El trueque se apodera de Internet

Frente a la crisis, Internet propone un mercado más humano donde cualquiera puede ganar dinero intercambiando lo que ya posee.

Trueque

Foto: Album Online

Con la recesión económica, lo más acertado que podemos hacer es sacar provecho de las cosas que tenemos a través de las redes sociales», dice desde Nueva York Ron J. Williams, fundador de SnapGoods. En su web, que arrasa en EE UU y pronto desembarcará en Europa, cualquiera puede alquilar a un desconocido una bicicleta, una máquina de coser o un taladro. El usuario tendrá lo que necesite durante un tiempo determinado y su dueño, un extra por arrendar algo que no necesita en todo momento. Las cifras no son desdeñables. Según Williams, «si eres un fotógrafo y alquilas tu equipo, puedes ganar unos 1.000 dólares al mes».

Esta idea del consumo colaborativo o economía P2P la puso de manifiesto en 2010 la estadounidense Rachel Botsman en su libro What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, donde plantea un cambio cultural y económico: sustituir el consumismo frenético por el alquiler o el trueque. Una idea romántica y militante que engloba desde la llamada «economía del regalo», con portales en nuestro país como Nolotiro o Segundamanita –una suerte de almacenes de reciclaje con espíritu de donación–, hasta servicios para compartir asientos vacíos en los coches, como Amovens, Carpooling o Blablacar. La reina de estas plataformas es la californiana Airbnb, donde cualquiera puede arrendar su casa a un desconocido y cuadrar sus cuentas a fin de mes. Pero frente a las ganas de obtener un inmediato sobresueldo, se debe perder primero el miedo a prestar lo propio a un desconocido. Las diferentes plataformas cuentan con servicios de garantías e identificación y algunas están ligadas a Facebook para añadir la confianza del «cara a cara» virtual. «La primera vez es cuestión de valentía», señala Mar Alarcón, fundadora de SocialCar. Esta emprendedora ha creado en España la primera comunidad online para alquilar coches particulares. Tras un año en funcionamiento, tienen una flota de 1.500 coches y unos 6.000 conductores inscritos.

«Los usuarios están dejando de consumir y comprar tal y como se había establecido y estamos entendiendo que tenemos que compartir los recursos», sostiene Albert Cañigueral, del blog www.consumocolaborativo.com, desde donde coordina el aterrizaje a España de esta tendencia. Según él, «regresamos a los comportamientos de nuestros abuelos, que se prestaban entre ellos todo tipo de cosas». Y, aunque no se tengan bienes que alquilar, bien valen las mañas o la fuerza de trabajo. En EE UU, Taskrabbit conecta a personas para resolver distintas tareas a cambio de dinero: desde montar un mueble de Ikea hasta arreglar un enchufe. Su reflejo en España es la comunidad Etece, que, frente al libre autoempleo de los países sajones, aquí se ha tenido que adaptar a las leyes laborales y recurrir a una cartera de 200 profesionales autónomos para ofrecer chapuzas domésticas a través del portal, según comenta su fundador, Ramón Blanco. «Estos servicios se van a ordenar en Internet y serán un sector importante de la economía en una década, igual que lo ha sido el e-commerce». Se trata de una nueva revolución.

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