6 veces que el mundo se equivocó al pedir a una mujer que se tapase

El incidente de la meteoróloga obligada a taparse en Estados Unidos no es el único en el que se paternaliza y moraliza el código de vestimenta femenino.

«Así parezco una bibliotecaria», dice con cara de pena y hastío Liberté Chan, la presentadora de la cadena KTLA de Los Ángeles en el vídeo que se ha hecho viral en los últimos días y en los que aparece la vivaz meteoróloga dando el parte de tiempo hasta que se ve interrumpida por una mano que le ofrece una chaqueta de punto para taparse. ¿Por qué quieres que me ponga esto? ¿Porque hace frío?, pregunta segundos antes de ponerse la prenda y comprobar cómo se apaga, ipso facto, su espíritu. «Estamos recibiendo muchos correos electrónicos», le responde la voz en off de su compañero. La anécdota ha dado la vuelta al mundo. La joven iba vestida con un vestido negro con flecos y algunos espectadores no pudieron contenerse ante tal amenaza a su integridad. “Parecía que Liberté Chan se quedó hasta tarde de fiesta y llegó a trabajar con el mismo vestido. No es apropiado para dar el tiempo. Los productores del programa no tendrían que haber permitido que trabajara con un vestido de cóctel”, decía por correo uno de los enfurecidos televidentes. Ella no tuvo otra opción que ponerse esa chaquetita triste para después aclarar que el vestido de la indignación era uno «de emergencia» porque el elegido inicialmente no funcionaba con el croma (algo que ya le sucedió en el pasado y que también la hizo famosa viralmente en otra ocasión).

El ‘tápate, mujer’ que ha recibido Liberté Chan no será el primero, ni el último, que presenciemos. Dejando de lado el factor religioso (ahí están la ‘mafia del decoro’ de la comunidad jasídica de Nueva York –amenazando con romper escaparates a comerciantes si sus hijas no llevan faldas más largas–, la policía de la Moral de Irán o el propio obispo de Solsona, Xavier Novell, que sermoneó a tres jóvenes fieles por enseñar pierna en la iglesia), la corrección en la vestimenta femenina sigue a la orden del día y afecta a presentadoras, ciudadanas anónimas, estrellas de Hollywood o estudiantes universitarias porque, al parecer, los guardianes de la moral nunca descansan. Para qué entrar en el escuadrón de 7.000 agentes iraníes cuando uno tiene una conexión a Internet y una cuenta de Twitter para esparcir un decálogo paternalista de lo políticamente correcto (y de dudoso fundamento). He aquí otros casos polémicos en los que también se sermoneó públicamente a mujeres por la ropa que llevaban:

El escote maldito de la universitaria gallega

«Me desconcentra el ruido de los bolígrafos y el escote de María». La universidad de Santiago de Compostela abrió un expediente disciplinario el pasado mes de marzo al profesor Luciano Méndez, que no dudó en recriminar el escote que llevaba una de sus alumnas de la facultad de Económicas. El hombre aseguró que «le distraía» para impartir la clase. El caso, que elevó sus cotas mediáticas por la polémica que generó Javier Cárdenas cuando lo comentó e hizo apología del machismo en su programa radiofónico (aunque él asegura que fue una manipulación de una oyente con la que ha tomado una cruzada bastante preocupante –el programa completo, misteriosamente, ha desaparecido de la web de EuropaFM, que sí ofrece la posibilidad de escuchar cualquier otra emisión–). El escote, y no esa mirada que «se distrae», se presenta, erróneamente, como la raíz del problema. Los estudiantes reaccionaron ante el caso presentándose en una de las clases del profesor en sujetador y con pintadas en su cuerpo.

“¡Nadie quiere ver tu viejo escote! ¡Tápatelas, Susan Sarandon”

Otro fenómeno que acaparó la atención mediática por el motivo que no le pertoca fue el absurdo revuelo que levantó el escote de Susan Sarandon en los premios del sindicato de actores (SAG) en febrero. Sarandon acudió con un impecable traje blanco de Max Mara y un top que dejaba la descubierto el poderoso escote de una ejemplar activista de 69 años, embajadora de Unicef, ganadora del Oscar, del Bafta y del premio de Sindicato de actores; algo de lo que no pueden presumir todas lass cuentas repletas de moralina que se indignaron ante la vestimenta de la actriz. “¡Nadie quiere ver tu viejo escote! ¡Tápatelas!”, tuiteó Karen Salikn, un pseudo intento de Joan Rivers sin gracia. ¿Es apropiado que las tetas de Susan Sarandon asomen en la intro del in memoriam?, rezaba otro tuit. La actriz nunca se pronunció al respecto, prefirió seguir hablando de las causas de su activismo que realmente importan.

