Ibiza, un imán para el nuevo lujo

Cuna de tendencias del ocio nocturno, su fama de reducto hippie ya solo conserva los aires de libertad. Especialmente, para quien los pueda pagar.

Lujo en Ibiza

Foto: Sergio Moya y Ximena Garrigues.

Mediodía, puerto deportivo de Marina Botafoch: el veterano relaciones públicas Carlos Martorell, eterno enamorado de la isla, oculta su mirada celeste tras unas gafas de sol. En esta zona se concentran el emporio Pachá –discoteca y hotel–, el Ibiza Gran Hotel, restaurantes como Cipriani o los apartamentos del millón de euros del arquitecto Jean Nouvel. Ibiza compite con Saint- Tropez, Mónaco o Cerdeña como primer destino de lujo. Pero Martorell, que lo ha conocido casi todo y a casi todos, Warhol y Polanski incluidos, reclama mejores infraestruc- turas para esta milla de oro del turismo internacional.

Carlos Criado, relaciones públicas de Pachá y Lío, está de acuerdo con él. La isla necesita mejores carreteras, centros de salud y depuradoras: «Si esto no se soluciona, acabará pasando factura», asegura. Pero de momento, siguen aterrizando nuevos turistas de un poder adquisitivo estratosférico, sobre todo de países emergentes. «Buscan diversión y calidad, y si la encuentran, no se fijan en el precio».

«Ibiza y Formentera son en estos momentos dos de la marcas de ocio más importantes del mundo, y destino de impresionantes yates y jets privados de magnates rusos, hindúes, americanos o japoneses. Todos quieren estar aquí», asegura el veterano periodista Juan Suárez. También las celebrities: de Messi a Nadal pasando por James Blunt. En la isla, una de sus anfitrionas es Fátima Yashira, Manager VIP de Lío, que cuenta con un equipo de 15 personas para dar «una atención personalizada a la altura de los mejores restaurantes del mundo». ¿El secreto del éxito de este club que ha revolucionado los patrones del ocio nocturno? Contar con profesionales como Francisco Ferrer, su director artístico –también de Pachá–, capaz de controlarlo todo en la vorágine de la noche asistido por Iria Urgell. Según él, la clave está en ir más allá del lujo: «Hay que crear una magia especial». Y a ello contribuyen las geishas, bailarines y masajistas que acompañan a los comensales. 

Lujo en Ibiza

Yann Pissenem, director artístico y socio de Ushuaïa.

Sergio Moya y Ximena Garrigues.

También mezcla cocina y espectáculo (jazz en vivo o house) el restaurante de Giuseppe Cipriani –dueño de marca propia y negocios de hostelería desde Nueva York a Europa–. Este veneciano, corredor de carreras de coches, trata de hacerse un hueco en la isla con un restaurante de impecable buen gusto: «Simplicidad, el mejor servicio y cocina tradicional italiana» son sus claves. No ha dejado indiferente a la competencia. Y por eso su aterrizaje no ha sido todo lo suave que le hubiera gustado; de ahí que la apertura de su discoteca, Boom, haya tenido que esperar mucho. ¿Hay sitio para todos? El tiempo lo dirá.

Innovación versus tradición. En lo que todos coinciden es en que hay un antes y un después de Ushuaïa, el beach hotel que en un par de años ha escalado al top mundial de una nueva categoría de entretenimiento. Sus bungalós rodean una enorme piscina central frente a un potente escenario. El cartel musical es explosivo: Avicii, Sebastian Ingrosso, Axwell, Luciano, Guetta, Loco Dice o Pete Tong. Su director artístico y socio, Yann Pissenem, alaba la apuesta de la nueva generación del grupo Matutes. «Ushuaïa», dice, «viene a poner fin al bloqueo de las últimas tres décadas por parte de los grandes grupos del ocio». Este «parque temático para adultos» como lo define, acaba de ampliarse con el Ushuaïa Tower, un hotel con servicios exclusivos. Eso ha obligado a los demás a subir el listón: Destino, el espectacular resort inaugurado en junio, podría ser la respuesta del Grupo Pachá a este desafío.

