La gala que quiso recuperar el glamour de los 50

La estricta etiqueta, el homenaje a Charles James y las exclusivas normas de Anna Wintour hicieron que la alfombra roja del MET se asemejara a un antiguo salón de baile

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Foto: Getty

Anna quiso que en la inauguración de su Costume Centre rigiera el código de vestimenta más estricto que se conoce; el white tie. Quizá porque la verdadera etiqueta remite directamente a los tiempos y los diseños de Charles James, el protagonista de la exposición, o quizá porque Mrs. Wintour quiere que sus eventos sean aún más sofisticados y exclusivos (recordemos que la propia Michelle Obama apadrinó la apertura ayer por la mañana), lo cierto es que ellos lo tenían, a priori, bastante fácil: chaqué, camisa, gemelos, chaleco y corbata o pajarita blancos y zapatos de charol. Ellas, sin embargo, sólo tenían que tener en cuenta el largo del vestido..

Los fotógrafos acababan de tomar posiciones al final de las escaleras del museo para retratar la llegada de las celebridades y la prensa escrita aún estaba colocándose al final de dichas escaleras cuando apareció la anfitriona indiscutible junto a su hija, Bee Shaffer. Wintour optó por un Chanel estampado que poco tenía que ver con el estilo años 50 de Charles James y, sin embargo, su presencia seguía destilando sobriedad y poder. Una de las últimas en llegar, Kirsten Stewart, también vestía un Chanel y su estética (y actitud) eran diametralmente opuestas a las de Wintour. La actriz pasó de largo casi sin mirar, la editora subió lentamente hacia la entrada y atendió con paciencia las peticiones. Eso sí, sin sonreir un instante.

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Aerin Lauder, presidenta de la gala, llegó de las primeras enfundada en un traje de Oscar de la Renta creado para la ocasión

Getty

Resulta curioso contemplar cómo un diseñador es capaz de crear prendas tan diferentes para personajes tan dispares..Pero si hablamos de versatilidad, Givenchy, una de las firmas más repetidas de la noche, gana por goleada. Riccardo Tisci vistió a su nueva musa, Erykah Badu, con un pantalones, levita y un sombrero que desbanca con creces al de Pharrel Williams. Diseñó un vestido rojo para Laetitia Casta que emulaba a las actrices de la era dorada de Hollywood, uno escotadísimo de inspiración flapper para Beyoncé, un atuendo sencillo y muy ajustado para Adriana Lima o un traje de escamas y transparencias para Naomi Watts. Aunque quizá su obra predilecta fue la diseñada para su pareja de baile, Naomi Campbell. Tisci afirmaba a su entrada en la gala que se había inspirado en el propio James para crearlo, y Naomi aseguraba que se sentía absolutamente especial con aquel vestido rosa de mangas de plumas.

El otro gran protagonista de la noche sí enfundó a sus invitadas con vestidos de estilos similar. Cuando Sarah Jessica Parker (la segunda en llegar) se acercó encantada a los periodistas para contarles que su voluminoso vestido bicolor era una obra de Óscar de la Renta con algunos toques ideados por ella misma, todos supimos que el diseñador americano sería el gran triunfador de la noche. No podía ser de otra manera: por estilo y trayectoria, es el digno sucesor de Charles James, además de copresidente de la gala y uno de los amigos más cercanos de Wintour (y eso quizá influya tanto o más que la afinidad estética). Suyas fueron las creaciones que lucieron Aerin Lauder, chair del evento, Ivanka Trump y Taylor Swift. Todas, como cabía esperar, con trajes bordados, juegos de volúmenes y estética años cincuenta.

