«Llamadme Segundo Caballero»: el marido de Kamala Harris reivindica su segundo plano en la Casa Blanca

El abogado de 56 años Douglas Emhoff suele mostrarse como el principal admirador de su esposa, Kamala Harris. Ambos tienen buena amistad con la exmujer de él y forman una familia reconstituida.

Douglas Emhoff con Kamala Harris en Desmoines (Iowa) en 2019.

Aunque Donald y Melania Trump no recibieron a los Biden en la Casa Blanca, Mike y Karen Pence sí se dejaron ver con la nueva vicepresidenta y su esposo, Douglas Emhoff, en las escaleras del Capitolio el día del intercambio de poderes. Los cuatro se dejaron grabar charlando e incluso riendo en un obvio intento de transmitir normalidad en un día tan poco normal. Las dos parejas no podrían ser  más distintas. Los humoristas estadounidenses no se han cansado todavía de hacer bromas sobre el hecho de que Mike Pence llama a su mujer “mother”, madre. Los Pence son cristianos evangélicos, suscriben el llamado Manifesto Modesto, según el cuál él no puede comer a solas con otra mujer, aunque sea por motivos de trabajo, y de ella ha dicho el Washington Post que ha sido una influencia política clave en los momentos más polémicos que ha protagonizado su marido, como cuando decidieron irse de un partido de fútbol americano como señal de protesta porque algunos jugadores no se levantaron al escuchar el himno o cuando el ya exvicepresidente decidió visitar un hospital militar en plena pandemia sin usar mascarilla.

Si los Pence, con raíces en el Medio Oeste, representan el matrimonio entendido tan a la antigua como es posible entenderlo en la segunda década del siglo XXI, los californianos Harris-Emhoff vienen de otro universo. La vicepresidenta y su marido se conocieron cuando los dos tenían ya cuerantaybastantes. Él se había divorciado de su primera esposa, la productora audiovisual Kerstin Emhoff, y madre de sus dos hijos, Cole y Ella. Por su parte, Harris también había tenido varias parejas, la más notoria y polémica con el exalcalde de San Francisco, Willie Brown, a mediados de los noventa, cuándo él estaba casado y tenía más de 60 años y ella no llegaba a los 30. Harris y Emhoff han contado varias veces, y también en esta entrevista televisada días antes de la toma de posesión, cómo la mejor amiga de ella, la consultora de relaciones públicas Chrisette Hudlin, que le alertó: simplemente, fíate de mí, no le googlees. Por supuesto, ella le googleó y descubrió que tenía dos hijos y que era un abogado centrado en el sector del entretenimiento. Su caso más famoso fue la defensa de la agencia de publicidad TBWA por la propiedad intelectual del llamado “chihuahua psicópata”, el protagonista de los anuncios de Taco Bell.

Kamala Harris y su esposo en un evento demócrata en San Francisco hace dos años.

A Kamala Harris le gusta decir que forma junto a su marido y la exmujer de él una familia reconstituida “hasta demasiado funcional” y de las veces que ella y la primera esposa de su marido iban a las competiciones de natación de Ella y la animaan desde la grada. Kerstin Emhoff estuvo invitada a la toma de posesión y colgó una foto en sus redes en la que decía estar muy emocionada.

Douglas Emhoff suele decir que nació en Brooklyn “antes de que fuera cool”. Se crio en una familia judía de clase media –su padre, Mike Emhoff, diseñaba zapatos y su madre se ocupaba de la casa. Una foto de ambos comprando el libro de su nuera en Costco, el supermercado de bajo coste, alcanzó cierta viralidad, igual que un vídeo en el que Harris imita el acento de Brooklyn de su suegra– en un suburbio de Nueva Jersey, con un hermano y una hermana, y estudió en California, donde ha desarrollado casi toda su carrera. En los últimos años, y desde que Harris se convirtió en senadora, hacía vida entre las dos costas, alternando días en Washington D. C. y su trabajo como socio en el despacho DLA Piper, que ya ha abandonado. Desde ahora se dedicará a dar clases como profesor invitado en Georgetown de su especialidad, el Derecho en la industria del entretenimiento, y a sus tareas como primer Segundo Caballero –en castellano, el título suena aún más extraño–. Será el primer hombre y la primera persona judía que ostenta este cargo tan difuso pero inextricable de toda la liturgia del poder estadounidense, que otorga tanto protagonismo a los cónyuges de los cargos electos. Emhoff ha tenido cierto entrenamiento como “esposo de senadora”: en la entrevista de la CBS habla de cómo el marido de Elizabeth Warren y el marido de Amy Klobuchar le acogieron cuando había cenas y actos sociales del Senado. En la campaña, hizo también buenas migas con Chasten Buttigieg, el marido de Pete Buttigieg, excandidato presidencial y actual secretario de Transportes con Biden. Aun así, la atención mediática que recibirá ahora toda la familia se multiplicará. Dado que los Biden son una pareja mayor y ya han tenido mucha visibilidad en la política norteamericana, los medios parecen estar ávidos de noticias de la vistosa familia reconstituida de la vicepresidenta. En estos días, los digitales se han lanzado con especial avidez sobre Ella Emhoff, la hija pequeña del Segundo Caballero, estudiante de moda en Parsons y titular de un Instagram en el que cuelga sus creaciones de tricot y selfies con mascarilla cosmética.