La llegada de estos nuevos conceptos y el impacto de la recesión en los bolsillos medios ha hecho que las discotecas con más historia también se tuvieran que poner las pilas. En el centro de la isla se sitúa Amnesia, el mítico club del sonido en Ibiza. «La crisis ha influido en el gasto del cliente», afirma David de Felipe, su director gerente. El reto ahora consiste en justificar el precio de la entrada. ¿Cómo? Con una buena producción, con la mejor música –no solo de DJ’s, sino de artistas internacionales en directo–, con las performances, lo último en tecnología láser, megatrón, pantallas… «Hay que renovar las propuestas no tan nuevas e incorporar las novedades que vengan de Inglaterra, Alemania, Las Vegas…», dice. 

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David de Felipe, director gerente de Amnesia.

Sergio Moya y Ximena Garrigues.

La clase media también existe. Carmen Matutes, presidenta ejecutiva de la Fundación Abel Matutes, fomenta la acción social, cultural y deportiva durante todo el año. El grupo al que pertenece se ha propuesto la renovación de la isla con establecimientos temáticos, como Ushuaïa, pero también reconvirtiendo viejos hoteles de tres estrellas en otros nuevos de cuatro a los que accede otro tipo de cliente.

Al oeste de Ibiza, en torno a San Antonio de Portmany, existe otro gran polo del ocio y otro motor económico: «Un 40% de la actividad lo generan familias y público joven británico, clientes fieles», asegura Javier Anadón, propietario del Café Mambo y de gran parte de la zona conocida como Ses Variades, erigida en torno al Café del Mar. San Antonio es también emplazamiento habitual para la BBC Radio 1. O el lugar donde el promotor musical Pino Sagliocco organizó el verano pasado un festival juntando a Sting, Guetta y Elton John. «Aunque el nuevo rico aprecia Ibiza, podría volverse a Cerdeña o Saint-Tropez. Quien ama de verdad la magia de la isla es la clase media», afirma Anadón.

«El VIP es ahora el Very Important… Precio», dice Martorell. ¿Ibiza puede abanderar aún el espíritu hippie? «Sí, pero cierta gente interesante que daba personalidad a la isla ya no puede venir. O eres low cost o eres súper cost». Para Rosetta Montenegro, otra histórica relaciones públicas, el panorama no es tan sombrío. La Ibiza de los yates y los rusos es fruto de una «evolución lógica», comenta. El mundo ha cambiado. 

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Los dj’s José Padilla, Uner y Sebastián Gamboa.

Sergio Moya y Ximena Garrigues.

La música electrónica después de la burbuja. En la escena electrónica la situación económica también invita al cambio. Mezclados con las supernovas del house y el tecno –Guetta, Richie Hawtin, Bob Sinclair, Luciano– hay decenas de profesionales que tratan de mantenerse o de hacerse un hueco. Para el DJ y productor José Padilla, uno de los padres del balearic sound, la clave para sobrevivir es trabajar duro todo el año y experimentar para ganarse fans propios: fruto de ello son sus dos remixes para Norah Jones y su reciente álbum, Binary Sun.

«El público es el elemento diferencial de Ibiza. Hasta 50.000 clubbers cada noche», dice el catalán Uner, esta temporada en Insane de Pachá. Pero la fiebre por ganar dinero podría acabar con el espíritu ibicenco: «Los números mandan», reconoce Sebastián Gamboa, que programa su fiesta vintage en Lío. Para Padilla, el problema es que en Ibiza casi todo es importado y carece de un sello propio: no queda espacio para el underground. Otro problema que les inquieta: llegan los pinchas gratis. Pero no todo es malo: en estas circunstancias se eleva el nivel de exigencia y el riesgo. El negocio no siempre mata la creatividad.

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Las caras visibles de Pachá-Lío: Iria Urgell, Francisco Ferrer, Fátima Yashira y Carlos Criado.

Sergio Moya y Ximena Garrigues.

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El empresario Giuseppe Cipriani.

Sergio Moya y Ximena Garrigues.

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