El significado real de “la arruga es bella”, la frase que convirtió en mito a Adolfo Domínguez

El diseñador gallego, que acaba de ganar el Premio Nacional de Moda, ha demostrado que sus prendas tienen una cierta dimensión intelectual, como él mismo.

El significado real de “la arruga es bella”, la frase que convirtió en mito a Adolfo Domínguez

A la izquierda, imagen de la campaña 'La arruga es bella' de 1984. A la derecha, Penélope Cruz posando para la firma en el 89. Foto: DR

La primera prueba de que Adolfo Domínguez es un genio de la moda es la más obvia: un hombre que consiguió crear un imperio textil sobre la revolucionaria idea de que las arrugas no necesitan ser aniquiladas, eliminadas, sino que forman parte de la belleza natural de la ropa no necesita otro calificativo.

Nacido en 1950 en Ourense, su vocación nació durante un viaje a Inglaterra, en el que quedó impresionado con el nivel de industrialización del país y la forma en que las islas británicas habían conseguido hacer de sus tejidos una de sus señas de identidad. Con esa cantinela regresó a su Galicia natal a principios de los ochenta. Era en esa misma época cuando otro visionario, este italiano, llamado Giorgio Armani, ya había conseguido dignificar ante todo el mundo la reputación de las prendas clásicas, elegantes sencillas, casi minimalistas y minimalistas: él se atrevía a hacer de los cortes holgados -que ahora conocemos como oversize pero que entonces no tenían ni siquiera una reputación- en una señal de clase y buen gusto. La comodidad, por primera vez en la historia de la moda, era absolutamente sexy y sinónimo de moda. En la estela de esta misma idea se puso a trabajar Domínguez pero él escogió como símbolo de la informalidad bien entendida y del confort chic los pliegues naturales de los tejidos de buena calidad que no han pasado por el cuarto de planchado.

Él mismo lo explicó así en su día: “Para mí, la manera en que vestimos refleja lo que somos. Y en cada rostro está escrita la historia de cada ser humano. Quise que mi ropa fuera una segunda piel y de ahí mi eslogan de ‘la arruga es bella”. Con esta declaración de intenciones, Domínguez no solo demostraba que la moda en la que creía era una que se crear para vivirla y disfrutarla, sino que además, sus prendas tenían una cierta dimensión intelectual, como él mismo, un erudito que nunca ha ocultado su pasión por el cine, la literatura y el arte. Una chaqueta que pasaba por sus manos no era solo una chaqueta: era una chaqueta de Adolfo Domínguez.

Adolfo Domínguez en la Feria del Libro de Madrid de 2019. Foto: Getty

Sobre esa idea y esa ética construyó sus dominios: 700 puntos de venta repartidos por medio mundo en régimen de propiedad y en franquicia, en los que se comercializan prendas femeninas, masculinas, accesorios, perfumes y cosméticos. La firma está presente en 48 países y sólo en España tiene 470 puntos de venta.

Se acaba de conocer que Domínguez es el merecedor del Premio Nacional de Diseño de Moda de este año, que concede el Ministerio de Cultura. Un galardón que está dotado de 30.000 euros. El diseñador gallego lo recibe días después de conocerse que ha dejado su cargo como director creativo de la firma que lleva su nombre en manos de su hija pequeña Tiziana Domínguez. Otra de sus hijas, Adriana, fue nombrada consejera delegada en mayo de 2018, diez meses después de ocupar el puesto de directora general de la empresa. Habrá que ver ahora si ella reinventa el eslogan que su padre hizo célebre o simplemente le da una nueva vida.

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