Kate Winslet, Michael Shannon y Susan Sarandon durante la gala de premios del Sindicato de Actores.

Kate Winslet, Michael Shannon y Susan Sarandon durante la gala de premios del Sindicato de Actores. Foto: Getty

Merkel saca pecho: ¡cómo se atreve!

«No esperaba provocar tal furor con el traje de noche, que no era más que un intento de salir de la rigidez del vestuario de un jefe de Gobierno en una noche de ópera». El portavoz del gobierno alemán tuvo que salir al paso del amarillismo que poblaba en los rotativos alemanes. Con frases como «Merkel saca pecho» o «Merkel enseña escote», la prensa quiso destacar que lo de enseñar canalillo pasados los 50 no era para Angela Merkel. La dirigente escogió un vestido de tafetán para ir a la Ópera de Oslo en 2008 y montó, sin ella pretenderlo, un buen revuelo (y suceso que nunca se ha vuelto a repetir).

El escote que copó titulares en la prensa amarilla en 2008 (y que nunca se ha vuelto a repetir).

El escote que copó titulares en la prensa amarilla en 2008 (y que nunca se ha vuelto a repetir). Foto: Getty

«¡Eh, reportera descarada, ¿qué haces con ese mini-vestido en el vestuario?»

Verano de 2008. Erin Andrews, una reportera del canal ESPN que luce un vestido totalmente apropiado para la estación y el clima en plena canícula, entra al vestuario de los Hot Cubs de Chicago para realizar una serie de entrevistas post partido de beisbol. Su vestimenta provoca un alud mediático de críticas en la prensa estadounidense porque, al parecer, no era el apropiado y perjudicaba al resto de compañeros periodistas; sin medir sus cualidades como reportera. De hecho, se pudieron leer columnas y titulares en los que se decía «Bomba sexual rubia distrae a los jugadores de los Cubs», titulares en los que se cosificaba y culpabilizaba a la portadora y no a la mirada y la mente de unos hombres que, simplemente, estaban viendo a una mujer con un vestido de verano entrando a un vestuario. «Erin es una chica guapa con un cuerpo por el que mataría. Sé que está más buena que yo. Pero estaría mejor si vistiese de forma más profesional y no en lencería (nota aclaratoria: no era un vestido lencero, era un vestido estampado de algodón). Como mujer en este negocio, creo que debería darse cuenta de que está dañando a todo el género cuando aparece de esa forma. Nos lleva a aquellos tiempos en los que las periodistas deportivas éramos vistas como ‘cazamaridos’ que solo estábamos en el negocio para ver si pillábamos algo», declaró al respecto la periodista Trenni Kusnierek.

¿Amamantar en público? ¡Tápate con la servilleta!

Lou Burns no pudo creer que el personal del lujoso hotel Claridge’s de Londres (5 estrellas) le pidiese que se tapara mientras amamantaba a su hijo en el restaurante del local. Burns, que trabaja en servicios financieros y que estaba pasando la tarde con su madre y su hija en diciembre de 2014, fue alertada por los camareros de que se cubriese con una servilleta mientras daba el pecho a su hija. «Lloré. Me sentí humillada y en shock», explicó a la prensa tras el revuelo que formó en Twitter cuando denuncio la normativa ‘victoriana’ del hotel. Burns, casada con Nathan Barley –un conocido actor británico por su participación en The Mighty Boosh–, aseguró que los trabjadores se lo pidieron para no «ofender» al resto de comensales. Los responsables del hotel, por su parte, aseguraron al Telegraph que «sí que se permite dar el pecho, pero se pregunta a los huéspedes si pueden ser discretos». Por supuesto. Y una servilleta gigante que incomode a un bebé con hambre parece la mejor (y más discreta) solución.

Lou Burns, con la servilleta gigante que tuvo que utilizar para tapar a su bebé.

Lou Burns, con la servilleta gigante que tuvo que utilizar para tapar a su bebé. Foto: Lou Burns

 

 

 

 

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