El lado oscuro de la purpurina: no todo brilla tanto como parece

Aumenta el debate sobre la regulación de este material, omnipresente en la moda y en Internet, por su posible impacto ecológico en el ecosistema marino.

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Varias marcas se han sumado a la iniciativa de crear una purpurina sostenible y biodegradable. Foto: Eco Glitter Fun

En el maquillaje, en la ropa, en bolsos y zapatos, en papelería y hasta en cápsulas vaginales. También en los hashtags de La Vecina Rubia. La omnipresencia de la purpurina deja un rastro centelleante sobre la pasarela y las redes sociales: “Es la superestrella del look actual” ha llegado a decir de ella el make up artist Michele Magnani, erigiéndola, junto a otras firmas, a protagonista de muchas de las propuestas de belleza para la próxima primavera. En Instagram, la ya célebre app Kira Kira se presta a las bondades del ‘brilli brilli’ entre las cuentas más populares de la moda y otras se han hecho famosas gracias precisamente al uso que hacen de ella, como la de la artista Sarah Shakeel, cuya obra se viralizó por utilizar el ‘glitter’ para elevar las estrías a categoría de arte.

Mientras frases como “las penas con purpurina son menos penas” no dejan de acumular ‘me gustas’ en Internet, hay ciertos sectores que se están rebelando contra el uso indiscriminado de estos destellos. El verano pasado varios ginecólogos llamaron a la cautela por la incipiente tendencia relacionada con las Passion Dust, unas píldoras con purpurina que se introducían en la vagina para que luciese y supiese mejor: “La vagina contiene un delicado equilibrio de bacterias beneficiosas que están ahí para protegerla. Si una mujer introduce objetos extraños en ella, corre el riesgo de alterar ese equilibrio, lo que podría llevar a infecciones como vaginosis bacteriana o candidiasis vaginal o inflamación”, recogía The Independent.

En noviembre salió la noticia de que la cadena británica de guarderías Tops Day había prohibido este material artístico por los peligros que entrañaba para el medio ambiente. Fue precisamente en este mes cuando saltaron las alarmas sobre la posible prohibición de la que se hablaba entre varios científicos como la antropóloga medioambiental Trisia Farrelly, que atrajo la atención medios internacionales a raíz de una entrevista que concedió al medio Stuff.  ¿La razón para estar vetado? Ser considerado un microplástico que puede poner en peligro el ecosistema marino.

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Botes de purpurina de Eco Stardust. Foto: Facebook Eco Stardust

Anatomía del ‘glitter’

Quizás no todo el mundo lo sepa, pero esos minúsculos destellos que tanto interés demuestran a menudo suelen estar elaborados con plástico. Concretamente, aluminio y tereftalato de polietileno (PET). Para encontrar una razón a la materia prima, habría que remontarse a 1934, cuando Henry Ruschmann, un maquinista de New Jersey (Estados Unidos) ideó una manera de pulverizar plástico para crear grandes cantidades de glitter. Llegó a fundar una empresa, Meadowbrooks Inventions, que a día de hoy se considera “el mayor productor, distribuidor y exportador de purpurina del mundo”. Su popularización en el sector de la belleza llegaría en los años 60, cuando algunas firmas añadieron estos brillos a pintalabios, sombras o polvos, inspirados por los vestidos cubiertos de lentejuelas de Pierre Cardin.

Al problema de estar hechos de este material que tarda cientos de años en degradarse se le añade su minúsculo tamaño. Los microplásticos, con un diámetro inferior a los 5 milímetros (como un grano de arroz), están provocando muchos quebraderos de cabeza por sus consecuencias para los ecosistemas marinos. ¿Por qué unos trozos tan pequeños de plástico provocan tanta preocupación? Porque se sabe que sus efectos pueden ser mayores que los de los macroplásticos. Celia Ojeda, responsable de campañas de Greenpeace España, explica a S Moda que estas partículas que fácilmente llegan a los océanos a través de las vías fluviales “se quedan en suspensión en las primeras capas del agua, y entran en la cadena trófica porque los peces las ingieren. Muchas veces se encuentran microplásticos en los estómagos de los peces e incluso en sus larvas. Los peces se están desarrollando con los microplásticos”. Hay especies marinas como los mejillones o las ostras, que los ingieren al alimentarse por filtración, mientras que otros los asimilan a través de la ingesta de presas contaminadas o cuando los confunden con alimento. Los cangrejos, por ejemplo, los inspiran a través de las branquias e ingieren a través de la boca, como los peces.

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Aún se desconocen los efectos que puedan tener los microplásticos en el ser humano. Foto: Eco Glitter Fun

A esto se le añade, según Estíbaliz López-Samaniego, responsable de medio marino de la asociación Vertidos Cero, la capacidad que tienen estos minúsculos plásticos de “adsorber y acumular contaminantes en su superficie. Son los más peligrosos, los persistentes”. Se refiere a la propiedad que tiene el plástico para ‘atraer’ compuestos químicos que se acaban adhiriendo a él y que luego “libera”.

Un dato que facilita Greenpeace para comprender el alcance de todo esto: del 21 al 54% de todos los fragmentos de microplásticos del mundo se encuentran en la cuenca mediterránea. La densidad de plásticos que tiene el Mediterráneo es comparable a la de zonas de acumulación del Pacífico (llamadas ‘sopas de plástico’): una pieza por cada 4 m2, y se estima que existen 1.455 toneladas de este material flotando en sus aguas. Entre 4,8 y 1217 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año.

