La tecnología que ya nos viste

Ropa que muestra emociones, pulseras que monitorizan el sueño, gafas con las que compartir imágenes… La ciencia es el nuevo complemento (diario) de nuestro armario.

Tecnología que nos viste

Foto: Sensoree

Cambiar Burberry por Apple fue la sorpresa de Angela Ahrendts (expresidenta de la firma de moda) el pasado octubre. Según la revista Forbes, una de las diez mejores resoluciones de negocios del pasado año. Unas semanas antes, Paul Deneuve abandonaba su cargo como director ejecutivo de Yves Saint Laurent para ocupar también un puesto en la misma marca. Dos movimientos que confirman un hecho: 2014 marcará la conexión definitiva entre la ciencia y la moda. Será el año de la tecnología para vestir. Un estudio de la consultoría Juniper Research afirma que el valor en el mercado de estos dispositivos –entre los que se incluyen gafas, pulseras y relojes inteligentes– superará en 2014 los mil millones de euros (el pasado ejercicio se situó en 579 millones). «Uno de los principales retos de este sector está en hacernos la vida más fácil, pero ahora es igual de importante que estos accesorios, además, sigan la moda», mantiene Johanna Mischke, directora de proyectos de Werable Technologies. Los complementos que más rápido se han adaptado al cambio son los relojes inteligentes. Ya existen unos 18 modelos en el mercado, y algunos como Peeble son personalizables en tamaño y color, según el estilo de vida del usuario. Además, entre sus logros están activar llamadas y controlar música a través de la voz, gestionar el email y llevar un registro de la actividad física.

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Intimacy 2.0: prendas que se vuelven transparentes cuando aumenta el ritmo cardiaco del que las lleva.

Daan Roosegaarde

Realidad aumentada. «Hoy, los mayores campos de aplicación de la tecnología son el deporte y el estilo de vida, pero en el futuro próximo tomará relevancia el cuidado personal y la seguridad», dice Johanna Mishcke. Controlar el ritmo cardiaco, monitorizar el sueño, calcular las calorías que se consumen e incluso registrar el estado de ánimo forman parte de las funciones de pulseras como Fitbit o Up de Jawbone. Accesorios que aumentan el conocimiento sobre uno mismo y permiten establecer objetivos. «Como su función es mejorar la calidad de vida deben ser ítems que quieras llevar siempre y resulten cómodos incluso mientras duermes», comenta Bandar Antabi, vicepresidente de Jawbone.

Hay otras compañías que experimentan con sensores y microordenadores tejidos directamente en la ropa. «Así mejoran el confort para el que usa la prenda», comenta Anette Barba, encargada de ventas de Numetrex, una división tecnológica de Adidas. Entre sus últimas innovaciones está miCoach Elite, un artefacto que se incorpora en la camiseta y que ya usan equipos de fútbol como el Milan. Gracias a él se crea un cuadro instantáneo del nivel de rendimiento de cada jugador. Sin embargo, el futuro de estos aparatos supera la barrera deportiva. La meta es que exploren todo lo que rodea a nuestros cinco sentidos.

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Con Telepathy One se pueden compartir vídeos a través de la voz.

Getty Images

«Hay dispositivos que no solo capturan la realidad, sino que crean una nueva. Google Glass y Oculus Rift fueron pioneros en este campo, que está transformando la forma en que interactuamos con el mundo», asegura Eri Gentry, directora de investigación y horizontes tecnológicos del Institute for the Future. «Nos encontramos en la era de compartir con vídeos, sonidos o datos todo lo que sentimos en cada momento», comenta Takahito Iguchi, creador de Telepathy One, un dispositivo similar a las gafas inteligentes que permite mantener una comunicación interactiva en tiempo real sin usar las manos. «Es muy útil cuando se quieren expresar emociones, inspiraciones y experiencias sin renunciar a lo que estás haciendo en ese momento. Poco a poco estos avances se harán casi invisibles y los encontraremos en todas partes», continúa.

Pero el progreso no solo sirve para aumentar las capacidades sensoriales; ha surgido un uso inesperado. «Existen mecanismos para demostrar lo que ocurre en nuestro interior», señala Eri Gentry. Un ejemplo es el suéter Ger Mood, de Sensoree. Su cuello integra unos emisores de luz que pasan del turquesa al amarillo según sube el nivel de excitación. Todo gracias a una reacción galvánica cutánea.«La prenda nos ayuda a concienciarnos de cómo las situaciones de la vida real nos afectan», comenta Kristin Neidlinger, su diseñadora. En el futuro incluso existirán prendas para hacernos invisibles. En ello trabaja un equipo de la Universidad de Austin (Texas), con un método que consigue hacer transparente objetos con una longitud de onda determinada desde todos los ángulos.

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