El chic francés ya no es chic

Adiós a las bailarinas, las camisetas de rayas y la sofisticación sin esfuerzo. La nueva moda gala se inspira en lo callejero y hasta en lo feo, un giro que alcanza también a la cultura y a la sociedad.

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Look de la colección de otoño invierno 2016/17 de Koché.

Despídanse de la petite robe noire. La imagen clásica de la elegancia francesa experimenta algo parecido a un terremoto. Cuando la Cámara Sindical de la Alta Costura, inmemorial institución que rige el ecosistema de la moda parisina, estableció su lista de desfiles para la próxima temporada, decidió incluir a un invitado sorpresa. Vetements, fenómeno surgido de la escena underground de la capital francesa, presentó a inicios de julio su nueva colección dentro del calendario oficial de la fashion week de París, último reducto del viejo lujo europeo y sus códigos de otra época.

Al frente, el diseñador Demna Gvasalia, el nuevo mesías de las tendencias en la capital: no solo encabeza la firma junto a media docena de estilistas semianónimos, sino que además fue nombrado director artístico de Balenciaga en octubre. Su primer desfile para esta marca casi centenaria no decepcionó. A partir del legado de su fundador, Gvasalia propuso un giro hacia la cultura urbana y el streetwear, coqueteando con el feísmo, pero sin renunciar a la comercialidad: algo parecido a la cuadratura del círculo.

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Balenciaga (o-i 2016 /2017).

Dicho fichaje certificó que algo empezaba a moverse en los cimientos de la moda francesa. La última colección de Nicolas Ghesquière para Louis Vuitton se caracterizó por un cambio similar: aparecieron tétricos bodysuits, botas militares e incluso piezas de inspiración futurista. En la misma dirección apuntan jóvenes modistos como Jacquemus, que abre nuevas vías con sus volúmenes abstractos y difícilmente llevables, o los vientos de frescura de Arnaud Vaillant y Sébastien Meyer, el dúo de estilistas al frente de la histórica Courrèges. Mientras tanto, ha emergido una nueva generación de marcas jóvenes que aúnan lujo y underground. Liderada por el flamenco Glenn Martens, Y/Project reformula el trash noventero como antídoto contra el inmovilismo de las grandes maisons. Detrás de Koché se esconde la diseñadora Christelle Kocher, quien también dirige Maison Lemarié, una filial de Chanel, a la vez que reinventa los códigos del streetwear con su propia marca. Off White es el nombre artístico de Virgil Abloh, muy próximo al rapero y diseñador Kanye West. Y Aalto, el de Tuomas Merikoski, joven finlandés formado en Louis Vuitton.

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Fotografía de Anaïs Boileau, premio del público en el festival de Hyères.

En este periodo de transición, todos han logrado encontrar su hueco. «Tras varios años de neoclasicismo y neorromanticismo, asistimos a un giro en el lujo francés. Las marcas históricas son paquidermos a los que cuesta mucho mover, pero no tienen más remedio que adaptarse a la nueva manera de entender la moda y el lujo por parte del consumidor», afirma la socióloga de la moda Émilie Coutant, que preside el Grupo de Estudios sobre la Moda de la Sorbonne (Gemode) y para quien la tendencia actual consiste en «valorizar el confort y la inspiración que vienen de abajo, de la calle». No está de más recordar al colectivo Andrea Crews, que sentó precedente durante la década pasada. Una de sus estilistas, Maroussia Rebecq, afirmó que se vestía «recogiendo ropa de la basura».

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Campaña de las galerías Lafayette titulada Le nouveau chic

Si la moda consiste en una sucesión de ciclos, el actual equipara el lujo con anoraks sobredimensionados y faldas tubulares inspiradas en carteles de Star Wars. «En la época más reciente, esta inspiración urbana resulta novedosa y rompe con un periodo de 15 años marcado por lo vintage. Pero tampoco se trata de algo nuevo», asegura Jean-Marc Chauve, profesor del Instituto Francés de la Moda y consultor para distintas marcas parisinas. «El chic francés siempre ha utilizado la calle para inspirarse y vivificarse. No hay que olvidar que Yves Saint Laurent ya lo hizo en los 60, que Chanel propuso deportivas con tacón a principios de los 90 o que Hedi Slimane se inspiró en el rock underground para sus colecciones masculinas para Dior», señala.

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Pasarela de o-i 2016/2017 de Jacquemus.

Pero ahora es el turno de Vetements, que reinventa prendas de segunda mano, a menudo de inspiración callejera o deportiva, para volver a trabajarlas como productos de alta gama. En sus colecciones, chándales salidos de un armario de los 80 conviven con sus ya míticas camisetas presididas por un logo DHL, vendidas al módico precio de 300 euros. Sus desfiles acontecen en lugares tan improbables como un restaurante chino en Belleville o un club homosexual en el Marais, lejos de los fastos de la rue Saint-Honoré y la avenue Montaigne. Sus modelos llevan el pelo grasiento, se distinguen por su andar desgarbado y son seleccionadas por las calles de barrios gentrificables como Château d’Eau o Barbès, antiguas colonias africanas donde se concentra hoy la juventud parisiense. «Tienen 23 años y son fotógrafos, músicos, modistos, camareros y peluqueros. Son libres y se niegan a obedecer», ha dicho Gvasalia.

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Un look de la colección de verano 2016 de Vetements.

EXPANSIÓN EN OTROS MUNDOS

En tiempos de incertidumbre política y conflicto social, esta inclinación por lo turbio se extiende incluso más allá de la moda. En el ámbito cultural, esa imagen idealizada de la Francia eterna, tan fácilmente exportable al resto del mundo, también empieza a verse alterada. La geografía humana del cine galo, por ejemplo, empieza a cambiar. Lo demuestran cintas como Bang Gang, que describe la existencia de un grupo de adolescentes franceses sin rumbo definido y pegados a las redes sociales; o Love, lo nuevo de Gaspar Noé, pornografía de autor sobre parisinos de adopción con trabajos creativos, pero precarios, y graves problemas de desamor e insatisfacción crónica. Fenómenos musicales como Christine and The Queens, reina del nuevo pop francés, o Hyphen Hyphen, banda de adolescentes de Niza que terminaron siendo imagen de H&M, se enmarcan en ese mismo contexto. La primera cuenta con fans declaradas como Madonna, que la invitó a actuar en uno de sus conciertos, y Lena Dunham, que la hizo sonar en Girls. Por último, la exposición de la temporada en París no transcurre en el Louvre ni el Museo de Orsay, sino en el Palais de Tokyo, un espacio de interiores posindustriales donde el enfant terrible de la literatura francesa, Michel Houellebecq, expone sus desangeladas fotografías de la periferia de las grandes ciudades.

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