¿Hay que maquillarse para triunfar?

Algunas mujeres no pueden pisar la calle y menos aún dejarse fotografiar, ir a trabajar o a un evento si no están maquilladas.

Marina Pérez

Siento no estar maquillada, acabamos de lanzar un movimiento a favor de la belleza natural. Se llama Makeup Free Mondays y los lunes no nos pintamos…». El episodio sirve a Alexis Wolfer, editora de The Beauty Bean, una célebre web estadounidense de belleza, para ilustrar la complicada relación entre la mujer y el maquillaje. Un idilio basado, según Wolfer, en la dependencia. «¿Por qué me disculpé? No debería haberlo hecho… Pero al ver la sala abarrotada de hombres, me sentí desnuda. Lo curioso es que ellos me miraron con indiferencia. ¡Les traía sin cuidado si iba o no maquillada! El problema estaba en mi cabeza», opina. Wolfer se sentía incómoda si no pasaba media hora frente al espejo antes de salir de casa. Esa sumisión la frustraba. Por eso fundó Makeup Free Mondays (Los lunes sin maquillaje), un movimiento con más de 100.000 seguidoras en el mundo. «Queremos sentirnos mejor siendo nosotras mismas», justifica. Es fácil de decir, pero ¿y de hacer?

Algunas mujeres no pueden pisar la calle y menos aún dejarse fotografiar, ir a trabajar o a un evento si no están maquilladas. Y cuando no lo están, sus amigos las encuentran igual de guapas, pero ellas se ven feas. Que alguien las pille con la cara lavada puede resultar traumático. «Los pigmentos cumplen la función de máscara y coraza», razona Javier Garcés, presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales. Los datos lo corroboran. El 57% de las mujeres preferiría dejar a su novio antes que salir a la calle sin retocarse, según un estudio de la marca Bionsen. En España gusta acicalarse. El 60% de las españolas se maquilla al menos una vez al día, según Yves Rocher. La motivación detrás de la práctica varía: las jóvenes se aplican base para disimular defectos; las más maduras, para quitarse años. Un dato singular: el 17% de las mujeres se arregla para andar por casa.

Otra curiosidad: ellos las prefieren naturales; el 47% de los hombres se inclina por un rostro libre de artificios, y solo un 11%, por los maquillajes modernos. ¿Y cómo acabar con esa tiranía? «Con paciencia y práctica», propone la responsable de The Beauty Bean. «Al principio te sientes rara, pero al final te acostumbras. Vale la pena intentarlo». Las famosas también han abrazado el minimalismo beauty. La lista es larga. Desde Phoebe Philo, diseñadora de Céline, hasta Anna Dello Russo, directora de moda y consejera creativa de Vogue Japón, pasando por la actriz Tilda Swinton, Franca Sozzani, directora de Vogue Italia, o Katie Grand, responsable de la revista Love.

Esta última enarbola la bandera de lo real desde las páginas de su publicación. También la de las tallas grandes. La portada de Love de primavera-verano 2009 fue un hito. Beth Ditto, la cantante de Gossip, posó desnuda. La solista pesa 100 kilos. Love volvió a encender el debate con su número de invierno 2011-2012. «Al terminar la sesión con Kristen McMenemy, decidimos volver a llamarla. Pensamos que ella y el resto de la actrices [entre las que estaban Chloë Moretz, Lara Stone y Elle Fanning] estarían perfectas sin maquillaje. La idea no les hizo gracia. Era la primera vez que hacían algo así. Pero ya habían trabajado con [los fotógrafos] Mert and Marcus y se animaron», relata Grand. El resultado, LOVE 6 Super Natural, hizo mucho ruido. El mismo que la portada de la edición estadounidense de Harper’s Bazaar con una Lady Gaga con la cara lavada.

La primera en fotografiarse sin artificios fue Ava Gardner. El maquillador de Metro Goldwyn Mayer cubrió el rostro para unas pruebas. El estudio montó en cólera: Gardner no necesitaba maquillaje. Al final, la retrataron natural. Pero las cosas han cambiado. Hoy pocos estudios, revistas y productoras se atreven a prescindir de un equipo de maquilladores y menos aún de Photoshop.
Para algunas mujeres no pasar por el tocador es una cuestión de principios. Y si no, que se lo pregunten a Mélanie Stark, la empleada que Harrods despidió el pasado junio por negarse a usar labial, colorete y demás. El código de conducta de la cadena británica tiene bastante chicha. Exige un maquillaje completo. En el caso de los labios: perfilador, barra y gloss; en el del rostro, que se potencie su luminosidad. El reglamento incluye otras lindezas como la necesidad de combinar el color del cabello con el de la piel. Los hombres lo tienen más fácil: se les exige sofisticación, soltura, llevar desodorante, las uñas cortas y los tatuajes tapados. «Lo importante es ir a trabajar arreglado, bien vestido y aseado. Yo siempre iba así», argumenta Stark, de 24 años.

