Olivier Rousteing: «Cuando introduces la normalidad en la pasarela te llaman revolucionario»

Jean-Paul Gaultier eligió a Olivier Rousteing para crear su colección de alta costura. Y este homenajeó al referente de su adolescencia celebrando los tres grandes valores de la casa: libertad, diversidad y espectáculo.

Diseño inspirado en el que llevó Madonna en 1992 (aquella vez con el pecho al descubierto). Foto: PABLO SÁEZ

Ser un adolescente homosexual y negro de padres adoptivos blancos no fue nada fácil. Como cualquier otro chaval en su situación, Olivier Rousteing creció buscando referentes en la televisión y las revistas. Así se topó con Jean-Paul Gaultier, “que aquí, en Francia, era una estrella absoluta. Presentaba programas musicales y vestía a todas las celebridades importantes. Su actitud, su forma de ver la moda, alabando la diversidad y la libertad, me hicieron creer que había otro mundo ahí fuera”, rememora. En 2011, con 26 años, Rousteing alcanzaba la dirección creativa de Balmain, convirtiéndose en el segundo diseñador más joven en ostentar un puesto de esa magnitud (el primero fue Yves Saint Laurent en Dior, con 21), y aunque llevaba en el negocio desde los 18, tuvo que demostrar que era capaz de desempeñar esa labor: “Al principio los apoyos eran pocos por mi juventud y mi forma de entender el negocio”, confiesa. Porque, curiosamente, el espectáculo, la exposición mediática y el apoyo a ciertas celebridades, como el clan Kardashian, no estaban muy bien vistos en este sector hace una década. Pero el tiempo y los números dieron la razón a Rousteing. Balmain ha multiplicado por siete su facturación desde su llegada, acercándose ya al muy selecto grupo de firmas que se embolsan 500 millones de euros anuales y Gaultier, su referente en la infancia, acabó llamándole hace un año para que fuera él el encargado de diseñar su colección de alta costura para este otoño. “Aluciné. Sobre todo con el hecho de que él pensara que podía negarme si no me apetecía o no tenía tiempo. ¿Cómo iba a decir que no?”.

Foto: FRANCESCA BELTRAN

A los dos creadores, invitados anteriormente a diseñar las colecciones de Gaultier, les unía a él una relación más o menos personal: la japonesa Chitose Abe (Sacai) era una favorita en el fondo de armario del diseñador y Glenn Martens trabajó a sus órdenes cuando empezaba su carrera. Con Rousteing ha sido solo una cuestión de admiración mutua. De ahí que él haya decidido basar su colección en la impronta que Gaultier dejó en él de niño: de vestidos, joyas y plataformas inspiradas en el frasco de la fragancia Le Male (“que mi padre siempre tenía en el baño”, cuenta) a su visión personal de la colección Tattoo de 1995, que remite a los orígenes africanos de Rousteing y que lucieron modelos masculinos, algo poco común en la alta costura, como lo son las modelos de tallas diversas o incluso dos mujeres embarazadas. “Es curioso, porque introduces la realidad en la pasarela y te llaman revolucionario, cuando lo único que haces es aportar normalidad. Trasladar lo que ves en la calle”, explica. En ese sentido, el diseñador cree que el mérito de esta ‘no-revolución’ es, en cualquier caso, de Gaultier: “Él le enseñó a la moda la palabra libertad en sentido amplio: libertad para ser diferente en todos los sentidos. Cuando entré en el archivo me topé con cosas increíbles. Cosas que por supuesto todos conocemos, como los corsés irreverentes de Madonna, pero también piezas que yo no conocía. Había una chaqueta metálica de principios de los noventa, como una armadura, que era un prodigio técnico”. De hecho, el diseñador opina que, en cierta medida, la moda era más libre entonces que ahora: “Al menos había menos corrección política”, confiesa, “y en cuanto a la diversidad, es verdad que por fin estamos despertando, pero nos queda mucho por hacer para reflejar la realidad de la calle, que es donde está lo interesante. Desde luego, seguiré intentando hacer las cosas desde la honestidad, porque es la única forma de conectar con la gente”.

Una honestidad que, en su caso como en el de Gaultier, está recubierta de hedonismo y de un agudo sentido del espectáculo, “porque los valores no están reñidos con el optimismo”, dice, “No creo que la moda deba ser algo elitista. Hay mucha gente que no puede permitirse consumir ciertas cosas, pero eso no quiere decir que no puedan participar de la experiencia. Para esta colección pude cortar la calle para que los que se acercaran pudieran ver llegar a los invitados, y coloqué pantallas, y con Balmain volvemos a hacer en septiembre el festival de música”. Esta vez, en su tercera edición, 10.000 personas podrán disfrutar del desfile y de una decena de conciertos pagando poco más de 20 euros, que se donarán a la organización mundial contra el sida. Otro espectáculo con valores.

Rousteing ha querido fusionar su propio lenguaje con el de Gaultier. En la imagen, por ejemplo, un diseño que mezcla el mítico corsé del segundo con la gorra y la capucha, elementos recurrentes en el primero. Foto: PABLO SÁEZ

Uno de los modelos más iconoclastas de la colección: de seda transparente, eleva el lazo que envuelve las fragancias a diseño de alta costura. Llevó más de 500 horas confeccionarlo. Foto: PABLO SÁEZ

Vestido de metal que simula el frasco de la fragancia Le Male. Foto: PABLO SÁEZ

Diseño que fusiona elementos de distintos periodos de Gaultier: como el corsé, el vestido-jaula o las faldas inspiradas en las estructuras del miriñaque. Foto: PABLO SÁEZ

La sastrería, uno de los temas imprescindibles pero quizá más olvidado de Gaultier, sirvió a Rousteing como punto de partida de este diseño. La pulsera-alfiletero remite a las costureras del taller
“la mayoría lleva más de 15 o 20 años en la casa. Saben hacerlo absolutamente todo”, dice. Foto: PABLO SÁEZ

* Estilismo: Juan Cebrián. Modelo: Marie Agnes Diene (Claw Models Paris). Maquillaje y peluquería: Shaila Morán para Byredo (lucienpagescommunication) y Thomas Lorenz (MFT Agency). Director de ‘casting’: Neill Seeto. Asistente de fotografía: Theophile Parat. Asistente de estilismo: Héctor Guzmán. Posproducción: Arena Retouch Studio.

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