Las malas noticias, ¿un tabú en Facebook?

Comunicar un divorcio, la falta de empleo o una depresión sigue siendo algo raro en la red social, donde solemos mostrar una felicidad exagerada y muchas veces alejada de la realidad.

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Foto: Cordon Press

¿Somos siempre tan felices como aparentamos en Facebook? En nuestra casa no, pero en nuestro timeline ni Beyoncé vive mejor que nosotros. Ese nivel de esplendor se ha ido reduciendo con el tiempo, aunque la tristeza, el fracaso o el miedo no son temas 2.0 y todavía se guardan para las conversaciones en la vida real. No es usual encontrarse con posts sobre situaciones personales demasiado comprometidas.

El periódico The New York Times publicaba hace poco un artículo acerca del último tabú en Facebook: el divorcio. A mediados del pasado verano, Michael Ellsberg –un usuario con 23.000 'amigos'– publicó una declaración hasta el momento prácticamente inédita en la red social. En ella explicaba lo siguiente: “Jena y yo ya no estamos casados. Ha sido un proceso desgarrador para ambos y estamos agradecidos por el apoyo que hemos recibido por parte de nuestra familia, nuestros amigos y nuestra comunidad durante el último año. Hemos terminado de manera muy amistosa”. Su mujer posteó el mismo mensaje en su muro y declaró al diario estadounidense que se sentía “una pionera escribiendo sobre su divorcio en Facebook”.

Hablar acerca del fracaso de una relación sentimental desvela mucho más de una persona que una queja acerca del trabajo o del mal comportamiento de su mascota, por ejemplo. “Cuando te quejas acerca de tu matrimonio el límite entre la pareja y el yo es menos firme”, explica Sherry Turkle, psicólogo del M.I.T y autor del libro Alone Together: Why We Expect More From Technology and Less From Each Other. Las primeras protestas son sobre elementos ajenos a la su voluntad pero el funcionamiento de su relación también es su responsabilidad, no sólo la de su pareja.

Para Ellsberg, el iniciador del experimento, este tipo de confesiones también podrían ayudar a recibir consejos de otros usuarios acerca de las relaciones y pone como ejemplo la pregunta: ¿Alguien podría ayudarme a gestionar mi ira de manera que no sea destructiva para nuestro matrimonio?. Visto así puede parecer una idea razonable, pero puede que ni la persona ni sus propios contactos estén preparados aún para expresar y recibir este tipo de información al conectarse a Facebook.


La marca personal 2.0

Según un estudio llevado a cabo por investigadores sociales de dos universidades alemanas, presentado en 2013 en la 11ª Conferencia Internacional de Sistemas de la Información de Leipzig, el principal sentimiento que provoca Facebook en sus usuarios es la envidia. La persona visualiza las experiencias positivas de sus contactos y quiere igualar su nivel de felicidad, por lo que filtra sus actualizaciones para alcanzarlo. Su “marca personal” tiene que ser atractiva.

Ese concepto, que empezó a utilizarse a principios de los años 90 en Estados Unidos aplicado a las estrategias de búsqueda de empleo, se ha extendido a todos los aspectos de la vida virtual de una persona. Cualquiera puede teclear un nombre en un buscador y seguramente encontrar más de una entrada con información. Para Andrea Valverde Lahiguera, especializada en Social Media Mentoring: “Cuando creamos nuestra marca personal es muy importante diferenciar en qué redes sociales vamos a explicar nuestra vida privada (seleccionando muy bien a quién dejamos entrar, ver, comentar, etc) y qué redes vamos a utilizar como canal de comunicación”.

Sin embargo, aunque fue en Estados Unidos donde nació en concepto de personal brand, también hay menos miedo a reconocer el fracaso, como se puede ver en el tema del divorcio mencionado anteriormente. En Europa es mucho más difícil: “Aquí no sólo el divorcio es el último tabú, sino que ocultamos todo lo que se considera malo o no aceptado (depresiones, falta de trabajo, etc). En redes sociales sólo mostramos los momentos felices que potencian nuestro ego para inflarlo más. Además no aceptamos el fracaso y mucho menos aprendemos de él”, explica Andrea Velarde. Puede que Michael Ellsberg haya iniciado una tendencia, aunque es posible que en España la transición entre la aparente felicidad y las confesiones personales llegue más tarde. Al fin y al cabo muchas veces ni siquiera se da fuera del mundo virtual.

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