Amparo Llanos: “Se criticaba más a Dover por ser mujeres. Lo tengo más claro que el agua”

"En España todavía te miden por el 'Libro gordo de Petete' de la crítica patriarcal". Charlamos con la artista, que toca hoy en Barcelona con su nueva banda, New Day, como teleneros de la gira Pussy Riot.

Amparo Llanos: “Se criticaba más a Dover por ser mujeres. Lo tengo más claro que el agua”

Amparo Llanos, Jota Amirjo y Samuel Titos (en el centro), son New Day. Foto: Mushroom Pillow/ Jordi Santos

“No quería quedarme en mi casa y decir: ‘Pues nada, como ya se acabó Dover me dedico a mis labores’. O hago música o me muero”. El nuevo grupo de Amparo Llanos, New Day, saca en marzo su segundo LP (Fever, Mushroom Pillow). Debutaron con llenazo en el mítico Wurlitzer de Madrid poco después que se separara Dover, la histórica banda que lideró junto a su hermana Cristina entre 1992 y 2016, responsable de himnos que transitan entre el rock alternativo (Devil came to me) al pop electrónico (Let me out). “Llamé a Samuel (se refiere a Samuel Titos, bajista de Dover) y le dije ‘Tío, ¿tú quieres montar otro grupo conmigo?’. Me dijo que sí y listo”. El trío lo completa el batería Jota Armijos (ex Fuckaine). “Nuestro objetivo es tocar. Es una necesidad existencial. Aunque sea incómodo, cansado o aunque nos vaya a ir fatal. Aunque de aquí a tres años esté en mi casa otra vez. Me da igual. Tenía que hacerlo, tenía que seguir en un grupo. Mis mejores recuerdos son de gira, en una furgo o un sleeper de ruta por Europa”, repite energética al otro lado del teléfono.

New Day está de gira con Pussy Riot. Son teloneros en España del proyecto teatro-punk basado en el libro Riot Days de María Alyokhina, que también dirige la performance. Empezaron en Bilbao el miércoles y hoy tocan en Barcelona. “Los Pussy Riot, porque aquí también hay dos chicos, nos tratan con mucho cariñito”, explica a punto de ensayar en Madrid. “No hemos tenido mucho tiempo para hablar con ellos porque sus horarios están muy milimetrados y el carácter ruso es un poco distinto al español, pero en unos días seguro que nos conocemos mucho mejor. Hacen un show estupendo y es fantástico ver a todas esas chicas de todas las edades asistiendo a un proyecto tan combativo”, cuenta.

El show de Pussy Riot es muy crítico con la política y el poder, ¿sientes que también hay represión con la música en España?

Es distinto. En España sí que existe como una línea a seguir si quieres que los medios te hagan caso. Para mí, ha sido el idioma. Parece que suene a subversivo lo de cantar en inglés o en cualquier otra lengua que no sea el español. Pero no creo sea  la misma situación que la de Pussy Riot. Claro que ese depende a quién le preguntes y dónde lo preguntes. Si te vas al País Vasco, por ejemplo, allí esto lo viven de otra manera.

Han cambiado muchas cosas desde el fenómeno Dover en cuanto a ventas, métodos de escucha o la necesidad de directos para sobrevivir. ¿Te sientes cómoda en este nuevo universo comercial de la industria?

Yo me siento cómoda porque yo vivo abstraída en mi mundo. La última grabación del disco fue en septiembre y me había pasado nueve o diez meses aislada. Mi manera de estar en el mundo es así. Me da un poco igual todo. Si te digo la verdad, la industria es la industria y el artista es el artista. Y esto es así ahora y hace 20 años. Las fricciones que hubiese podido tener entonces son bastantes similares a las que pueda tener ahora porque en realidad es una cuestión de hacer las cosas, de carácter. Y sí se me dicen que ahora hay que hacer 15 conciertos, pues yo, la verdad, digo: ‘¿Y por qué no hacemos 30?’. A mí me encanta el mundo de la furgo, el directo y las pruebas de sonido. Ahí es donde soy feliz.

Tras publicar Sunrise en 2017, New Day vuelve a la carga con un próximo LP que lanzarán en marzo, Fever. Foto: Mushroom Pillow/ Jordi Santos

Contaste en La Resistencia que Dover fue un grupo muy polémico al que se le trató de forma distinta por el hecho de “ser mujeres”. ¿Por qué?

