¿Es el gasto en lujo un capricho o una inversión?

Los expertos opinan sobre si es rentable gastar una gran suma de dinero en ropa o joyas.

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Foto: Hermès

El 28 de marzo de 2005 una de las damas con más piezas de alta costura de este país se deshacía de golpe y plumazo de cerca de 50 prendas de su vestidor. Chanel, Versace, Balenciaga… Eloísa Bercero , subastó sus prendas “porque le divertía la idea, lo pasó muy bien” asegura seis años después Consuelo Durán, directora de la conocida casas de subastas madrileña Durán y tasadora de aquella colección. A aquella subasta, que desde la casa aseguran que fue un éxito aunque algún periódico entonces la consideró un fracaso, acudieron medios de comunicación, curiosos, compradores, verdaderos coleccionistas de arte y hasta el Estado. ¿Alguno de ellos con intención de invertir en el sentido más financiero de la palabra?

“Invertir en moda no es una inversión en un bien que cotice en ningún mercado por lo tanto es difícil valorar si rentabilizará el bien o no en el sentido estricto de la palabra. El valor, sin embargo, está en la posesión de una pieza única o singular de algo que raya lo que consideramos como arte”, explica María José Molina, del Instituto Superior de Empresa y Moda (ISEM).

Esta experta en moda pone como ejemplo el clásico bolso Kelly de Hermès, pongamos que heredado de nuestra abuela: “Aunque este artículo tuviera un precio puesto en el mercado no tiene el valor real del disfrute de una experiencia exclusiva, de la posesión de una pieza única que pervive con los años y que, por su historia, gana valor.” Bien lo saben por ejemplo desde la casa de subastas Christie’s en Londres. Un portavoz de la célebre casa de subastas nos cuenta que de forma regular (unas dos veces al año) celebran subastas de lotes de bolsos Hermès bajo el título de Elegance auction (subasta elegante). La próxima será el 16 de noviembre y en ella intentarán colocar un total de 60 bolsos con precios de salida que van desde las 1.500 libras a las 28.000 libras. En este caso, confirman desde la casa, el perfil es distinto a aquel que acude a subastas de alta costura: “Son señoras que los compran para utilizarlos en su día a día y son siempre un éxito”.

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Bolso Birkin, de Hermès.

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De hecho, en este tipo de subastas los precios no tienen por qué haberse incrementado ya que 'per se' no existe ningún elemento que los haga crecer en valor monetario. “La alta costura y las piezas de lujo en sí tienen un valor,  pero el precio no aumenta a corto plazo. Tiene que pasar mucho tiempo para que se considere una inversión, para que se saque dinero de ello. También depende del concepto que tengas de inversión: para una persona que lo que quiere es hacer dinero rápido, desde luego esto no vale”, sentencia Consuelo Durán. Algo en lo que coinciden más expertos: según recoge la revista Business Week, el joyero Roberto Chiappelloni estima en 20 años el tiempo mínimo que tiene que pasar para, al menos, recuperar la inversión realizada en un reloj de lujo.

Consuelo Durán habla desde la experiencia de ser la única casa que ha realizado subastas de prendas de lujo en España. Ahora, aunque desde 2006 no ha realizado ninguna subasta ex profeso de prendas de moda (la última fue una colección de zapatos intactos de Manolo Blahnik), sigue incluyendo en sus ventas mixtas algunos abrigos de piel que le llevan algunas vendedoras. “Los abrigos de piel los solemos poner entre 600 y 800 euros”, un precio bastante menor al que se supone que fueron comprados. Las subastas de este tipo de lotes mixtos (que incluyen varios objetos que ofrece una misma persona, desde cuadros hasta abrigos), dice, han aumentado desde que se inició la crisis económica en 2008. Ahora bien, el número potencial de compradores y las pujas, han descendido en la misma proporción prácticamente y desde el mismo momento.

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Botines de Manolo Blahnik de la colección primavera verano 2012.

Getty Imges

La figura del mito

La clave para la revalorización de las prendas de moda y joyería está en la exclusividad de la prenda, la talla del diseñador (suele ayudar que haya muerto y se haya convertido en mito, como ocurrió con Alexander McQueen), pero sobre todo en la persona que lució la ropa o la joya en vida. Desde Christie’s recuerdan con especial cariño el binomio Audrey Hepburn-Givenchy. Aquel vestido negro de Desayuno con diamantes alcanzó los 900.000 dólares a finales de 2006 y fue a parar a las manos de un coleccionista privado. Una cifra, al fin y al cabo, bastante elevada para un vestido negro.

