Jean-Paul Goude

París se rinde ante el ingenio multidisciplinar del hombre que revolucionó la vida creativa de finales del siglo XX y le homenajea con una retrospectiva en el Musée des Arts Décoratifs.

Jean Paule Goude

Foto: © Jean-Paul Goude

Un juego de palabras intencionado y bilingüe, Tout Goude («Todo Goude/Demasiado bueno») fue el título elegido por el artista franco-norteamericano para razonar en papel su universo creativo. Pero este libro (de Éditions de la Martinière) no basta para explicarlo todo. Para entender el rol que ha desempeñado Jean-Paul Goude (Saint-Mandé, 1940) en la creación de los últimos 30 años –con una década de los 80 explosiva– hay que tener en cuenta a sus musas (Grace Jones, Laetitia Casta, Farida Khelfa, Radiah Frye, Naomi Campbell, Björk), sus collages, sus ektas découpés (negativos cortados), sus vídeos, sus campañas publicitarias para las Galerías Lafayette, Printemps, Guerlain, Chanel… y también su etapa como director de arte en la revista Esquire en el Nueva York de los años 70-80. Aun así, la ambiciosa retrospectiva que le dedica el Musée des Arts Décoratifs de París (hasta el 18 de marzo), que abarca toda su carrera, parece insuficiente incluso para resumir la obra de un artista obsesionado con proponer al espectador formas incontables de devorar la belleza.

En esta entrevista, Goude desgrana, con amabilidad pero con un cierto temor a no ser comprendido, las claves de un compromiso estético y perfeccionista, casi sacerdotal, que le ha llevado a ensalzar a la mujer como pocos artistas contemporáneos.

En su retrospectiva, el espectador se ve transportado a un universo creativo en el que convergen varias disciplinas y se lleva la impresión de que se encuentra ante un artista total. ¿Qué poso le gustaría a usted dejar en el público?

Coincido con usted, porque a mí me gustaría ser visto como un artista total, lo que encaja con mi propia percepción. Soy una persona muy tímida, no me gusta hablar de mí mismo. Por eso, consciente de que mi posición como artista ha sido siempre muy indefinida, el mundo del arte siempre me vio como un ilustrador. Me satisface mucho cuando personas que han sido los ayatolás del arte ven ahora en mi obra «un corpus artístico muy coherente». Siento que, después de todo, no estaba equivocado. Que hice bien en apartar mi sueño de ser bailarín y profundizar en el dibujo. Soy feliz haciendo lo que me gusta: jugar con el cuerpo, la forma, los trazos… Mis emociones se activan observando lo que considero bello.

¿Cuál es su concepto de la belleza?

Me interesa la belleza, pero no desde la visión que nos propone el mundo de la moda. Yo me refiero a la armonía y al ritmo de las formas. La gente a menudo me dice que el punto álgido de mi carrera fueron mis trabajos con Grace Jones, pero ese es solo un momento de una trayectoria llena de cumbres y valles. En los años 60 y 70, la mujer, como el automóvil, era un símbolo de statu quo para el hombre, se valoraba que tuviera pechos grandes, pelo largo… pero a mí eso no me atraía.

Así que propuso una alternativa al canon.

Le contaré una anécdota: cuando trabajaba en Nueva York había una pequeña colonia de creativos franceses. Solían tomarme el pelo diciéndome: «Ah, Jean-Paul ha seducido a una drag queen, su nombre es Grace Jones». No lo entendían. Grace es una gran belleza. Cuando la vieron en mi espectáculo, se quedaron estupefactos. Lo mismo ocurrió con Farida Khelfa [la modelo, actriz y musa de Goude]. Siempre tuve la necesidad de conquistar a mujeres intimidantes. Luego descubrí la verdad: me casé con Karen, una mujer inteligente y dulce, que mide 1,60 y está bellamente proporcionada.

