONG francesa Georgette Sands dio la voz de alarma en 2013 tras analizar la cadena de supermercados Monoprix.

«Durante años, se ha considerado que las mujeres están dispuestas a pagar más en unos productos, y las marcas lo han aprovechado», explica Carlos Torrecilla, profesor de marketing en Esade. Desde la OCU reconocen que el alegato de las empresas es justo ése: que hay un público femenino dispuesto a pagar más. «Pero no hay ningún argumento objetivo. Las consumidoras deben premiar o castigar esos comportamientos de las empresas», asegura Ileana Izverniceanu, portavoz de la organización. Lo confirma, Pablo Fernández, profesor de Emprendimiento de la ISEM Fashion Business School: «El mercado es cada vez más listo, se paga por experiencias, que es como se segmentan ahora los productos». Aun así, parece que la modernización no llega a España, sobre todo tras la recesión impuesta por la crisis. Todavía es posible dar con ejemplos como un chaleco salvavidas infantil vendido en Decathlon cuyo modelo rosa es tres euros más caro que el azul.

La lucha contra la discriminación por precio se juega también en productos básicos para ellas, como los de higiene íntima. Llegaron a estar gravados con un IVA del 21% y ahora lo están al 10%, en lugar del 4% que tienen los de consumo básico, a pesar de las reclamaciones.

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