El primer día que llegó a la tienda de Knightsbridge en Londres sin maquillar la mandaron al almacén. El segundo, a casa. Al poco tiempo Harrods la despidió. La prensa inglesa criticó la decisión de los grandes almacenes, pero Harrods no modificó el código. «Me dieron dos opciones: o me arreglaba o me iba a la calle. Fue insultante. Básicamente me dijeron que estaría mejor con eyeliner. Nunca me ha hecho gracia maquillarme. Hacerlo o no no repercute en la calidad de tu trabajo. Debería ser una opción, no una imposición», opina.

Adriana Lima maquillaje

Una mujer maquillada causa mejor impresión que la que no lo está, según un estudio de la Universidad de Boston. En la imagen, la modelo Adriana Lima.

Gtres

En España ocurre tres cuartos de lo mismo. «Me han llamado la atención varias veces. Mi superior ha llegado a decirme que no tenía el perfil adecuado, que pasaba desapercibida y que eso no era de su agrado…», asegura Pilar B., de Alicante. «En una ocasión envió a una chica a arreglarse porque venía sin pintar y con coleta y él no tenía “la necesidad de verla con ese careto”». La razón, según esta alicantina, es simple: «Se sigue pensando que venderá más una tía buena, alta, con melena y bien maquillada que otra normalita, por muy bien que esta desempeñe sus funciones». Las cosas están cambiando. Sobre todo en puestos de influencia. «Las mujeres no quieren poner el énfasis en su imagen. Reivindican que se las reconozca por su trabajo. Ir demasiado arreglada puede desacreditar», opina Wolfer. La tendencia a maquillarse poco tiene otra explicación sociológica. «Contamos con menos tiempo: somos mujeres, madres y empleadas. No todas queremos pasar una hora frente al espejo».

Algunos estudios defienden su poder. «Los cosméticos mejoran la impresión que causamos y nos hacen parecer más inteligentes, competentes y serios. Dicen “aquí mando yo”», asegura Sarah Vickery, catedrática y responsable de un estudio reciente sobre el impacto del maquillaje. El experimento, conducido por la Universidad de Boston y el Instituto de Cáncer Dan-Farber y financiado por Procter & Gamble, se realizó con 25 mujeres de entre 20 y 50 años y de varias nacionalidades. Las participantes salieron en tres fotos con looks diferentes: natural (es decir, sin maquillaje), profesional (comedido) y glamuroso. Un grupo de hombres juzgó las imágenes. Su veredicto: las versiones maquilladas transmiten más confianza.

El maquillaje tiene una cara amable. La revolución puede hacerse con pinturas. Sobre todo en una sociedad donde las prohíben. Durante la dictadura talibán las mujeres se empolvaban en tocadores clandestinos. Si las pillaban, las mataban. A ellas y a sus maridos. Otra ventaja: las pinturas curan. «No solo se trabaja la autoestima. También ayudan a luchar contra la ansiedad, la depresión, las fobias y construyen relaciones», explica Ángeles de la Riva, enfermera de la Unidad de Maquillaje Corrector del Hospital Ramón y Cajal. De la Riva enseña a disimular manchas, quemaduras, cicatrices…

La iniciativa, pionera en España y con casi cuatro años de vida, se inspira en un balneario francés que enseña a camuflar quemaduras a casos graves. «No existía nada así en la sanidad pública. Pero hacía tiempo que enseñábamos a los pacientes a usar fondos. Se nos ocurrió organizar unos cursos», comenta el doctor Pedro Jaén, jefe de Dermatología del hospital y responsable de la unidad.El centro cuenta con el apoyo de los maquilladores de La Roche-Posay y con el de los voluntarios de la Asociación Contra el Cáncer. «El maquillaje es una manera de subir la autoestima. De hecho, muchas mujeres con cáncer de mama se apuntan también a los talleres», precisa el experto.

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