La fabulosa historia de la chaqueta Harrington de Íñigo Errejón

Símbolo mod, favorita de los brit-poperos y prenda económica de las clases obreras: ojo al mensaje que esconde la prenda del líder de Más Madrid.

chaqueta harrington iñigo errejon

Íñigo Errejón en el acto de apertura de campaña en el barrio madrileño de Orcasitas. Foto: Más Madrid

¡Extra! ¡Extra! ¡Íñigo Errejón se ha puesto una Harrington azul marino para inaugurar la campaña! Fue el pasado jueves durante un acto electoral que se celebró en el madrileño barrio obrero de Orcasitas. ¿Qué es una Harrington? Esa chaqueta de algodón o poliéster con mitones en la cintura y en las mangas y forro de tartán escocés (normalmente tartan Cameron, es decir, rojo) de la que el líder de Más Madrid se acaba de apropiar como la derecha se apropió del chaleco acolchado.

Al igual que el abrigo Loden, que convierte a su portador en un caballero con dinero viejo en Suiza, o la chaqueta Teba, que consigue transformar al que la luce en un experimentado cazador con gusto por el brandy en copa de balón, es una de esas prendas que carga de significados inmediatamente a quien la lleva. No es solo una chaqueta: es un referente cultural.

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James Dean en el rodaje de ‘Rebelde sin causa’, en 1955 con una Harrington roja. Foto: Getty

La Harrington atraviesa todo el siglo XX sin bajarse ni un solo momento de una percha cool. La llevó Elvis en King Creole, se la puso James Dean en Rebelde sin causa, los mods de los años sesenta la convirtieron, junto a la parka; en una de sus señas de identidad; después pasó a ser patrimonio también de los skinheads; cuando Paul Weller se convirtió en el Apóstol del Segundo Amanecer Mod en los años setenta, lo hizo con ella puesta; más tarde pasó a ser patrimonio de los punkarras nihilistas de los ochenta, aunque en esa época también la amaron los punks nueva oleros. En los noventa cautivó al líder de Blur, Damon Albarn, quien hizo de ella un fetiche del brit-pop igual de reconocible que las chaquetas de chándal y las zapatillas gazelle. En los 2000, el santísimo pope british Liam Gallagher creó una marca propia especializadas en este tipo de prendas; en 2008 Tom Ford le diseñó una al James Bond de Daniel Craig. En 2019 se rinde a ella el líder de Más Madrid.

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Paul Weller con su banda The Jam y una Harrington en 1977.

¿Qué significa que Errejón se la haya puesto?

Para empezar, algo que ya sabíamos: que estamos ante uno de los líderes políticos del panorama español con más sentido del estilo. Lo demuestran sus impecables camisas de algodón 100%, sus jerseys clásicos de cuello redondo, su parka de la marca sostenible Ecoalf (valorada en 450 euros), y sobre todo aquella archifamosa sesión de fotos para una revista de moda en la que se atrevió a ponerse prendas de firmas de gama media-alta como Hugo Boss. En numerosas ocasionies el líder de Más Madrid ha demostrado decantarse por los códigos estéticos más cercanos a un profesional liberal que compra su ropa en una tienda multimarca tipo Sportivo que al estereotipo podemita de los primeros tiempos (con Alcampo como boutique de referencia).

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Íñigo Errejón por las calles de Leganés con su parka Ecoalf y sus gafas Wayfarer.

Ahora comienza la campaña con esa chaqueta que la generación de los festivales indies reconoce perfectamente como un símbolo molón pero que al mismo tiempo las abuelas pueden ver como una prenda limpia y apañada.

Cuando el empresario textil británico Alfred Grenfell la creó en los años veinte pensó en ella como un básico de algodón impermeabilizado que podía ser un recurso cómodo para caballeros. Se convirtió muy rápido en tres cosas: un básico para jugar al golf que adoptaron muy rápidamente los relamidos estudiantes de las universidades de la Ivy League y la prenda favorita de los soldados estadounidenses destinados en el extranjero. Fueron ellos los que la popularizaron entre las estrellas de Hollywood.

En Estados Unidos, sin embargo, la Harrington siguió siendo una prenda preppy y cursi, típica de los jóvenes wasp. De hecho el personaje que Ryan O’Neil interpretaba en la serie Peyton Place, un muchacho modélico llamado Peyton Harrington fue quien le acabó dando nombre.

En Europa, en cambio, la chaqueta que ha escogido Errejón se la apropiaron los mods y luego empezó a asociarse con movimiento sociales obreros, tanto de extrema derecha como de extrema izquierda. En esos dominios ha permanecido hasta hoy: sigue siendo un fetiche de modernos, skin heads y red skinsy continúa estando presente en todas las tiendas especializadas donde se visten estas subculturas.

Pero al mismo tiempo, la Harrington es tan fácil de fabricar por su corte sencillo y es tan socorrida para conferir un aspecto pulcro y elegante a quien la lleva, que a estas alturas es un básico asociado a cualquier clase social.

Esa es la opinión del gran modfather barcelonés (y por tanto amante de las Harrington) Kiko Amat: “Yo no creo que haya ningún tipo de intención en su elección. Simplemente es que es una prenda tan alucinantemente bonita y tan cómoda que todo el mundo quiere ponérsela”.

Es posible encontrarla en todo el espectro de precios de la moda. En el extremo menos económico la ofrecen Beams, Gant, de Woolrich, Pringle of Scotland, Wolsey o Burberry (alrededor de 500 euros). En el extremo medio Fred Perry, Merc, Ben Sherman (en torno a los 200-300). Hay marcas blancas que las ofrecen por 40.

Y es precisamente la dualidad prenda obrera/prenda burguesa es lo que hace de la Harrington un objeto políticamente interesante.

Las decisiones estilísticas de Íñigo Errejón pueden ser casuales pero sin duda le desmarcan de la propuesta estética obrera de Pablo Iglesias. “No lo hace por alejarse de Iglesias, es decir, no viste cómo viste porque Iglesias vaya como va. Se viste distinto porque piensa y siente la política de forma seguramente distinta a Iglesias“, dice Jorge Lago, sociólogo y fundador de Podemos. “Seguramente Íñigo ha buscado un código más neutral, lo que permite generar simpatías o identificaciones en distintos grupos sociales. Los códigos identificables con un solo grupo social tienen dos problemas: uno, que pueden generar rechazo en grupos distintos, y, dos, que dan por sentado que la gente vota a los que siente como semejantes, y muchas veces se vota a los que se ve capaces o eficaces, no a los que son como uno mismo”, añade Lago.

No es la primera vez que Errejón coquetea con símbolos subculturales y a la vez tremendamente masivos que conectan con varias clases sociales: le vimos en la manifestación en favor del Referéndum catalán en 2017 con unas gafas Wayfarer que le colocaban inmediatamente en la onda visual de los Blues Brothers, del Tom Cruise de Risky Business y de los líderes de todas las bandas independientes de los 2000. Desde entonces son su complemento favorito.

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La harrington de Grenfell, la primera firma que empezó a producir este tipo de chaquetas.

Solo nos quedaría preguntarnos de qué firma es la Harrington de Errejón. No hay ningún logo visible que nos permita identificarla.

Unonueveocho, la firma favorita de Pablo Iglesias, que pertenece a Juan Manuel del Olmo, secretario de comunicación de Podemos, las tiene en su catálogo. La de Errejón no es de esa marca. Seguro.

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