Lo que nos podremos hacer en breve

Bótox en crema, cultivos de fibroblastos, dermagenética y cascos para la caída del cabello. Las novedades son sorprendentes.

Botox

Foto: Cordon Press

La toxina botulínica en crema, la terapia celular de fibroblastos o la dermagenética no son cosa de ciencia ficción, sino las novedades estéticas recién presentadas en los congresos internacionales. Las personas con fobia a las agujas ya podrán decir: «Me he puesto bótox». En realidad no se habrán pinchado toxina botulínica (la forma correcta de nombrar al veneno paralizante de arrugas), sino que se les habrá aplicado en crema.

Es una de las sorpresas más esperadas en estética. Se presentó en sociedad en San Diego, en el 70º Congreso Americano de la AAD (Academia Americana de Dermatología) y está pendiente de ser comercializada en unos meses por la compañía californiana Revance. Su aplicación, que servirá, al igual que con jeringa, contra la hiperhidrosis, será, previsiblemente, menos precisa y algo menos efectiva. Eso sí, se aplicará en consulta, pues se trata de un medicamento y no de un cosmético.

No es el único lanzamiento contra las arrugas. El plasma enriquecido con factores de crecimiento del paciente, tan de moda en los últimos tiempos, da el relevo a otra forma de «autocura»: el cultivo de los propios fibroblastos (células productoras de colágeno), previa biopsia cutánea. Dichos fibroblastos son inyectados más tarde en cada arruga y logran así difuminarla. Los resultados de Fibrocell, nombre de esta terapia celular ya aprobada en Estados Unidos para arrugas nasolabiales, aparecen a los seis meses, y su artífice, Laboratorios IFC Cantabria, espera su llegada a España para dentro de un año.

Y seguimos rellenando líneas: las de los labios. Es la primera vez que un relleno no está destinado a dar volumen, sino a devolver tersura, hidratación y el tono rojo típico del efecto «labio mordido». En el IX Congreso Europeo de la SEME (Sociedad Española de Medicina Estética) celebrado en Madrid, Restylane Lip Refresh fue una de las propuestas más aplaudidas. «Llevábamos tiempo viendo que algunas pacientes pedían recuperar la juventud en esta zona y no ganar volumen, de ahí este ácido hialurónico», explica la doctora Virtudes Ruiz Sánchez, médico estético y directora de Virtud Estética, en Murcia. A la vista está que la industria no parece tambalearse ante la crisis, algo que confirma la experta. «La demanda irá en aumento en los próximos años, porque, por un lado, se están sumando los hombres al mundo de la estética. Y, por otro, las mujeres se dan cuenta de que es mejor prevenir que curar. Si ahora la edad de la paciente oscila entre los 40 y 60 años, en breve partirá de los 25».

Lo confirma un estudio de los laboratorios Allergan, creadores de la primera toxina botulínica de aplicación estética, Vistabel: uno de cada cinco españoles accederá a un tratamiento inyectable en el futuro. Sin embargo, la forma de aplicar los materiales está dando un giro de 180 grados. Por un lado el doctor Arthur Swift, cirujano y médico estético de Montreal, ha traído a nuestro país el concepto de la proporción áurea, es decir, la armonía clásica, a la hora de tratar el rostro con rellenos o toxina. «Realizo mediciones a la paciente como el ancho de la ceja o labio para ver qué técnicas le ayudarán a tener equilibrio, pues si analizamos rostros como el de Angelina Jolie, veremos que hay proporción, y esa es la clave», explicaba en su pasada visita a Madrid, algo de lo que han tomado nota la mayoría de los profesionales en la búsqueda por la naturalidad, acostumbrados antes a trabajar a ojo. Por otro lado está el concepto de Triángulo Invertido, descubierto por el doctor Ricardo Ruiz, jefe de Dermatología de la Clínica Ruber de Madrid, y presentado en San Diego. «Estábamos haciéndolo al revés. De joven el rostro tiene forma de triángulo invertido (la base arriba). Pero al aplicar toxina botulínica en el tercio superior y rellenos en el inferior, los expertos estábamos acelerando el envejecimiento y haciendo que el triángulo se diera la vuelta».

Sin embargo, los dos talones de Aquiles para la industria, la celulitis y la flacidez, siguen a la caza de esos procedimientos realmente exitosos que nunca llegan. Como explica la doctora Concha Obregón, responsable de Comunicación de la Junta Directiva de la SEME, «a estas alturas sabemos que ningún tratamiento funciona por sí solo. La fórmula, no es nueva, es la combinación. Pero sabiendo que los adipocitos o células grasas solo se rompen con la liposucción o ultrasonidos agresivos. El resto de las técnicas no invasivas solo los reduce». La tendencia busca personalizar los tratamientos mediante complementos nutricionales en cápsulas. «Las firmas cosméticas empiezan a asociarse a laboratorios para introducir protocolos de nutricosmética antienvejecimiento que asociar a sus cremas: se empieza con una caja para estimular el colágeno, se sigue con otra de vitamina C, etc., mediante un orden preestablecido», añade Obregón. Un paso más allá, el que indicaría unas píldoras o incluso cosméticos determinados «a la carta», sería la dermagenética. En los últimos meses se habla de cómo algunos factores genéticos que predisponen a enfermedades cardiovasculares y a la obesidad pueden ser modificados en función de la alimentación: es lo que se llama nutrigenómica, teoría expuesta en el pasado Curso de Dermatología Cosmética y Terapéutica de Barcelona por el doctor José Mª Ordovás, profesor de Nutrición y Genética y director del Laboratorio de Genómica en el Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts, en Boston (EE UU). Pues bien, el experto apunta que a su vez el envejecimiento cutáneo, con gran influencia hereditaria –las arrugas lo son en un 55%; las manchas, en un 41%, y el daño solar, en un 60%, siempre según Ordovás–, puede ser corregido.

«La dermagenética propone examinar qué dietas o suplementos nutricionales pueden ofrecer más beneficio a la piel de cada uno según sus genes. Es más, es posible que en la próxima década podamos conocer el riesgo de sufrir acné nada más nacer; ya hay compañías que ofrecen test genéticos bastante caros para evaluar el grado de envejecimiento, pero aún no hay suficiente evaluación científica». Es decir, iremos a la consulta del dermatólogo con nuestro «DNI genético», el cual marcará la receta de píldoras y cremas que solo nuestra piel necesita. Probablemente, entre estas últimas se encuentren a menudo las que estimulan la filagrina. Para el doctor Onofre Sanmartín, profesor de Dermatología de la Universidad Católica de Valencia, «en esta proteína que interviene en la formación de queratina de la piel está la clave de la sequedad cutánea, incluso hemos descubierto que su déficit puede causar dermatitis atópica. El 15% de los europeos tiene defectos genéticos de filagrina»; así, son varios los laboratorios (Pierre Fabre con Ictyane HD o Chanel con Hydramax) que incorporan líneas cosméticas que la estimulan, algo que será clave en las cremas del futuro, según los dermatólogos.

Pero el Congreso de la Academia Americana de Dermatología, en el que participa año tras año el doctor Ricardo Ruiz, también ha expuesto novedades contra la alopecia. La primera viene a simplificar el injerto capilar, siempre tan laborioso. «Se ha creado un robot (de la casa Artas) que realiza la intervención pelo a pelo en lugar de tira a tira, capaz de implantar 850 pelos en una hora. Igualmente veremos en breve algo que en Estados Unidos ya es habitual: un casco de uso domiciliario que incorpora un láser anticaída de baja intensidad. No será la panacea, pero sí ayudará».

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