La pareja tras el acto de investidura del pasado miércoles.

Así como se espera que Jill Biden continúe con su atención a las familias de militares y, sobre todo, se centre en la promoción de la educación –suele enfatizar que las universidades comunitarias, públicas y mucho más baratas que el resto, son uno de los pocos ascensores sociales que le quedan a la clase trabajadora y su marido la llamada educadora-en-jefe– no está muy claro qué tareas se reservará Emhoff en su nuevo rol. De momento, ha empezado “haciendo los deberes”, como ha dicho, visitando una exposición en la Biblioteca del Congreso, para inspirarse. En un artículo que escribió en la edición estadounidense de GQ recalca que pretende seguir los pasos de las mujeres que le precedieron en el cargo. Utiliza la misma expresión, “stand in the shoulder”, levantarse sobre los hombros, que suele usar Harris para referirse a las mujeres que ocuparon cargos de poder antes que ella. “Es un honor ser el primer esposo de un presidente americano o vicepresidente. Pero esta es la verdad: generaciones de mujeres antes que yo han usado esta plataforma para promover causas en las que creían y para generar confianza en nuestras instituciones aquí y en el extranjero, a menudo sin mucho aplauso ni reconocimiento”.

En el mismo texto, se refiere a sus hijos y dice que espera que crezcan en un mundo “en el que no sea noticia que una pareja amorosa, de cualquier género, te apoye en todo lo que hagas”. Es una referencia velada al mucho alboroto que se ha armado por el hecho de que él se suela mostrar completamente admirado por los logros de su mujer y perfectamente dispuesto de asumir un segundo plano. Su biografía de Twitter ahora dice así: “Segundo Caballero de Estados Unidos. Padre dedicado. Marido orgulloso de Kamala Harris”. En la campaña electoral, que contando las primarias, duró más de un año, Emhoff se ganó su propio club de fans y protagonizó artículos en los que le llamaban “zaddy” (término internetero para designar a un hombre atractivo) y “nuestro crush en plan padre judío”.

Muchas mujeres, sobre todo, se expresaron en redes admiradas por su capacidad de ceder protagonismo a su esposa. Bueno, es que es su esposa quien ha sido elegida vicepresidenta, se podría decir. Pero el hecho de que esto cause sorpresa dice bastante de los roles que todavía se espera que asuma cada miembro en las parejas heterosexuales. El caso es distinto, pero el propio Bill Clinton no parecía en absoluto dispuesto a quedarse callado organizando la fiesta de Pascua de la Casa Blanca hace cinco años cuando era su esposa la que aspira a la presidencia. Sin perderse en hipótesis tan alejadas –al fin y al cabo, pocos de nosotros aspiraremos a presidencia alguna–, ahí están los datos deprimentes de la pérdida de empleo femenino en Estados Unidos durante la pandemia. Tan solo en el mes de diciembre, se perdieron 140.000 empleos. El 120% de ellos los perdieron mujeres. Sí, el 120. Porque las mujeres, sobre todo las latinas y afroamericanas, se quedaron sin 156.000 empleos y los hombres ganaron 16.000. Las mujeres están pagando un precio desproporcionado porque, cuando ha habido que cuidar a familiares, han sido ellas quienes han dejado sus empleos remunerados para hacerlo. Cada vez que se produce lo contrario, es noticia, ya sea en el ámbito global –el CEO de Zalando dejó en diciembre su puesto para priorizar la carrera de su esposa y no hubo medio que no lo reportada– como en el doméstico. Con ese panorama no es tan extraño que llame la atención una cosa tan común como que un hombre de 56 años apoye en todo a su esposa, la mujer que más poder ha alcanzado en la historia de Estados Unidos.

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