Probablemente no quede mucho para que se vuelvan a ver esas cifras en una subasta de prendas de vestir. El próximo mes de diciembre la célebre casa subastará durante varios días el legado de la desaparecida Elisabeth Taylor. Con su colección de 269 joyas que se subastarán el próximo 14 de diciembre, la casa estima alcanzar los 30 millones de dólares, con verdaderas obras de arte como el collar de perlas y rubíes de Cartier que le regaló Richard Burton (que en su día adquirió la pieza principal de este collar por 37.000 dólares) con el que esperan obtener de 2 a 3 millones de dólares. 

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Conjunto de joyas formadas por diamantes y rubíes de la colección de Elizabeth Taylor.

Christie´s

Otra parte de su legado es su colección de ropa, tanto pret-à-porter como alta costura. En tota, cerca de 400 prendas saldrán a subasta en la sede de Christie’s en Nueva York. Un vestido rojo de Valentino, un Christian Dior blanco de organza de la colección primavera/verano de 1987, un Gianfranco Ferré, un Givenchy, un Halston, un Tiziani… En suma, cinco décadas de vestidos ofrecidas al mayor mitómano. O al mayor (y más pudiente) coleccionista de alta costura.

A pesar de que las subastas de ropa no son algo nuevo (desde Christie’s aseguran que en los años setenta ya hicieron una muy “divertida” de trajes de Chanel), la tendencia es que este tipo de acciones vaya en aumento. La casa londinense tiene un departamento específico de moda,  la firma Sotherby’s posee una casa de subastas solo para ropa llamada Kerry Taylor y en España, aunque no sólo se dedican a ello, la más conocida para piezas de moda es Durán y para joyería Ansorena, según detallan desde el Instituto Superior de Arte (IArt).

Cristina Salas, profesora de IArt y tasadora de arte, cree firmemente que poco a poco la moda va a ir ganando terreno como pieza de inversión y dentro de las subastas tal y como ya lo está haciendo en los museos. Aunque reconoce que las subastas de moda por ahora son “algo muy puntual”, cree y espera que vaya a más: como aficionada al mundo de la moda que es se pregunta: "¿A quién no le gustaría tener un Hermès teniendo en cuenta las listas de espera que hay?”

Balenciaga: de la subasta al museo

Otra de las subastas de las que Consuelo Durán fue la encargada de poner a la venta fue una colección de trajes de Balenciaga de los años cincuenta. “Pertenecían a la madre de la mujer de un diplomático”, explica Consuelo. Según la hemeroteca de entonces, 2003, la mayoría de las piezas las acabó comprando el Estado ejerciendo el derecho a tanteo y por un precio seguramente mucho menor al que fueron compradas (en la subasta se pagaron 10.226 euros por 16 vestidos) “y ahora lucen en el Museo del Traje”. Y eso que algunos tenían el valor extrínseco de haber sido lucidos en la boda de Juan Carlos y Sofía, entonces príncipes, y en la de Fabiola y Balduino.

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Dos piezas expuestas en el Museo Cristóbal Balenciaga.

GTresonline

Y es que, según relata la experta en arte, hay dos tipos de personas que acuden a estas subastas a comprar: “la gente interesada en coleccionar y la gente que quiere comprarlo para ponérselo”, la tercera que aparece por ahí suele ser el Estado que nutre así el patrimonio nacional. en ningún momento los expertos nombran al típico inversor que espera sacar una rentabilidad inmediata. “Hablamos más de coleccionista que de inversor”, sentencian desde Christie’s.

Ese coleccionista, según relató François Curiel, director internacional de joyería y presidente de Christie Asia, cuando presentaron la subasta del legado de Elisabeth Taylor, debe acabar poseyendo las piezas que subasten de la actriz el próximo diciembre. “Elizabeth Taylor siempre había planeado ofrecer su colección de joyas en una subasta y espero que el próximo propietario de cada una de estas piezas icónicas disfrute y respete estas joyas, tanto como ella lo hizo, y como ella misma dijo, 'se les dé un hogar muy bueno'".

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