La jugadora nº 22, por Ana Pastor

Su canasta logró 25.000 dólares para saber más sobre su tipo de cáncer

Lauren Hill

Más de diez mil personas aplauden, gritan y corean su nombre como si hubiera una sola voz. La locura colectiva llega solo a pocos segundos de dar comienzo el partido. Ella espera junto a la canasta con gesto de tensión deportiva. El balón le llega. Gira el cuerpo y encesta con la mano izquierda. Corre despacio hacia la mitad de la cancha. Se abraza a las otras cuatro jugadoras. La larga coleta rubia se balancea de un lado a otro como queriendo sumarse a la alegría. Tapa parte del dorsal, el número 22 que en ese momento queda oculto además por decenas de manos. El resto del equipo salta desde el banquillo para abrazarla. La pista se llena de jugadoras. Muchas lloran. Otras levantan los brazos y marcan con sus dedos el número 22. Las rivales se hacen a un lado pero siguen aplaudiendo hacia donde está ella. Las lágrimas se contagian a uno de los entrenadores. Y en el plano que la televisión hace de la grada se puede ver a su familia aplaudiendo muy emocionada. El partido solo acaba de comenzar. Pero ella ya ha conseguido sumar a todos, también al público rival, con ese gesto que es mucho más que una canasta de dos puntos.

Lauren Hill tiene 19 años. Hace algo más de 12 meses jugaba en el equipo de su colegio, Lawrenceburg High School (Indiana), cuando fue fichada para la NCAA, la Liga Universitaria de Estados Unidos. Su nuevo club, el Mount St. Joseph de la Universidad de Cincinnati, estaba a punto de verla debutar cuando de repente se le diagnosticó un cáncer terminal en fase muy grave en el cerebro. Le dieron pocos meses de vida y aún no había cumplido los 18 años.

Hasta ahí podría ser un caso más de una ciudadana anónima enferma que lucha como tantas otras para que su vida no quede demasiado trastocada mientras pelea contra el tumor. Lo extraordinario ha sido la reacción de su entorno. Ante la posibilidad de que Lauren no pudiera siquiera estrenarse con su nuevo equipo, la liga decidió adelantar su inicio y modificar el calendario, que siempre empieza a finales del mes de noviembre. Así, Lauren ha podido jugar en su primer partido de la temporada, y ya veremos si el último.

Hace unos días, contaba a la cadena americana SPN que el cáncer sigue avanzando y que ha empezado a perder sensibilidad en un lateral del rostro. Conoce bien su diagnóstico y sabe que no tiene cura. Ese tumor no es operable. Llora mientras lo cuenta ante la cámara. Menciona la muerte. Pero a continuación explica que ha decidido dar la batalla en favor de la investigación. Su canasta consiguió recaudar 25.000 dólares para saber más sobre su tipo de cáncer y han sido varias las estrellas de la NBA que se han sumado a la causa. Puede que para ella llegue tarde. Pero no lo sabemos. Su historia está aún por escribir. La verdad es que los americanos pueden tener muchos defectos como país, pero son únicos convirtiendo a ciudadanos como Lauren en un símbolo, en un icono de la resistencia frente a la adversidad.

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