Los caballeros las preferían negras

Desde que el mundo gira, la huella pública de las chicas negras, que en los años 50 empezaron a sacarle partido a su va va boom, ha sido nula, aunque sus curvas requerían tanto cinturón de seguridad como las de Bettie Page.

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Hagan la prueba: pongan en San Google “pin up negra” y deléitense con los resultados. La nadería más absoluta. Cuatro dibujos mal hechos, tres fotos fechadas en esta década y muchas imágenes de las típicas pin ups de pelo dorado y piel de chocolate… pero del blanco.

Desde que el mundo gira, la huella pública de las chicas negras, que en los años 50 empezaron a sacarle partido a su va va boom, ha sido nula, aunque sus curvas requerían tanto cinturón de seguridad como las de Bettie Page. Pero existían, y los hombres compraban sus fotos a hurtadillas para luego esconderlas en el somier y disfrutarlas siempre en solitario. Las blancas al calendario de pared; las negras al escondite.

Curiosamente, el prototipo de comprador de estampitas de pin ups negras eran los chicos blancos. “Les resultaban exóticas, picantes y un fetiche. Además, en los años 50 los afroamericanos eran muy pobres, y como la pornografía no era legal, su precio iba de acuerdo al producto. Era inaccesible para ellos. Cuando empezó a conseguirse una relativa “igualdad” tras los movimientos por los derechos civiles fue cuando las modelos negras empezaron a posar para publicaciones dirigidas al público negro”, comenta Jim Linderman, autor del libro Secret History of the Black Pin Up en el que se explica la historia de estas bellezas olvidadas y se recopila en 100 fotos inéditas.

Ese placer culpable tan generalizado como acallado tenía que ver con la doble moral imperante en USA: “En aquellos tiempos los americanos blancos no querían reconocer públicamente una atracción sexual por nadie, y mucho menos por alguien de una raza condenada al ostracismo. Era un momento de fuerte represión, pero este tipo de fotos se vendían como churros… Y las mafias se aprovecharon de ello”.

Las sexys afroamericanas que aceptaban ser retratadas en esas actitudes lo hacían meramente por dinero, en concreto, 10 dólares la hora (un dineral en la época), y nunca por saltar a una fama reservada a las blancas: las negras daban la cara pero nunca se decía su nombre, no salían del anonimato. Bettie Page no tiene parangón de ébano solo por esa disfunción social, no porque las aspirantes a modelo o a actriz o las prostitutas de color que hicieron de pin up no fuesen tan explosivas como la de Nashville.

El fotógrafo Howard Morehead fue el pionero de esta versión de la erótica y para él era casi “un deber dar a conocer la belleza rechazada de esta raza” en una coyuntura en la que ni siquiera la revista de referencia del momento para los afroamericanos, Jet Magazine, apoyaba este tipo de arte. “El fotógrafo afroamericano Cass Carr, quien organizaba sesiones para que modelos amateurs de todas las razas se diesen a conocer –Bettie Page empezó ahí, fue tildado en las páginas de Jet Magazine como un “asqueroso” que ponía a las muchachas de su raza en situaciones comprometidas. Años más tarde, Jet Magazine empezó a sacar sus propios calendarios de pin ups negras”.

Y se abrió la veda. Otras publicaciones mainstream como Sepia, Hep, Copper Romance y Bronze Thrills se lanzaron a recuperar el tiempo perdido, pero hoy en día son números casi tan difíciles de encontrar como las postales que vendía la mafia durante los años de impuesta castidad. A mediados de los años 60 Playboy publicó por primera vez una foto de una pin up negra, “en todo caso, 10 años antes que una de una pin up latina”, apunta Linderman.

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