Yo lo tengo claro y mi hermana Cristina también. Pues porque vivimos en una sociedad patriarcal y en las sociedades patriarcales aquello que hace el hombre se valora más y tiene muchísima más autoridad que lo que hace la mujer. Si una mujer hace lo mismo que un hombre, se valora menos. Y muchas veces ya no es que sea así, es que es visto como una transgresión. Franqueas lo que se espera de tu papel como mujer y la sociedad te dice: ‘¿Cómo te atreves?’. David Bowie puede hacer un disco lleno de música electrónica pero tú, tú no. Blur puede marcarse un disco norteafricano, pero nosotras no. Y digo nosotras porque nosotras en Dover éramos las que componíamos, las que se nos ocurrían los cambios estéticos y creativos. Hubo gente a la que le gustaron esos cambios, simplemente escuchaban el Let me out y se ponían a bailar y les encantaba. Luego había mucha gente que lo criticaba, por internet y demás, por el hecho de que somos mujeres. Lo tengo más claro que el agua.

Tendréis muchas anécdotas sobre el sexismo cotidiano que habéis sufrido.

¡Muchísimas! Desde ligeras percepciones de cómo te miraban o trataban los hombres de éxito de otros grupos de música o de otras profesiones. Como, por ejemplo, deportistas. En galas de premios y así nos encontrábamos con que, hacia Cris y hacía mí, había una mezcla de interés por lo que hacíamos pero con una distancia, como si fuésemos algo amenazante para ellos. Parecía que no éramos del todo mujeres, porque ese no es el tipo de chicas que tenían en la cabeza o que ellos esperaban.

Luego hubo momentos estelares. Por ejemplo, en un Viña Rock donde dimos un concierto buenísimo y una leña increíble. El público estaba dando saltos y botes, como locos. De repente, en las primeras filas, un grupo de chicos empezó a gritar ‘¡Rubia de bote, chocho morenote!’. Yo me lo tomé como un insulto tremendo. Esos chicos me estaban marcando, me estaban diciendo: ‘No, tú no eres una guitarrista que nos estás metiendo una zurra aquí con tu hermana y nos estás dejando baldados de dar brincos. No. Eres un chocho morenote y una rubia de bote’. Marcaban el territorio. Fue un buen concierto, pero se me quedó grabado.

También recuerdo una anécdota en DF, en México en el año 1999 o 2000. Fuimos a un festival muy famoso que era el segundo año que se hacía. Éramos como el cuarto o quinto grupo de la tarde. Al salir, justo antes de empezar a tocar, mientras colocábamos el backline, el público empezó a arrancar como una especie de plástico del suelo que emulaba al césped y lanzárnoslo al escenario aunque no habíamos tocado ni una nota. Cris dijo que ni de coña nos íbamos del escenario, que no estábamos haciendo nada malo y que tocásemos. Hicimos la media hora de concierto acordada y casi salimos en camilla de la que nos cayó encima, porque no pararon en todo el concierto. La explicación que nos dieron los promotores, al acabar y durante todo el día siguiente porque llegamos a salir en los diarios por no haber bajado, es que el público tiene la tradición de que si te quiere sacar del escenario, protestarán para hacerlo. A nosotras nos lo hicieron nada más vernos y sin llegar a tocar. No lo comprendíamos. Nos aclararon que fue porque “no estaban acostumbrados a un grupo de guitarras con chicas”. Vamos, que no cayó bien que las dos hermanas estuvieran metiendo caña ante un público multitudinario. Mi hermana dijo que no volveríamos a tocar en México. No volvimos.

La mirada de la prensa y crítica musical, en vuestra época, además, era muy masculina.  

¡Muchísimo! Con Dover la prensa quiso invisibilizarnos. Una parte quiso convertirnos en una especie de anomalía en el sistema, ‘las raras’. Fue porque somos chicas. Hace unos años, cuando me leí el ensayo de Joanna Russ sobre cómo se excluye a las mujeres de la historia, me di cuenta de que eso era lo que nos había pasado: nos definieron como una falla, una anomalía del rock, por lo que no podríamos encajar en ninguna antología de su música. Y eso es terrible, porque hace que las chicas jóvenes que empiezan no tengan tradición para mirar atrás.

El sistema patriarcal juega con eso, haciendo creer a las elegidas que sí, que tú eres la que va a estar de moda y que te va a dejar estar dentro de este mundo masculino. Tú te sientes muy especial y crees: ‘¡Ay, qué maravilla, si es que soy superior al resto de las mujeres. Si es que he sido la primera!’. No te das cuenta de que te va a pasar como a las que estuvieron antes que tú, porque tú no las conoces. Porque no existe esa tradición. En la sociedad patriarcal los hombres sí que la tienen, sí que miran atrás y dicen ‘cómo molaba Nirvana, cómo molaba Jimmy Hendrix, cómo molaba este y el otro’. Y en cambio nosotras no, porque se te entierra antes de tiempo. Creo que es importantísimo que las chicas jóvenes puedan tener referentes femeninos.

