Sheela de ‘Wild Wild Country’: “No puedes ignorarme, o me amas o me odias”

La protagonista de la serie documental de Netflix sobre el auge y caída de la comuna Rajnishpuram en EEUU en los 80, secretaria personal del gurú Osho y acusada del mayor ataque bioterrorista en EEUU, defiende su humanidad pocas horas antes de participar en el festival Primera Persona.

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Ma Anand Sheela posa en el Pati de les Dones del CCCB. Hoy contará su historia en el festival Primera Persona. Foto: Cecilia Díaz Betz

“Espero que después de este rato juntas no me odies”, dice Ma Anand Sheela al despedirse y pide a su asistente, Miriam –una mujer germánica de sonrisa afable–, que me entregue “My treasure” (Mi tesoro). Se trata de un libro de pequeño formato que ella autoeditó hace unos pocos años con fotografías familiares y lemas inspiracionales como regalo de bodas a su hija, Anuja. En la portada, bajo esas dos palabras, aparece Sheela mirando sonriente a la pequeña Anuja sobre un prado. El escenario de la imagen no es otro que Rajnishpuram, la “ciudad brillante” que en los 80 ella misma levantó para que el barbudo gurú Bhagwan Shree Rajneesh –después conocido como Osho– trasladase su utopía de amor libre capitalista desde Pune (India) a un rancho junto a Antelope, un pueblo de unos 40 habitantes en el agreste Oregón (EEUU).

Secretaria personal de Bhagwan durante 14 años, supervisó una mastodóntica y multimillonaria comuna de 259 kilómetros cuadrados para que los 7.000 sannyasins pudiesen disfrutar de su oasis de espiritualidad frente a la reticencia de sus vecinos y del fiscal general del estado. Tras años de teatralidad en los medios jugando al rol de aguerrida y protectora defensora de su maestro, Sheela lo abandonó, huyó a Alemania, fue acusada de orquestar el mayor ataque bioterrorista en suelo estadounidense (700 personas fueron intoxicadas por salmonela en restaurantes de la zona en 1984) y condenada a 20 años por intento de asesinato, asalto en primer grado, conspiración de escuchas telefónicas y fraude de inmigración. Cumplió 29 meses en una cárcel de mínima seguridad, fue liberada en 1988 por buena conducta (no sin antes haber sido trasladada de una prisión mixta a otra por haber sido pillada ‘confraternizando’ con uno de los reos en la lavandería) y se fue a vivir a Suiza, donde se casó con un sannyasin y montó dos hogares de cuidados para ancianos.

Bhagwan no pisó la cárcel, pidió asilo en 20 países y siguió coleccionando Rolls Royce y relojes de diamantes hasta su muerte en el ashram de Pune donde, por cierto, todavía peregrinan unos 200.000 visitantes anuales –hay más de 650 libros sobre su vida y enseñanzas traducidos a 55 idiomas– . Todo esto se cuenta en Wild Wild Country, el fenómeno documental de Netflix de la temporada y motivo por el que Ma Anand Sheela, con sus envidiables y energéticos 68 años, visita Barcelona con todas las entradas agotadas. Será hoy, en el escenario del festival Primera Persona, donde defenderá su historia frente a una audiencia que anda dividida entre reivindicar su maquiavélico magnetismo de antiheroína en una sociedad patriarcal o señalarla como uno de los males de nuestra era: ese que se rinde ante la simpatía y desfachatez de personajes carismáticos y los exime de sus pecados por el mero hecho de serlo.

¿Qué se siente al ser la mayor la villana de televisión en estos momentos?

Que cómo me siento siendo la mayor villana del mundo (calla un segundo y mira sorprendida a Miriam, la asistente), pues exactamente igual que antes (ríe).

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“Vestir de rojo me llena de alegría todavía. La gente está más guapa y energética con este color”, asegura la estrella del festival Primera Persona. Foto: Cecilia Díaz Betz

No parece ser consciente de la fama y fascinación global que ha despertado su persona tras la emisión del documental.

Entiendo que sí, que hay cierto revuelo por las peticiones de entrevistas y por los correos electrónicos que me llegan, pero lo que recibo es más admiración que el hecho de considerarme un ser malvado.

Sobre esto mismo existe un agitado debate entre los espectadores, sobre si usted es una heroína o una súper villana. ¿Cree que Wild Wild Country ofrece un retrato adecuado?

