Merchandising político: mi camiseta tiene algo que decir

Movimientos como Wikileaks y partidos emergentes como Podemos utilizan la ropa para transmitir su mensaje y también para financiarse.

Podemos camiseta

Que Julian Assange flirtea con la moda ya lo sabíamos. Vivienne Westwood le dedicó una camiseta e incluso se dijo que haría de modelo para el hijo de la diseñadora, Ben, en un desfile de la pasada London Fashion Week que no llegó a concretarse. Wikileaks, además, ya tiene su tienda oficial de merchandising, en la que se pueden comprar, por ejemplo, una carcasa de iPhone con la cara de Edward Snowden (20 €) o una taza que reza «Arma de transparencia masiva» (16 €). Pero en breve Assange y su organización fundarán una firma de «alta moda», como la han descrito, que tendrá tiendas físicas en India, donde el exhacker goza de una excelente imagen –al igual que España, según los sondeos internos de Wikileaks, que tasan aquí su índice de popularidad en torno al 80%–, y una online en la que se despacharán todo tipo de productos para hombre, mujer y hogar.

Mi camiseta tiene algo que decir

Una de las activistas de Femen, Genya, con camiseta de la organización.

Getty Images

El empresario y colaborador de Wikileaks Olaffur Vignir Sigurvinsson está al frente de la estrategia y para ello ha firmado un acuerdo con la empresa Bradford Licensing, que se encarga, por ejemplo, de los artículos propagandísticos de la NBA. Una porción de lo que se recaude se destinará a financiar la entidad, pero desde Wikileaks evitan dar el porcentaje. «Podemos ser tan grandes como Coca-Cola», declaró Sigurvinsson.

No están solos. Existen otras organizaciones que están dando nueva vida a la ropa con mensaje político. La marca All Riot, por ejemplo, cuyo manifiesto denuncia «el consumismo ultravioleta que irradia nuestra cultura» vende camisetas para apuntarse a todo tipo de causas, ya sea pro-Gaza o antifracking. Algunas, como la «oficial» de las Pussy Riot, la mitad de cuyas ganancias se destinan al grupo ruso, sirven para sufragar una causa concreta, pero la mayoría están ahí simplemente para publicitar su activismo, en tallas de la S a la XL.

Mi camiseta tiene algo que decir

Camiseta estampada con las cuentas de Bárcenas diseñada por gazpachoblog.com y moedetriana.com.

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En España, la reciente repolitización de la sociedad, al calor de la crisis, los recortes y los escándalos de corrupción han hecho que cada vez haya más gente dispuesta a defender ciertos colores por un motivo determinado. Ponerse, por ejemplo, camisetas verdes o amarillas (según la zona) en apoyo a la educación pública, ya no se hace únicamente para ir a una manifestación: hay quien las lleva en el día a día. «Eso se llama cromopolítica. La elección de una tonalidad es un factor aglutinante, hace que las protestas sean mucho más visuales y favorece su viralidad», apunta el asesor de comunicación política Antoni González-Rubí. Los partidos emergentes han tomado nota y están haciendo un uso mucho más novedoso del merchandising que los tradicionales.

Mi camiseta tiene algo que decir

En el merchandising del partido Podemos triunfa la cami- seta serigrafiada a mano que lleva su li?der, Pablo Iglesias, en la web (9 €).

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En la web de Podemos la tienda ocupa un lugar central, si bien la venta ya no es tan prioritaria para su financiación como lo fue en los inicios, según apunta su responsable de productos, Jorge del Rey. «Ahora se recauda más a base de donativos y su función sobre todo es que se difunda nuestro nombre» apunta. Su artículo estrella es la camiseta que luce su líder, Pablo Iglesias, en la web, morada y con círculo. También venden bolsas de tela y una pulsera de silicona por 2,5 euros. Próximamente, se plantean hacer bufandas, abanicos, calendarios, etc. «Desde algunos círculos nos llegan peticiones para que produzcamos en España, pero es complicado», comenta Del Rey. Y es que la trazabilidad ha dado un disgusto a más de una organización. Recientemente, las camisetas con el lema «Éste es el aspecto que tiene un feminista», con la que se han dejado ver en Reino Unido de Alexa Chung a Nick Clegg, se han visto envueltas en una polémica sobre su origen. El Daily Mail destapó que estas prendas, que se venden por casi 60 euros en Whistles, se fabrican en un taller de las islas Mauricio donde los empleados trabajan en pésimas condiciones y ganan menos de 50 céntimos por hora. La ONG Fawcett Society dictaminó que ese salario está por encima de lo normal en el país, pero la credibilidad de la campaña quedó tocada.

Mi camiseta tiene algo que decir

Zapatillas Keep Calm and Speak Catalan de Munich (74,96 €).

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En UPyD vigilan que sus proveedores «estén al corriente de pagos en Hacienda y la Seguridad Social» para evitarse estos sobresaltos, según su portavoz, Juan de Ávila González Moyano. Lo último que han distribuido son unas chapas a 5 euros que tienen impreso «Yo denuncié a Pujol» o «Yo denuncié a Bankia». En menos de dos semanas, agotaron las 2.000 primeras unidades y tuvieron que encargar 500 más. El objetivo es recoger fondos para cubrir los gastos de las 13 querellas que la formación de Rosa Díez mantiene abiertas. «Las hemos hecho muy poco corporativas. Sin el logo del partido ni nuestra tipografía, para que más gente pueda identificarse con ellas». Según Gutiérrez-Rubí, estas chapas serían un ejemplo de merchandising moderno. El experto apunta que los partidos mayoritarios han perdido grandes oportunidades. «Por ejemplo, cuando estalló el caso Bárcenas, el PSOE podría haber comercializado camisetas como las que hizo el estudio Moedetriana, que reproducían su caligrafía con los pagos en negro del extesorero. Habrían conseguido ventas, visibilidad y simpatía». Gutiérrez-Rubí también cita los kits que vendía la Asamblea Nacional Catalana para participar en la cadena humana de 2013 y la V de 2014. Los 15 euros que valía cada camiseta servían para costear el evento.

Mi camiseta tiene algo que decir

La actriz Halle Berry se sumo? a la causa #WatchHungerStop con su camiseta oficial.

Cordon Press

El movimiento independentista catalán ha generado toda una industria en los últimos años. En las tiendas, física y digital, de VilaWeb se pueden encontrar centenares de productos. «Se ha hecho de todo, algunas cosas interesantísimas y otras menos afortunadas», reflexiona Guillem Soldevila, el creador de la VamCat, que se vende como «la auténtica zapatilla catalana». Su empresa comenzó produciendo, de cara a la Diada de 2012, deportivas con la bandera estelada, y «en un mes ya habíamos cubierto la inversión inicial», cuenta. Ahora llevan 30.000 pares vendidos, producen nueve modelos en varios colores, y, aunque admiten tener picos de venta en fechas clave como el 11 de septiembre, no quieren calificar su producto de merchandising. «Nosotros nos posicionamos hacia el mundo de la moda y lo único que hacemos es utilizar esa enseña como icono, igual que se hace con la Union Jack o la insignia de Brasil», asegura Soldevila.

Mi camiseta tiene algo que decir

Vivienne Westwood aparecio? con esta camiseta en defensa de Julian Assange durante la presentacio?n de su coleccio?n 0-i en 2013.

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