Gastroarte con mensaje

La relación de los artistas con la gastronomía adquiere nuevas dimensiones. Replantearse nuestra relación con la comida es el tema.

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Foto: Cortesía de mary Boone Gallery, NY

Naciones Unidas calcula que en 2050 el mundo tendrá que producir un 70% más de comida para poder alimentar a toda la población. Esta realidad ha inspirado a la diseñadora alemana Johanna Schmeer para crear unos apetecibles objetos capaces de proporcionar todos los nutrientes y la energía necesarios para la supervivencia de un ser humano, partiendo de un proceso de fotosíntesis artificial. Es el núcleo de su Bioplastic Fantastic Project, que presentó el mes pasado en Londres y que volverá a exhibir allí en septiembre. Con él, comenta, «intentaba generar debate sobre lo diferente que podría ser la comida en el futuro».

La alimentación ha sido tema central para notables creadores. Es el caso del suizo de origen rumano Daniel Spoerri, que en los 60 creó todo un movimiento en torno a lo que se llamó eat art. Sus obras, performances e instalaciones invitaban a reflexionar sobre el acto de comer. «Es un evento al que asistimos de forma casi religiosa día a día, por necesidad y por placer», explica Gabriel Peña, psicólogo y artista. «Desde las naturalezas muertas de los pintores clásicos hasta la fotografía digital, pasando por las latas de sopas Campbell de Warhol –que cuestionaban la forma en que consumimos y desechamos los valores sociales–, arte y gastronomía han estado juntos desde siempre. Ambos son pilares sobre los que se sostiene la construcción cultural», añade.

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Decaying vitamin-producing product. Model organism: Lactobacillus de Johanna Schmeer.

D.R.

Lo que ha cambiado, inevitablemente, es la forma de abordarlo: «En los comienzos de la historia del arte se codificaba su aspecto cotidiano, como una Polaroid», comenta el artista catalán Antoni Miralda. «Ya en Egipto se mostraban los procesos de producción (por ejemplo, el del foie gras) de forma documentada, pero también como ofrenda, con su contenido ritual inherente», dice este pionero del arte comestible, que ha dedicado gran parte de su obra a la comida como fenómeno cultural, así como a la denuncia ecológica y sostenible. «Hay que ser conscientes de lo que nos rodea. De la deshumanización de la agricultura, el comercio y la manipulación de alimentos», subraya. Las instalaciones que prepara para el pabellón español de Milán de 2015 abordan este «viaje de la comida».

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Pintura nº 201 de Kandinsky. Ensalada inspirada en ella que sirvió en Oxford para estudiar la relación arte-gastronomía.

D.R. / Kandinsky

Despertar conciencias. «El acercamiento de los artistas contemporáneos a esta temática es más directo, hay un sentido más crítico y más humano», opina Miralda, quien, por otro lado, pone de relieve otro aspecto representativo de la actualidad, y es que «nuestra relación actual con la comida es más enferma y tramposa».

Coincide con él en la necesidad de una revolución alimentaria inspirada por el arte la diseñadora Marije Vogelzang, creadora de un innovador departamento en la Academia de Diseño de Eindhoven (Holanda). The Food Non Food Department es el primer proyecto de sus características en el mundo, se inaugurará el próximo curso y pretende utilizar la comida como material artístico para cambiar la percepción sobre ésta y los procesos de producción y consumo. i

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El multiespacio Artte de Barcelona combina lo gourmet con muestras.

Lili Bonmati

Instintos sublimados. La abundancia de alimentos que vivimos hoy en gran parte del mundo hace que trascienda su utilidad básica, la de aportar energía y nutrientes, para convertirse en algo más. «Si el arte es una forma de comunicación que trata de generar mensajes, ya sean estéticos o intelectuales, la cocina también tiene ese potencial», señala el cocinero franco-colombiano Charles Michel. A él se le ocurrió la idea de estudiar las reacciones del comensal ante una ensalada inspirada en una obra de Kandinsky. Concluyó, subrayando las líneas difusas entre gastronomía y arte, que las personas están dispuestas a pagar hasta el doble por un plato con una bonita presentación artística y que ésta mejora su sabor en un 18%. «Los restaurantes de alta cocina no solo alimentan nuestro estómago, sino que también nos pueden enriquecer con ideas», apostilla Michel.

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La chef Olga Valentín ha diseñado este pintxo inspirado en una obra de Luis Gordillo.

Josu Izarra

Por su parte, la presidenta de la Fundación Arte y Gastronomía, María Luisa Zafón Molinero, argumenta que precisamente instituciones como la suya nacieron para fusionar ambas disciplinas, si bien cree que el campo artístico no se ha beneficiado tanto del trato: «En 10 años hemos conseguido que los chefs se instalen en museos con sus restaurantes, pero no hemos percibido la misma reciprocidad». Queda mucho por hacer, pero persiste un interés por este tipo de representaciones. «Sin duda, se debe a que reflejan una parte primaria y a la vez sofisticada del ser humano. Lo que nos separa de las cuevas es la forma de comer», concluye Zafón. Claro que también hay concesiones al hedonismo: «Vivimos rodeados de tentaciones y parte de nuestras vidas es movernos por el campo de minas de nuestros propios deseos», declara el neoyorquino Will Cotton. Sus cuadros, una utopía de helados y pasteles, son una declaración de intenciones. «No necesitamos arte ni dulces. Pero ésas son justo las cosas que hacen que la vida valga la pena».

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Lee Price explora en pinturas como Sleeping With Peaches la relación de la mujer con la comida.

D.R.

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