Mi trabajo no era grabar el documental, eso lo hicieron los directores. Yo cumplí con mi parte. No me corresponde tener que cuestionarlo porque no sé de cine. Lo que sí han logrado es crear esa sensación hacia mi persona: la gente no puede ignorarme. O me quieres o me odias. Las dos sensaciones son parte del mismo entero: hay amor, pero también hay odio.

Cuando dice que ha recibido correos de admiración, ¿están escritos en su mayoría por mujeres?

Sí, totalmente. Lo he notado especialmente en las cartas que me llegan.

¿Se considera un icono femenino? Las camisetas con su rostro bajo el lema “Tough Titties” (su respuesta a un presentador australiano en la televisión en 1985 que multiplicó su fama) son un éxito en la venta por internet y esas dos palabras se han convertido en una especie de lema feminista en redes. 

No me considero feminista. No respeto ningún abuso sobre la humanidad. Yo respeto la humanidad. En la humanidad, hombres y mujeres se incluyen unos a otros sobre una base de igualdad.

Esa es, literalmente, la definición de feminismo.

Ok, ¡entonces soy feminista! (Ríe a carcajadas).

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Sheela, armada, en una de las imágenes que más se ha compartido de ella tras el documental. La diseñadora Luella Bartley celebró recientemente su cumpleaños con una temática en honor al documental. Foto: Netflix

¿Se arrepiente de algo después de todos estos años?

No.

No lo siente incluso después de ser acusada de perpetrar el mayor ataque bioterrorista en Estados Unidos. 

(Alza sus brazos, emulando la imagen de una persona desarmada) Se me puede acusar de cualquier cosa. Eso es lo que son, acusaciones. Yo no presto mucha atención a las acusaciones. Cuando pones énfasis en ellas, durante 30 años, estás matando lo positivo de la vida. Para ti misma, incluso para tus lectores. Yo conozco mi realidad y mi realidad no tiene nada que ver con esto. No te puedo decir más.

También fue responsable de tejer la red de escuchas más grande de EEUU. Usted colocó micrófonos por toda la comuna.

(Más enfadada). Puse micrófonos en la residencia de Bhagwan. Lo hice para protegerlo. Y él era plenamente consciente de que esos micrófonos estaban allí.

¿Él lo sabía?

Correcto. Mira, todas estas acusaciones criminales contra mí eran sobre conspiración, no de que hubiese hecho nada en concreto. Tú y yo hablando ahora mismo, así como estamos en estos sofás, puede ser interpretado como conspiración. (Suspira profundamente) Además, cumplí mi condena. Por todo. Así que, ¿por qué no lo puedes dejar pasar?

También se ha publicado tras la emisión del documental una investigación asegurando que hubieron casos de abuso infantil en la comuna, entre otros delitos. ¿Qué tiene que decir frente estas acusaciones?

Nunca pasó. Por favor, mi propia hija se crió allí. Nunca nadie denunció ese tipo de conductas.

Antiguos miembros de la comuna han hablado con los medios y han destacado que su enemistad con los habitantes de Antelope y su ego fueron los culpables de que la comuna no prosperase. ¿No cree que hubiese sido mejor tener una actitud dialogante? 

Hablamos con Antelope de todas las maneras posibles. Por nuestra cuenta, con abogados y hasta con un mediador gubernamental. Ellos no estaban preparados para interactuar. Cuando alguien no está listo para hablar, no puedes poner las palabras en su boca.

Rashid Maxwell, que era granjero en Rajnishpuram, ha asegurado a la prensa que él congenió con Bill Bowerman, el ranchero vecino –heredero del imperio Nike– enemistado con usted. Maxwell dice que cuando usted se enteró de que congeniaban fuera de la comuna le echó de la granja y le destinó a otro trabajo para evitar sus encuentros. ¿Por qué no facilitaba el diálogo con el pueblo vecino?

No sé quien es este Rashid. No le recuerdo. Todo lo que tengo que decir es que para mí esto que dices no suena como algo convincente.

Dice que no se arrepiente de nada, pero Bhagwan parece que sí lo hizo. Usted misma lamenta en sus memorias que ninguna de las biografías de Osho recoja el episodio de la comuna de Oregon.

Bhawgan no se arrepintió de la comuna. La comuna era el sueño de su vida.

¿Y sobre lo que pasó allí? Esta etapa no aparece en los libros que cuentan su vida. 

No lo creo tampoco. Simplemente lo están borrando. Bhagwan se cambió el nombre porque quería distanciarse, pero no creo que lamentase lo que pasó en Oregon. Su problema fue que se involucró demasiado con las drogas, que alteraron su sentido de la realidad.