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¿En qué se parece este vestido de Adriana Lima a las plumas de Naomi o las transparencias de Beyoncé? En nada, salvo en que todos los firma Riccardo Tisci

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Y para silluetas con volumen, el celebrado vestido de Sarah Silverman, cuya falda contenía tantos metros de tela que la actriz acabó ironizando con los periodistas afirmando que "se sentía como si llevara una segunda piel". Lo firmaba Zac Posen, artífice de los vestidos más escultóricos e imponentes de la gala, como el que lucía Dita Von Teese (de las pocas que aseguró conocer a Charles James antes del evento) o Karen Elson y Arizona Muse. Las dos modelos parecían sacadas de un catálogo de Dior de finales de los cuarenta.

Una de las mejores vestidas de la noche, Hailee Steinfeld, estaba entusiasmada con el vestido bicolor que había diseñado para la ocasión su acompañante, Prabal Gurung, y no paraba de comentar a los allí presentes lo afortunada que se sentía. Su diseño,en blanco y negro, estaba inspirado en la creación más famosa de Charles James, el four leaves dress, una prenda que también influyó la elección de Charlize Theron (Dior), Sarah Jessica Parker (de la Renta) o la diseñadora Stella McCartney. El blanco y negro fue el mejor homenaje para el protagonista de la exposición.

Y mientras Kylie Minogue y Katie Holmes narraban a la prensa las bondades de sus respectivos Marchesas, Alber Elbaz caía rendido a los pies de la pareja de Marc Jacobs, Jessica Lange. Demasiadas celebridades y demasiados lugares donde mirar. Pero si había un foco en la alfombra roja que condensara el flujo de invitados fue la esquina en la que se apostaba André Leon Talley: el ex editor de Vogue ejercía de maestro de ceremonias y recibía a la mayoría de los presentes (algunos prefirieron pasar de largo y esconderse en los interiores del museo). Por allí se dejaron caer David y Victoria Beckham un largo rato, Zoe Saldana (Talley no se cansaba de piropear su vestido de Michael Kors) o Alexander Wang y Kirsten Wiig, que no dejaban de reírse (aunque el alborto no dejara escuchar la broma). En la 'esquina de Talley' fue también donde se reunieron las chicas de Stella McCartney; Reese Witherspoon, Cara Delevingne, Kate Bosworth y Rihanna. Incluso Kayne y Kim, esquivos ante la prensa, se pararon a rendirle pleitesía, ahora que por fin forman parte de la 'familia Vogue'

Supimos que llegaba Lena Dunham porque su novio, Jack Antonoff, entró corriendo al museo minutos antes. Sólo los más hábiles pudieron ver a Johnny Deep y Amber Heard entrar tras posar escasos segundos en la zona de fotógrafos. Mientras tanto, Olivia Munn, Blake Lively y Zooey Deschanel respondían pacientemente a cada pregunta

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Él, con americana y pajarita negra, se saltó el protocolo. Ella arriesgó con un tocado de redecilla y un escotadísimo vestido. Aún así, acertaron

Getty

Sólo cuando el ritmo de apariciones simultáneas empezó a frenarse, hicieron acto de presencia las dos parejas más esperadas: Kim y Kanye enfundados en Lanvin y, finalmente, Jay Z y Beyoncé con sendas creaciones de Givenchy. Los cientos de personas que se agolpaban en las inmediaciones del Metropolitan coreaban el nombre de la cantante desde hacía horas, y fueron los gritos los que nos alertaron de que por fin había llegado. Esta vez sí, llegó la última, sin Madonnas que le robaran protagonismo.

Con ella se cerraba una alfombra roja que se recordará por intentar recuperar el glamour que un día tuvieron esta clase de eventos; por haberles enfundado a ellos en chaqué y a muchas de ellas en vestidos propios de un salón de baile de hace varias décadas. También por ser la primera vez que Lupita N'yongo no convence con su atuendo. Pero, sobre todo, debería recordarse como una gala en la que, después de Gyvenchy y de la Renta, la marca que vistió a más celebridades fue nada menos que TopShop.

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Kendal Jenner (en la imagen) con vestido de Topshop. La marca británica también vistió a A$AP Rocky,, Chanel Iman, Jourdan Dunn y Zoe Kravitz

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