Jennifer Reeder, directora feminista de culto: «Mis películas disipan el mito de la chavala cruel»

Programada en el festival Curtocircuito, charlamos con la cineasta indie sobre por qué el celuloide se empeña en enfrentar a las mujeres o cómo la adolescencia es la etapa vital más transformadora.

Jennifer Reeder

Fotograma de 'Blood below the skin'. Foto: Cortesía de Curtocircuito

No será tan conocida en la esfera más comercial, pero el nombre de Jennifer Reeder siempre aparece en esas listas sobre directoras del cine independiente a las que no perder la pista. Sus adolescentes poliédricas y nada arquetípicas, jóvenes repletas de guiños a la cultura pop (Blood Below the skin y A milion miles away); sus cortos sobre bandas de chicas skaters reclamando su territorio o los autocuidados femeninos (Crystal Lake) y su universo onírico sobre temáticas que van desde la transversalidad queer entre inmigrantes a las relaciones maternofiliales han probado un activismo feminista anterior a que la palabra se pusiera de moda en camisetas de Dior. La cineasta, que acaba de firmar una carta junto a otras artistas de su país para «no callarse ante el acoso sexual en el mundo artístico», proyectó recientemente All small bodies en el festival Curtocircuito, certamen de referencia en España (y que cada año la programa). Le pasamos estas dudas por email y esto fue que lo que nos contestó.

En tus películas siempre está presente “el momento de afrontación”. Esos momentos de dificultad en los tenemos que enfrentarnos a los demás para superar nuestros propios conflictos internos y crecer. ¿Por qué ese momento es tan importante para ti?

Son momentos transformadores en la vida –en el cine y en la realidad–. Estos son los momentos que nos definen como seres humanos. Cuando aceptamos el reto de superar, evolucionamos. Esto es lo que una película cuyo peso recae en los personajes debe proponer para tener éxito, y también esto es lo que uno debe hacer en la vida real para alcanzar su máximo potencial.

Jennifer Reeder

Jennifer Reeder, en pleno rodaje. Foto: Cortesía de Curtocircuito

También hay una relación de fuerzas entre el mundo adulto y el mundo adolescente, parece que esa relación choque genera conflictos. El mundo juvenil siempre está retratado con aura de realismo mágico que metafóricamente parece ser como una forma de protegerse del mundo. ¿Crees que hay algo que se pierde cuando crecemos?

Absolutamente. Algo se pierde a medida que envejecemos. La adolescencia en particular es un momento muy mágico de transformación y transgresión. Simplemente sucede y habitualmente es en contra de nuestra voluntad. Como adultos, a menudo tomamos decisiones que nos alejan de los retos y la adversidad y las experiencias transformadoras. Seguimos las reglas y, como resultado, acabamos más jodidos que los jóvenes. Mis películas están destinadas a ilustrar este contraste. Creo que el coming of age es un proceso que dura toda la vida y que, como adultos, tenemos mucho que aprender de los jóvenes (especialmente de las mujeres jóvenes).

Otra constante es el mundo de los chicos vs. el mundo de las chicas. En Crystal Lake la figura femenina es más poderosa que la masculina. ¿Qué crees que tus películas aportan en este sentido? ¿En la creación de nuevos modelos de chico y chica?

Bueno, muchas de estas conductas ocurren en la vida real. Mis películas pretenden disipar el mito de la chavala cruel (Mean Girl en el original). Mi experiencia de hecho, sugiere que tanto las niñas como las mujeres adultas dependen en gran medida de la amistad femenina para poder enfrentarse a la sociedad. Somos una cultura (al menos aquí en los EEUU) que enfrenta a las mujeres de nuevo entre sí y esto es muy destructivo. Quiero que mis películas resulten empoderadoras para las niñas. Por el contrario, no quiero que las películas resulten despreciables para los chicos, por supuesto, pero es importante que los niños y los hombres entiendan y respeten el poder de la amistad femenina. En mi reciente cortometraje Shuvit, todos los personajes son chicos y también es una historia muy tierna. Que haga películas sobre el mundo de las chicas no significa que no me importe el de los chicos y de hecho, esas películas están llegando…

Jennifer Reeder

Fotograma de ‘Crystal Lake’. Foto: Cortesía de Curtocircuito

De alguna manera parece que el mundo adulto carece de la magia y la ensoñación de la niñez y la adolescencia, solo en ocasiones, como en Blood bellow the skin, parecen reconciliarse a través de la relación madre-hija. ¿Cómo es para ti esa relación en la realidad?