¿Sigue creyendo que fue asesinado?

Tuve la sensación de que no fue una muerte natural. Yo siempre sentía a Bhagwan conmigo. Siempre. Y cuando murió, no lo sentí. Su muerte no me impactó. Incluso cuando me informaron de su muerte, no lo sentí. No debió ser algo natural porque yo no lo percibía como lo había hecho hasta ese momento.

¿Y por qué querrían matarlo?

No lo sé. No te puedo contestar porque lo desconozco. Es algo que deberías preguntar a esa gente.

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Fotos de la ficha policial de Ma Anand Sheela y de Bhagwan Shree Rajneesh, líder de la comuna. Foto: Getty

¿Se sintió abandonada en prisión por un hombre al que había demostrado su devoción tantos años? Cuando dejó la comuna, la desmereció delante de todos diciendo entre risas pícaras “nunca me acostaría con una secretaria”, ¿no le dolió?

No, no, no. Para nada. No me habían abandonado. Nunca nos acostamos. Nuestra relación no iba de eso. Yo amaba al hombre. Lo amaba de verdad, ¿qué tiene que ver si me acostaba con él para amarlo? Además, antes que él lo dijera yo ya lo había repetido cientos de veces a la prensa: nunca mantuve relaciones sexuales con Bhawgan.

No me refiero al sexo, sino a que él públicamente y delante de toda de la comuna se aferró a esa idea de ‘secretaria’ para denigrarla después de todo lo que había hecho por él. La intención de sus palabras.

Su intención era provocarme dolor. Herirme. Estaba enfadado conmigo. Ahí enseñó su lado más humano. ¡Me encantó! ¡Por fin dejó de ser un dios y se convirtió en un hombre!

Y volvió a hablar.

¡Ya hablaba antes! Sólo que no ante multitudes. Pero en privado hablaba con muchísima gente.

¿Cree que el vínculo de Bhagwan con el entorno de Hollywood le perjudicó?

Fueron ellos los que le involucraron en el mundo de la droga.

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En sus memorias vemos a una Sheela muy distinta a la del documental. Más humana. A una mujer profundamente familiar, muy unida a sus padres durante toda su vida, requiriendo a su consejo y ayuda en los momentos más duros (sus dos residencias de cuidados en Suiza se llaman en honor a ellos). Sin embargo, en Wild Wild Country vemos a un personaje más arquetípico, brusco y solitario. ¿Por qué cree que se ha desprendido esta imagen?

Depende de cómo me entrevisten en el documental, claro. Según lo que me pregunten, contestaré lo que quieran. Pero ellos vieron mi casa. Mi casa está llena de fotos de mis padres, por todas partes. No sólo allí. También en mi oficina. Donde trabajo hay fotos de ellos y de otros miembros de mi familia. Es imposible para cualquiera decir que yo no estaba unida a mis padres. Ellos han sido la mayor inspiración de mi vida. Fueron los que me llevaron a Bhagwan y siempre les estaré agradecida por hacerlo. Cuidé de mis padres hasta que murieron. A los dos. Hasta el último día.

Quizá el documental quiso alejarla de esa imagen familiar para reforzar la idea de un personaje más frío y calculador.  

(La representante de Netflix interrumpe la conversación en ese momento y  aclara que “el documental solo tiene seis horas para explicar la historia de Sheela” y que “quizá necesitaríamos un documental de 20 años sobre ella” para conocerla mejor).

Eso estaría muy bien. ¿Cree que habrá una segunda temporada? 

He oído algo sobre ello, alguien me comentó que se estaban planteando una segunda tanda, pero Netflix lo sabrá mejor. (La representante de la plataforma aclara que “no hay nada oficial por el momento”).

¿Por qué no creó su propio Rajnishpuram? ¿Son sus residencias de cuidados su nueva comuna?

No sé si tengo seguidores para hacerlo (ríe). Yo sigo viviendo así, en comuna. Con mis pacientes. Mi equipo viene ayudarme desde primera hora del día hasta la noche. Lo que he creado tiene los mismos principios que creamos en Rajnishpuram, aquello fue grandioso. Lo de ahora es una pequeña gota, pero sigue siendo el mismo agua del océano. El océano del amor en el que vivimos.

Después de todo el esfuerzo, ¿qué siente al ver a Rajnishpuram reconvertido en campamento de verano para chavales cristianos? 

No tengo una opinión formada. Para mí, la comuna sigue viviendo conmigo, en mi corazón y allá donde viva. Los sitios no importan. Ya puede ser Oregon, Suiza o India.

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