Dos fotos promocionales de Dover a lo largo de su carrera.

¿Tenéis tú o tu hermana la sensación de que quizá si Dover hubiese existido en 2019 os hubiesen tratado de forma distinta?

No lo creo. En España, a nivel de cómo se percibe a las mujeres en la música, creo que ha cambiado muy poco. Un poquito, quizá, pero no tanto. Lo noto con las Hinds, que es un grupo estupendo. Son buenísimas. Tienen un sonido propio increíble y un éxito en el extranjero brutal que ya lo quisiera cualquier grupo de tíos en España y se las sigue tratando como si no contaran. ‘No cuentan. Es que no saben tocar’ (imita un tono quejica). Pero, a ver… ¡qué dices! No tocarán como tú, tío. Son mujeres jóvenes que están empezando a hacer música como la ven ellas y a tocar como quieren ellas, no como tú les dices que tienen tocar. Haciendo escalas aburridísimas y cosas de esas que hacen muchos grupos de tíos. Tocan a su manera y tienen un valor tremendo.

Las critican porque no siguen sus normas.

Sí, es como que al ser un rasgo personalidad propio de las mujeres no lo entienden. Porque claro, aquí la norma es masculina y patriarcal. Ellos son los que tienen que dictar cómo es el éxito. Normalizar a las Hinds como se ha hecho en el extranjero es más difícil, porque aquí hay que seguir El libro gordo de Petete escrito por el patriarcado musical.

¿Pasó igual con Dover?

Cuando lo petamos con Devil came to me a la gente le daba igual que fuésemos mujeres o no. La ventaja que hemos tenido Cris y yo a lo largo de nuestro de carrera es que pillábamos a la gente por sorpresa. Las críticas llegaban más tarde, pero ya era tarde, ya se la habíamos calzado. También pasó con Let me it out. Yo ahora creo es un momento estupendo para las chicas jóvenes que empiezan. Veo que hay muchísimas tocando de la forma que les corresponde por derecho. Me encanta.

Fuisteis una banda de estilos muy permeables. Si hubiese sido en esta época, ¿os hubiese seducido el trap?

Yo creo que no. He escuchado algo de trap muy recientemente. Samuel me ha hablado de este estilo porque yo vivo en mi mundo y no me entero de lo que no me interesa, pero a mí no me va. Nada. ¿Rosalía no se considera que hace trap, verdad?

No, no se define como trapera.

Ella sí que me parece interesante, pero todo esto del autotune no me interesa nada. Por ahí no habríamos experimentado.

¿Podría repetirse un fenómeno como Dover hoy en día?

Sí, claro, pero las canciones tienen que ser muy buenas. Nosotros rompimos de aquella manera porque hicimos algo que no se estaba haciendo en España. Además resultó que era un momento propicio para cantar en inglés. No lo sabía nadie, ni el propio establishment musical, pero fue así. Puede volver a pasar. Cuanto más integristas se ponen con el español, cuanto más se quiere privilegiar y condicionar desde festivales que se cante de una forma, más se cuece por debajo ese estilo que les explota. Y digo en inglés, porque eso de que los que mandan en la música no entiendan lo que dices tiene un punto subversivo.

Jesús Antúnez en una entrevista en Ruta 66: “Los últimos años con Dover fueron muy complicados y desagradables en muchos aspectos. Nostalgia ninguna. La relación es inexistente desde septiembre de 2015”. ¿Qué le dirías?

A él no le diría nada. Yo no recuerdo los últimos años de Dover como algo desagradable. Sí que fue una época, y lo he dicho muchas veces, triste y dolorosa. Era una separación que teníamos hacer, especialmente Cris y yo, que habíamos sido un tándem imbatible. Si nos atrevimos con tantas cosas fue porque teníamos una relación simbiótica artística muy potente. Fueron tres años tristes, la verdad. No tengo nostalgia porque no la he tenido nunca y Cris tampoco. Somos de mirar hacia adelante. Lo que me llevo de esa ruptura es que para Cris y para mí fue muy importante terminar el grupo, pero seguir unidas. Ya no la veo todos los días, porque al que veo todos los días es a Samuel, pero Cris es nuestra fan número uno. Seguimos estando tremendamente unidas. Hoy viene al concierto de Madrid, por ejemplo. Yo, de todo lo que pasó, tengo una sensación muy buena del grupo. No quería terminarlo, pero sabía que tenía que acabar.

Llanos, en un concierto de Dover en 2012.

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