El negocio de pagar hasta 2.500 euros para estar unos segundos con tu ídolo

Kylie Minogue es el último nombre propio que se suma a la moda de los ‘meet & greet’, pero no todas las experiencias previas con otros artistas han sido precisamente satisfactorias

Kylie Minogue en un convcierto sorpresa en Londres. Foto: Getty

Ya lo decía Quevedo, poderoso caballero es Don dinero. Años ha el que quería ver de bien cerca a su artista favorito en concierto simplemente tenía que mentalizarse de hacer cola o directamente pasar la noche al raso. Pero los paquetes vips han cambiado las reglas del juego radicalmente en los últimos años a golpe de talonario: desde entradas especiales como las denominadas golden circle (un espacio reservado en la pista que te asegura estar a dos palmos del escenario), hasta el cada vez más al alza meet & greet que te permite colarte entre bambalinas para poder hacerte una foto y cruzar alguna onomatopeya con la estrella en cuestión.

Las promotoras y los músicos ven estos meet & greet como una forma de acaparar más ingresos. Ante la caída de ventas de discos físicos y el auge de las plataformas de streaming (beneficiosas para el usuario, aunque no tanto para el artista por el escaso dinero que percibe) se han tenido que inventar nuevas fórmulas como esta con la excusa de mercantilizar experiencias. Partiendo de la base de que cada uno se gasta el dinero en lo quiere, a primeras no hay nada que objetar sobre el asunto. Pero como imaginarán estos meet & greet con grandes nombres de la canción de económicos tienen poco. La exclusividad siempre tiene un precio.

Sin ir más lejos, hace unas semanas se pusieron a la venta las entradas para el íntimo concierto que Kylie Minogue ofrece este viernes 16 de marzo en la barcelonesa sala Bikini, con aforo para apenas 800 personas. La entrada general, incluyendo los gastos de gestión, estaba a 93 euros. Pero más allá del paquete early entry que te permite acceder a la sala minutos antes que el resto de mortales (235 euros), también se ofrecía un meet & greet con la australiana por 835 euros que, más allá de barra libre y un catering de comida japonesa, da derecho a hacerte una foto individual con ella. Por mucho que las cifras les mareen, todas las modalidades de tickets se agotaron en pocos minutos.

La pregunta está ahí: ¿pagarías esas cantidades de dinero por tomarte una fotografía con tu artista predilecto y, como mucho, poder cruzar un par de palabras con tu ídolo? Porque no nos engañemos: por única que sea la experiencia apenas durará un par de minutos, cinco estirando muchísimo el cronómetro. Y está más que demostrado que no todos los músicos se lo toman en serio por igual.

En 2014 la gira de Avril Lavigne recalaba en Brasil, y con ella la posibilidad de un meet & greet por unos 400 dólares. Hasta aquí todo bien. No obstante, cuando se hicieron públicas las primeras instantáneas se viralizaron de inmediato porque se podía ver a la canadiense con cara de poco amigos y, encima, sus miembros de seguridad prohibieron a aquellos que habían pasado por caja que hubiera el más mínimo contacto físico. Como una estatua de cera del Madame Tussaud Lavigne se mantenía estática, sin emoción alguna, a un par de metros de distancia de todos aquellos que soñaban con conocerla. De la mitomanía al desengaño hay sólo un paso.

Britney Spears en su residencia de Las Vegas también ofrecía un meet & greet por 2.500 euros. Con ese precio cualquiera podría pensar que al menos ella se mostraría jovial y cercana con sus seguidores, pero nada más lejos de la realidad. Nadie podía tocar a la diva (a no ser que ella diera la autorización) ni darle un regalo, y ella apenas balbuceaba alguna palabra durante escasos segundos. Habrían que quedaran satisfechos, pero después de desembolsar esa cifra cualquiera con dos dedos de frente lógicamente esperaría algo más.

Lady Gaga también hizo lo propio en su Joanne World Tour (en Barcelona costaba 1.155 euros poder conocer de cerca a la mother monster) a sabiendas de que después del concierto no estaba precisamente en su mejor momento a causa de la fibromialgia. Pero al menos cumplió como una profesional y sus seguidores afirman que más allá de visiblemente cansada físicamente ella se mostró muy cercana y natural. Y lo mismo ocurrió con Rihanna cuando se prestó a ello en su The Loud Tour de 2011, en los que a diferencia de Lavigne o Spears estuvo encantadora y se dejaba hacer todo tipo de fotos divertidísimas con sus feligreses. Si te prestas a esto por contrato, lo mínimo que puedes hacer es actuar así con aquellos que te veneran, por supuesto.

Drake el pasado año decidió cancelar por sorpresa los meet & greet que tenía programados en su última gira. Pero poco antes que él Justin Bieber acudió a su cuenta de Instagram para confirmar lo mismo porque estos encuentros le dejaban “mental y emocionalmente exhausto hasta el punto de la depresión”. Pensándolo fríamente se entienden perfectamente estas palabras del autor de Sorry: el artista, por pocas ganas que tenga después de un show, tiene que poner su mejor cara y cumplir ante sus seguidores cuando lo único que le ronda en esos momentos por la cabeza es dormir en la suite de su hotel o simplemente tomarse una copa para relajarse. Más allá de lo estrictamente económico, ¿le compensaba a Bieber un paripé como este?

Sabiendo que Kylie es un emoticono andante del corazón fuera de los escenarios pronosticamos que sus meet & greet programados para este viernes serán escuetos pero más que satisfactorios para sus fans. En caso contrario, aquellos que tengan esa entrada, que no duden en hacérnoslo saber.

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