Tengo mucha empatía por las madres. Son despreciadas, infravaloradas y objeto de muchos chistes. La maternidad es muy complicada y mis películas están destinadas a ilustrar esto. Aquí en los Estados Unidos, parecemos despreciar a las mujeres mayores, lo cual es criminal (francamente creo que es una de las razones por las que Hillary Clinton no es presidenta de los Estados Unidos). En mis películas, las mujeres adultas son complejas y multidimensionales, algo que parecen raro en las películas americanas principales. Las madres son la hostia, ¡asumidlo!

All small bodies está basado en el cuento de Hänsel y Gretel, ¿qué elementos de esa historia te atrajeron para adaptarla a tu universo habitual?

Me encantan los cuentos de hadas en general. Son historias oscuras sobre niños, paisajes y fuerzas mágicas. Hänsel y Gretel me parecía una opción natural para adaptar mi propio imaginario a este formato. All small bodies tiene lugar en el futuro después de una catástrofe global, que no es tan diferente de la historia original. Además, me encanta la idea de dos niños inteligentes pero desesperados que superan a un adulto. Actualmente, estoy en fase de desarrollo de un largometraje de personajes contextualizado en el futuro, entre las ruinas del muro de la frontera de EEUU y México.

Jennifer Reeder

Fotograma de ‘All small bodies’. Foto: Cortesía de Curtocircuito

Tu imagen pública es muy dura, muy consciente y sin embargo tus películas reflejan mucha sensibilidad. ¿Hasta qué punto has tenido que construir un estereotipo, esa coraza para salvaguardar su mundo íntimo?

Conocerme es saber que en realidad soy rápida, amable y también bastante payasa. En el set de rodaje, doy un montón de abrazos y siempre estoy de risas. Sé lo que quiero y consigo lo que quiero, pero es porque respeto profundamente a todas las personas con las que trabajo. Ciertamente al sentarse en la silla de director, no es lo mismo ser una mujer que un hombre. Hay una brecha de desconfianza a superar. Así que tal vez mi imagen pública sugiera que soy seria y digna de confianza. Es un delicado equilibrio que mantener.

En todas tus filmografía, sobre todo en A Million Miles Away y Blood Below the Skin, el vestuario sirve no solo para construir la identidad de cada personaje si no para construir un discurso político lleno de referentes generacionales y feministas.

Digo a menudo que mis películas son una forma de justicia social, por lo que la agenda política es muy importante (tan importante como mi deseo de entretener y enganchar al público emocionalmente). Envuelvo mis películas con una dirección de arte cargada de significado; el atrezzo, la música y todas las referencias feministas en el vestuario sirven para construir el discurso narrativo y político. Todo está cuidadosamente supervisado por mí.

Jennifer Reeder

Fotograma de ‘A million miles away’. Foto: Cortesía de Curtocircuito

Son películas con acentuado tono pop, combinado con un fuerte mensaje feminista. ¿Cómo trabajas estos equilibrios?

Soy feminista. ¡Creo que el feminismo es un espectro donde hay espacio para todos! Todos deberíamos ser feministas. Todos debemos apoyar la igualdad humana. Estoy haciendo películas en un fuerte patriarcado por lo que la única dirección que puedo seguir es el feminismo.

Hay muchas autoras feministas que han obtenido un gran reconocimiento (incluidas referentes tuyas como Sylvia Plath o Joan Didion),pero históricamente no hay tantas autoras cineastas que hayan recibido ese reconocimiento. ¿Cual crees que es la situación actual y cual es el camino para reconducir esto?

Me gusta pensar que el paradigma está cambiando incluso si es a causa de todas las conversaciones sobre la presencia femenina en la industria cinematográfica (de quién está produciendo y dirigiendo qué, a qué películas se están invitando a festivales o cuales se estrenan en salas). Algunas personas tal vez se sientan más proclives a apoyar más a las mujeres cineastas (o a los cineastas de color). He dicho antes que no me importa cómo se consigan las cosas. pero ¡hay que conseguirlas! Trato de no pensar mucho en los obstáculos, porque si lo hiciera, probablemente lo dejaría. En cambio, lo que hago, es quedarme con todo el amor y la fuerza que necesito de mis escuadrones a través del universo y sigo adelante gritando ‘acción’ con toda la fuerza de mis pulmones.

Aquí va una playlist en exclusiva de la directora para conocer todo su universo musical:

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