Soy hombre, tengo 66 años y me he metido a modelo por la crisis

Tandem/080 es el proyecto de dos catalanes a los que la crisis dejó sin trabajo pasados los 50. Lejos de deprimirse empezaron una carrera como modelos profesionales.

Para ambos trabajar como modelos no solo es una cuestión de sino de tener una ilusión. Foto: Montse Simón

¿Qué puede hacer alguien cuando a los 61 años, el 24 de diciembre, recibe la noticia de que la empresa en la que ha trabajado la mayor parte de su vida –Caixa Penedès– prescinde ya de sus servicios? ¿Emborracharse, celebrar la navidad como si no hubiera mañana y cuando la resaca haya desaparecido dedicarse a pasar los días en el bar o a seguir el curso de las obras urbanísticas del barrio? El problema es que a Francesc Mestre no le gustaban ninguna de las dos opciones y decidió apuntarse en una agencia de publicidad para trabajar de figurante, para hacer bulto. Su primera sesión de fotos consistió en posar para una campaña llamada Iguales, en las que diferentes personajes anónimos salían con el mismo jersey. Nada del otro mundo, pero el fotógrafo vio en Mestre posibilidades. De hecho, lo tomó por un profesional y le propuso hacer una segunda sesión de fotos con él ya como único protagonista. “Yo estaba encantado pero esta vez tenía que salir completamente desnudo y las fotos se hacían en el Parc del Montseny. Al principio estaba un poco abrumado, pero cuatro horas más tarde me sentía como en casa y, si por mi fuera, me hubiera vuelto desnudo a Barcelona”, comenta Francesc, que cuenta hoy con 66 años.

Los trabajos se suceden para Mestre, algunos de ellos como figurante para películas –ha participado en el rodaje de Luces Rojas (2012), con Robert de Niro y en Crisis, ¿Qué crisis? (2015) hace un pequeño papel de periodista sin escrúpulos–, lo que le lleva a inscribirse en cursillos de interpretación y asistir dos años al Silber Studio, en Barcelona.

La casualidad hace que un día Joan Colomer, también en paro, entró en una cafetería, coja el Time Out y lea una entrevista que alguien le hace a Francesc Mestre. Colomer está en esos momentos cruciales de la existencia. La empresa textil barcelonesa, a la que ha dedicado la mayor parte de su vida, no tenía mucho que hacer frente al nuevo sistema de producción y hace tiempo que decidió cerrar. Joan, de esas personas con alergia a la inactividad, monta enseguida un negocio de decoración de interiores que debe cerrar por problemas de salud. Hace años que le detectaron un tumor en el acústico facial, que le afectó a la cara y a un oído, perdiendo el 50% de su capacidad auditiva y empieza a tener micro infartos en el nervio acústico del oído sano, lo que reduce su posibilidad de escucha al 7%.

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Joan Colomer y Francesc Mastre. Foto: Montse Simón

Colomer nunca se ha planteado ser modelo pero le gusta la moda, se identifica con la trayectoria de Francesc y decide contactar con él por Facebook. A partir de entonces nace una relación inseparable entre ambos, Francesc introduce a Joan en el mundo de las agencias de modelos, de publicidad y los castings y, finalmente, nace la idea de crear Tandem/080, impulsada por el instinto comercial y de marketing de Colomer.

“En principio solo somos dos, pero la agencia espera contar con más modelos maduros masculinos en un futuro”, apunta Francesc. “Cada vez se ven más modelos femeninas mayores, pero el colectivo de hombres de más de 50 años está muy olvidado en el mundo de la moda, aunque que es el que tiene más poder adquisitivo. En España los diseñadores quieren que sus creaciones las luzcan los modelos jóvenes y perfectos. Es muy difícil que incorporen gente mayor en sus desfiles o catálogos; aunque algunos, como García Madrid, son más abiertos a esta idea”.

“Yo no creo en la edad de mi DNI”, comenta Joan que ha cumplido ya los 58, “debe haber sido un error de inscripción. La vida se nos ha alargado a todos y un hombre de 60 de hoy equivale a uno de 40 de hace 20 años. Por lo tanto, esa persona, a poco que valore su apariencia, querrá comprarse ropa que le guste, tener un determinado estilo o, incluso, seguir las tendencias. Nada que ver con aquel personaje al que su mujer le compraba las camisas y los calzoncillos, y que más que vestir, se tapaba con lo primero que encontraba. Por Facebook recibimos muchos mensajes de señores de nuestra edad que nos felicitan por representarlos, por dar un modelo de hombre maduro totalmente distinto al que estamos acostumbrados a ver”.

Aseguran que sus familias se sorprendieron cuando iniciaron sus carreras de modelos, pero que ahora están encantadas.

Aseguran que sus familias se sorprendieron cuando iniciaron sus carreras de modelos, pero que ahora están encantadas. Foto: Montse Simón

El impacto que esta nueva ocupación ha causado en las vidas de Joan y Francesc es bastante acusado. “Mi mujer y mis hijos jamás me han puesto ninguna pega, aunque al principio se quedaron muy sorprendidos de que a los 61 años pensara hacerme modelo”, apunta Mestre, que reconoce, “personalmente estoy viviendo uno de los momentos más felices de mi vida. Me levanto cada día con ilusión y me entusiasma cada trabajo que hago. Físicamente estoy mucho mejor y mi piel, cabello y cerebro han mejorado notablemente. Aunque he de reconocer que tengo buenos genes y que mi familia me enseñó desde pequeño a trabajar y a ser optimista. Vengo de una familia humilde y a los ocho años repartía pan por las casas, ya que mi madre tenía una panadería”.

La mujer e hijos de Colomer, según el mismo admite, “creen que me he vuelto loco, aunque no me lo dicen. Económicamente podría vivir sin trabajar, ya que tengo una pensión por invalidez, pero no estamos en esto por el dinero sino por ilusión. Y ya que ha salido el tema; hay que decir que, en el mundo de los modelos, los hombres cotizan mucho menos que las mujeres. Los más maduros maduros tenemos todavía mucho que ofrecer. Es verdad que no somos tan perfectos como uno de 20 años, pero ganamos en expresividad. Hay ya muchos diseñadores que huyen de los maniquíes-zombies y prefieren gente de la calle, con arrugas, canas y cicatrices, pero vivos y con caras y cuerpos que parecen contar historias”.

Tanto Joan como Fransesc se metieron a modelos cuando se quedaron sin trabajo.

Tanto Joan como Fransesc se metieron a modelos cuando se quedaron sin trabajo. Foto: Montse Simón

 

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