En buena parte de su obra, usted manipula, corta y pega la figura del personaje, como en el caso de su serie de retratos de Björk con formas geométricas de 2007.

Con Björk no tuve la oportunidad de jugar con su personalidad, porque no la conocía suficientemente bien. Cuando vino al estudio, no sonreía, no se movía… así que le dije: «Adopta esta forma», y enseguida supe lo que quería hacer. Por eso le digo a la gente que no soy fotógrafo. Yo dibujo y concibo, imagino un proyecto artístico que luego comienzo a construir, como una obra de arte.

En algunas de sus obras juega con los conceptos de retoque… En la era de Photoshop, sus trabajos parecen premonitorios.

Me ha interesado el arte conceptual desde mi época en Esquire. Un día, le comenté a mi editor que usaba alzas en los zapatos y que llevaba hombreras en mis camisetas. Le pareció fascinante, y quiso hacer una historia sobre ello. Primero planteaba un esquema de cómo quería ser visto. Esa es la esencia de la moda. Luego usaba prótesis para conseguir esa proporción, antes de elegir el tejido o la forma de la vestimenta.

¿Cuáles han sido sus referencias estéticas?

En mis ilustraciones para Esquire, Picasso, Balthus, el arte pop, Arroyo, Kitaj, Hockney… me sirvieron de inspiración, pero muy pronto fui consciente de que necesitaba encontrar mi propia partitura. Mi madre, bailarina de profesión, me decía «nunca olvides que la obra de un artista es un reflejo de su alma».

Como refleja su libro, Tout Goude, parece haber alcanzado un nivel en el que puede ser transparente sobre sus inseguridades.

Bueno, al haber sido educado como católico, no me gusta hablar de mí. Por eso he inventado a Goudemalion, como un álter ego de Pigmalión. Si tuviera que hacer una película, adoptaría ese personaje: me permitiría guardar una distancia y darle un toque de humor, de comedia musical.

Otro de los aspectos clave de su obra es el mestizaje de culturas…

Para la celebración del Bicentenario [de la Revolución Francesa en 1989, para el que concibió y produjo el desfile oficial en los Campos Elíseos] tomé prestadas referencias de las diferentes culturas populares y viajé a Senegal, a Rusia… para verlas con mis propios ojos. Esa actitud tuvo luego mucho impacto en el mundo de la moda. Por otro lado, al principio, mi fascinación con el mestizaje tuvo que ver con la sexualidad (como refleja el libro Jungle Fever). Al enamorarme de mis novias me enamoré también de sus culturas.

Fue muy osado con sus proyectos para la revista Esquire. ¿Puede hablarnos de la evolución que ha habido en las revistas desde entonces?

No me gusta la línea de algunos fotógrafos trendy de ahora que hacen moda. Recuerdo una foto de una chica que simulaba una felación a un secador de pelo. Me disgusta toda esa falsa sexualidad agresiva.

Como artista, parece tan dispuesto a seducir como a ser seducido, en especial por las mujeres…

La belleza no tiene sexo. La belleza es belleza, con independencia del sexo.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Estoy completamente comprometido con el desarollo de Goudemalion como espectáculo. Siempre está, además, la fantasía de hacer un musical. Para mí, incluso el hecho de estar hablando con usted es un proyecto, igual que la retrospectiva es para mí una especie de psicoanálisis.

Jean Paule Goude

Grace Jones para V Magazine (enero de 2008).

© Jean-Paul Goude

Jean Paule Goude

Miguel y sus amigas (1975).

© Jean-Paul Goude

Jean Paule Goude

Retrato de Grace (Óleo sobre foto y cinta adhesiva. Nueva York, 1982).

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Jean Paule Goude

Carolina (Foto pintada, Nueva York, 1976).

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Jean Paule Goude

El bicentenario (París, 1988).

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Jean Paule Goude

Galerías Lafayette: Baile con la moda. Mia Frye (2008).

© Jean-Paul Goude

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