Esta sudadera gris podría salvar una fábrica

La firma Victor Athletics recauda 100.000 dólares en Kickstarter para financiar su ropa deportiva responsable y reactivar un taller que ha reducido su plantilla de más de cien personas a solo cinco.

cover sudadera

“En 1980, América fabricó el 80% de su ropa en Estados Unidos. Hoy en día ese porcentaje ha caído hasta el 2%. Queremos cambiar esto”. Con esta contundente premisa comienza el video que busca el mecenazgo digital para financiar la ropa deportiva de Victor Athletics. Lo colgaron el pasado 17 de marzo en Kickstarter. Pocos días antes de terminar la campaña, ya había superado los 100.000 dólares que requería (algo más de 93.000 euros) y cerró con 123.000 dólares recaudados. El éxito ha sido abrumador. La comunidad digital ha permitido que la firma se cuele en esa reducida lista de marcas de moda (72 en total) que han conseguido más de 100.000 dólares para financiar su proyecto en la plataforma de crowdfunding y, lo más importante, le ha dado la oportunidad de desarrollar su primera colección, una apuesta por convertir la sudadera de toda la vida en emblema de la moda responsable y social.

Detrás del proyecto se encuentran cuatro jóvenes (Chris Sutton, su mujer Abby Sutton y dos amigos de la pareja: Sam Wessner y Christman Hersha) que empezaron en la industria de la moda hace tres años para salvar Michael Sportwear, un taller de confección situado en la localidad de Milledgeville (Tenessee). El negocio, regentado por Danny desde 1988, había pasado de dar empleo a 150 trabajadores a tener solo 5 en plantilla por culpa de la pérdida de clientes atraídos por la mano de obra barata en el extranjero.

Para reactivar la producción de la fábrica de Danny, los jóvenes crearon Noble Denim, una línea de vaqueros de gama alta. Ahora, siguiendo su firme propósito de mejorar la situación de los talleres locales (otras 20 fábricas de los alrededores están en la misma situación) han decidido elaborar productos más asequibles y fáciles de vender que unos vaqueros de 250 dólares. Así surgió Victor Athletics, una marca especializada en ropa deportiva de calidad a precios asequibles. Lejos de ofrecer diseños innovadores, lo que ha impulsado a sus mecenas a rascarse el bolsillo es la posibilidad de contribuir a salvar puestos de trabajo.

victor athletics

Victor Athletics

Tal y como explican en su página web, la firma se compromete a pagar salarios dignos a los trabajadores de las fábricas (el 5% de los beneficios vuelve a los talleres para invertirlo en sus empleados y combatir el impacto de la externalización), fabricar todos sus productos con materiales orgánicos (respetar el medioambiente es otra de sus prioridades) procedentes de Estados Unidos y Japón y vender directamente al consumidor, reduciendo el precio de sus prendas (una camiseta que podría costar 125 dólares podrá adquirirse por el precio de producción –65 dólares– gracias a esta fórmula). Así, defendiendo “salarios justos y precios razonables” y abogando por “cambiar el mercado dando empleo a nuestros vecinos” han conquistado el corazón de una parte de ese grupo de consumidores, en pleno proceso de crecimiento, que se preguntan por qué comprar ropa fabricada a miles de kilómetros mientras se cierran fábricas cerca de sus casas.

“A la gente le resulta más fácil comprar una sudadera, lo ven menos complicado. Estábamos tratando de encontrar un producto que estas fábricas hicieran en los buenos tiempos, por eso tiene sentido hacer ropa vintage”, explica Abby Sutton a la web especializada Fashionista. Sus sencillos diseños, impregnados del espíritu de los años 60 y 70, apuestan por colores tan simples como el gris, el blanco o el azul marino. Prendas básicas que los consumidores deseen llevar todo el tiempo y con las que conecten. “Muchos mecenas nos han escrito correos electrónicos porque tenían algún tipo de relación personal con el impacto de la externalización de la fabricación (su tío tenía un taller o la industria de su ciudad se vio afectada). Los demás simplemente se han sentido capacitados para tomar decisiones que cambien esta tendencia”, explica Sutton.

 

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Las recompensas que los mecenas digitales reciben por su apoyo al proyecto (uno o más productos de la marca dependiendo de su contribución) servirán para poner en marcha el primer pedido. Después, la enseña tiene previsto ampliar su catálogo de modelos y colores, realizar colaboraciones con otra marcas, ampliar el espectro de tallas (las peticiones les han hecho incluir XXL y XXXL en los productos masculinos) y, por qué no, diversificar su oferta más allá de la ropa deportiva si así lo demandan los clientes. Así podrán expandir su empresa y salvar otras fábricas como la de Danny.

El éxito de su propuesta es un ejemplo más de la necesidad de comprar de forma responsable. Como bien explican ellos mismos (“Victor hace que te sientas bien comprando nuestros productos”), los consumidores demandan poder comprar sin tener sentimiento de culpa. Las firmas que llegan al cliente con un manifiesto que emociona, una cartera de productos éticos y un storytelling potente van ganando adeptos. Aunque el consumo con cero impacto es imposible, las marcas de nuestro siglo llegan al consumidor apelando a sus ideales y apostando por un cambio social. Ahora, el verdadero lujo es consciente y responsable.

 

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