Manuel Piña, el diseñador que vistió a la movida madrileña

El Museo del Traje de Madrid rinde homenaje al creador que sentó las bases del 'prêt-à-porter' español y cuyo legado simboliza la locura estética de los años 70 y 80.

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Manuel Piña (Manzanares, Ciudad Real, 1944) desempeñó un papel vital en la génesis de la cultura de moda en España. Tras los fogonazos de alta costura de Cristóbal Balenciaga y Pedro Rodríguez, Piña encarnó la vocación más internacional de nuestro diseño en el terreno del prêt-à-porter. Nueva York y Japón se rindieron a sus pies, aunque esos éxitos nunca se tradujeron en grandes ingresos y sí en muchas deudas. Pero a un artista no se le puede pedir que sea también un gran empresario. En el caso de Piña, su legado es otro. Y para descubrirlo, el Museo del Traje de Madrid rinde un homenaje al creador con la exposición Manuel Piña, diseñador de moda (1944-1994).

Comisariada por Concha Herranz y Juan Gutiérrez, la muestra reúne 72 piezas magistrales provenientes, en su mayoría, de los fondos del Museo Manuel Piña de Manzanares. Un show articulado cronológicamente que coincide con el 70º aniversario del nacimiento del artista, una figura clave en la emancipación de la mujer española a través de la moda. Se trata de la excusa perfecta para redescubrir al libertador que simbolizó el disparate de la Movida madrileña, ese breve pero decisivo instante de la década de los 80 sin el que hoy no podríamos explicar muchas cosas.

Sus diseños, dedicados a la experimentación de la forma, el volumen y los materiales imposibles (desde plásticos y hasta lanas), le permitieron en 1979 presentar su primera colección en el Liceu de Barcelona. Junto con Francis Montesinos, Pepe Reblet, Toni Miró, Paco Casado, Adolfo Domínguez y Daniel Carbocci, en los años siguientes Piña sentó las bases de la pasarela Cibeles, actual Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Sin duda, uno de los periodos más efervescentes de nuestra democracia.

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Vestido de tafetán de plástico metalizado (1991), vestido pintado con tres volantes (1984) y vestido de tubos de plástico transparente rellenos de hilos de seda polícromos (1991).

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En 1981 se marchó a Nueva York, donde abrió una tienda que acabaría fracasando. Al año siguiente volvió a España y firmó uno de los momentos más memorables de su carrera: el desfile de la colección primavera-verano de 1983 en la carpa del circo de la Ciudad de los Muchachos de Madrid. Ese fue su bautismo definitivo en nuestro país, en plena Movida madrileña. Piña vistió a las actrices y cantantes it del momento: Bibiana Fernández (una de sus musas), Carmen Maura, Paola Dominguín… Y sobre todo Rossy de Palma, cuyo nombre artístico fue obra de Piña y Alberto García-Alix.

Tras eso empezó a desfilar en Cibeles, y más tarde se centró en el desarrollo de su expansión internacional por otros países, aunque como ya hemos mencionado esos proyectos no terminaron bien. A lo largo de los años, el diseñador dedicó una especial atención al tratamiento artesanal de sus prendas en general y al punto en particular, material con el que fue un verdadero virtuoso. ¿Su inspiración? Siempre España. Y sus artistas, naturalmente. Con ellos colaboró estrechamente: Javier Vallhonrat, Costus, Rogelio Imperiale, Álex Serna…

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Vestido de la muestra ‘Manuel Piña, diseñador de moda (1944-1994)’.

Museo del Traje

También diseñó el aplaudido uniforme de Correos y las prendas del coro de la Orquesta Nacional. Sin embargo, fueron las celebridades que llenaron de luz y color la Movida madrileña las que mejor representaron lo que algunos denominaron como la mujer Piña. Enfermo de sida, en sus últimos años de vida el creador se retiró a su pueblo natal para recibir los cuidados de su madre y familia. Falleció el 8 de octubre de 1994, a los cincuenta años de edad, víctima de las complicaciones derivadas de su enfermedad.

Su desaparición conmocionó a la industria. Un trauma que Feliciano Fidalgo, amigo de Piña, describió de esta manera en una tribuna llamada La muerte viva para El País: "La vida de cada cual es una sarta de imágenes fijas pegadas al alma si existe el alma, o clavadas con clavos en la memoria, o tatuadas en la piel, etcétera en este mismo sentido. Pues bien, Manuel Piña, para uno, es algo de eso, o de algo que arde así, abrasando durante toda la vida, aunque no durante todos los momentos de la vida, porque de vez en cuando uno se para para beber agua o se para para siempre, para morir quiere decirse".

*Manuel Piña, diseñador de moda (1944-1994) en el Museo del Traje de Madrid (Avenida de Juan de Herrera, 2). Hasta el próximo 26 de enero.

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Panorámica de la exposición.

Museo del Traje

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