Niño busca nuevo rol

Los canales infantiles pretenden huir de los personajes estereotipados y las series para adultos presentan familias atípicas, donde los hijos sufren problemas propios de su edad junto a situaciones límite.

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Foto: Getty Images

En enero, Disney Channel –con más de 100 canales en 169 países y presente en 415 millones de hogares– revolucionaba el mundo de las series familiares. Una de sus producciones más afamadas, ¡Buena suerte, Charlie!, introdujo en un capítulo a una pareja de lesbianas, madres de una amiguita de la protagonista. Una acción sin precedentes que obligó al director ejecutivo de programación, Adam Bonnett, a emitir un comunicado en el que respaldaba la iniciativa «después de consultar con expertos en desarrollo infantil y asesores comunitarios, y porque queremos reflejar la diversidad y la inclusión». La organización conservadora One Million Moms alentó a la audiencia a enviar cartas de protesta, mientras Miley Cyrus –la exestrella de Hannah Montana– exhibía su entusiasmo en Twitter por un hecho tan «inspirador, que ilumina a una nueva generación».

La homosexualidad dejaba así de ser un tabú en el canal infantil con mayor repercusión, que trabaja en historias cuyo objetivo es funcionar en todo el mundo. Así lo desvelaba su presidente Gary Marsh en una entrevista en The Hollywood Reporter: «Los guiones de los pilotos se envían al menos a 20 países para evitar obstáculos culturales o personajes que no se entiendan». Pero hay quien asegura que fue el éxito de determinadas series adultas, como Familia de Acogida (AXN White) o Modern Family (FOX), lo que obligó a Disney a pensar en normalizar, a través de sus producciones, la adopción gay. 

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En Familia de acogida, una pareja de lesbianas interracial ampara a varios chavales de un reformatorio.

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El mundo está cambiando, y las series infantiles tienen que adaptarse a los nuevos modelos evitando tramas clonadas. Como resume Teen.com, se trataría de huir de «las chicas que quieren a los niños malos; los chicos que se fijan en las cheerleaders; las guapas que se creen feas; los novios que duran tres episodios y los aspirantes a estrellas». No resulta fácil, porque alcanzar el sueño americano sigue siendo un fascinante hilo argumental. ¿Ejemplos actuales? Las intrépidas bailarinas de Shake it Up; la pareja antagónica de músicos de Austin y Ally; las gemelas de Liv y Maddie; la impetuosa Jessie, niñera por sorpresa de unos niños ricos… 

Un nuevo enfoque. Constancia, vida sana, amistad, valentía… son los valores de los que presume una estrella Disney. Pero algo está cambiando. Como comenta Dan Signer, creador de A.N.T. Farm, protagonizada por niños superdotados: «Al principio, jugábamos con ventaja, ya que los pequeños no estaban familiarizados con la fórmula. Pero ahora, tras el éxito de Hannah Montana y Los magos de Waverly Place, debemos ser más exigentes». Especialmente, desde que se ha descubierto que muchos padres tienen la costumbre de compartir las series con sus hijos. «Cuando escribo, me imagino a la familia en el sofá viendo la tele. Los mayores pueden explicar los chistes más ambiguos o las referencias relacionadas con ellos mismos». Esa fue la consigna de Lab Rats, la serie más vista de Disney XD, canal especializado en público infantil y juvenil de entre siete y 10 años que pretende huir de los contenidos demasiado rosas. La producción la integran un matrimonio y tres chavales fruto de un experimento. Los progenitores ya no están ausentes, como ocurría antes: ahora son parte de la trama. De hecho, en Mi perro tiene un blog –sitcom en la que un matrimonio de divorciados fomenta la unión de sus hijastros con una mascota que habla– son los padres, y no los menores, los culpables del mal uso de las redes sociales.

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En A.N.T. Farm, los niños son superdotados.

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Pero si hay alguien que ha plantado cara a los patrones establecidos ese es Ryan Murphy. Como analizaba Robert Ulrich, director de casting de Glee (FOX), en The Huffington Post: «Lo admiro porque no escribe los guiones pensando en las discapacidades de los personajes». «Hay fans que nunca habían visto a un chico en silla de ruedas en la televisión», comenta a S Moda Kevin McHale sobre su personaje. Y es que, definitivamente, las series con jóvenes están viviendo un sugestivo reajuste. American Horror Story (FOX), Shameless (Canal+) o Skins (MTV) destapan una sexualidad desinhibida; Homeland (FOX) o The Walking Dead (FOX), relaciones más intensas y conflictivas entre padres e hijos; Breaking Bad (Paramount Comedy) o Pequeñas mentirosas (AXN White), muchachos con minusvalías; Mom (TNT) o Hope (FOX), familias disfuncionales, pero muy unidas…

Exponer la realidad, lanzar un mensaje constructivo y hacer que la audiencia se ponga en la cabeza de los adolescentes son los objetivos. Ashley Rickards, cuyo personaje pierde la virginidad a los 16 años en el piloto de Awkward (MTV), lo confirma en exclusiva a esta revista: «Mostramos lo que nos ocurre. No son estereotipos, no están inspirados en la tele, más bien en las películas de John Hughes». Por su parte, Debby Ryan, protagonista de Jessie y, caso excepcional, coproductora de la serie con 20 años, apunta: «Propongo escenas y chistes que me gustaría ver. Hacer televisión sobre los niños, para los niños y con los niños».

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Tras la estela de Hannah Montana Las protagonistas de Shake It Up siempre soñaron con ser bailarinas profesionales. Y lo consiguen.

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