Además, sigue muy pendiente la tarea de reciclado: en 2014 en Europa solo el 30% del plástico que llegó a los sistemas de gestión de residuos fue reciclado. El 40% se incineró y el 30% acabó en vertederos. Al ser muy difícil la gestión en el caso de los microplásticos porque se acaban “filtrando a través de las depuradoras”, Ojeda habla de “restricciones a la producción” incluso en prendas de poliéster: “Está en la mayoría de la ropa y son fibras de plástico que se desprenden en forma de microplástico con cada uno de los lavados”.

Todavía se desconoce, señalan desde Vertidos Cero, los efectos que puedan tener sobre el ser humano, ya que es un tema que se encuentra “en plena fase de investigación”. Además “la bioacumulación es muy lenta, por lo que es muy difícil de demostrar” añaden en Greenpeace. Uno de los estudios que trata de arrojar un poco de luz al respecto fue el que sacó hace unos meses Orb Media. Entre sus conclusiones, reveló que era patente la contaminación por microplásticos en el agua de grifo de varios países.

Pero, ¿qué dice la legislación? Los microplásticos de algunos productos cosméticos como dentífricos o exfoliantes, también conocidos como microesferas, ya están prohibidos en algunos lugares. En 2015, por ejemplo, Illinois fue el primer estado de Estados Unidos en impedir la producción y venta de productos con estos componentes, y le secundaron otros como California. Reino Unido hizo efectivo el veto a su prohibición el 9 de enero y pretende extenderlo a sus ventas hacia  julio de este año. El propio Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente desarrolló una campaña internacional contra las microesferas, Beat the Microbead, con app incluida, para facilitar la labor a los ciudadanos en la detección de productos que las contengan. Por otro lado, hace tan solo unos días la Comisión Europea aprobó la primera estrategia europea sobre el plástico, entre cuyas medidas incluye restringir el uso de los microplásticos en los productos.

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Los microplásticos de la purpurina, un material muy usado en maquillaje, Foto: Getty

Las medidas que se están tomando

La firma de cosméticos Lush ha anunciado que desde el 1 de enero se ha comprometido a utilizar un nuevo tipo de mica sintética en sus productos: “En vez de llenar tu bañera con plásticos que no son biodegradables y que son potencialmente tóxicos para la fauna marina, puedes sentarte y disfrutar de tu baño con la certeza que no tendrá impactos negativos para el medio ambiente”, explican en su web.

Sin embargo, una afirmación tan rotunda tiene una ‘zona gris’, y es precisamente la de la purpurina. Robert Thompson, biólogo marino de la Universidad de Plymouth, llevó a cabo una investigación en la que encontró partículas de microplásticos en un tercio de los 500 peces que examinaron de los canales ingleses, “pero nada de purpurina”: “Está claro que algo de glitter escapa al medio ambiente, pero no tenemos una idea clara de cuánto” aclara para S Moda.

Desde la Marine Conservation Society de Gran Bretaña, Sue Kinsey incide en la idea de que “la purpurina es solo una pequeña parte de la carga de microplásticos que llega a los cauces de agua y al mar”, aunque medidas como la que se tomó en la cadena inglesa de guarderías que prohibió su uso “son pasos hacia algo más grande”. Para Thompson, la acción voluntaria de la industria para reducir las emisiones es clave, y más que un tema de prohibición, se trata de un tema de equilibrio entre “el beneficio que aporte a la sociedad, la cantidad usada, la vida de uso que tenga, su escape potencial al medio ambiente y otras alternativas que aporten brillo pero se degraden más rápidamente”.

Ecoglitter, una purpurina biodegradable

Aparte de la falta de estudios concluyentes al respecto, otra objeción con la que se podría rebatir el tema de la prohibición del glitter es la iniciativa que ha surgido entre varias marcas de crear una purpurina que sea mucho más respetable con el medio ambiente.

Detrás de ellas a menudo se encuentran personas apasionadas por la purpurina, pero consecuentes con el cuidado  del planeta, como Kat Senior, que fundó su empresa EcoStardust en agosto de 2016 buscando precisamente una alternativa a la purpurina convencional: “Quería crear un negocio que tuviera un compromiso con la sostenibilidad. Trato de evitar el plástico lo máximo posible y nuestro próximo paso es vender glitter en tarros y bolsas biodegradables”, relata desde Bristol (Reino Unido).

Sus productos, que pueden encontrarse en la web de ASOS, desechan el PET con el que está elaborada la purpurina que conocemos. En su lugar, recurren a la celulosa como materia prima, principalmente de “árboles de eucalipto sostenibles que no han sido modificados genéticamente”. En BioGlitz, el proceso de elaboración pasa por transformar esa celulosa en una especie de plástico de origen vegetal, que se cubre con 0,1% de aluminio y pigmentos cosméticos. Los rollos se envían a un cortador de precisión, y las piezas se ‘atrapan’ en una red cuando son cortadas. Su fórmula es “100% biodegradable, compostable y libre de ser testado en animales”.

El resultado de este tipo de procesos es una purpurina biodegradable “mucho más suave al roce que la de plástico”, explica Noemi Lamanna desde Eco Glitter Fun. En el caso de Glitter Revolution, la purpurina se empaqueta suelta, lo que quiere decir que se necesitará un ‘pegamento’, como una crema hidratante, bálsamo labial o aceite facial, para adherirla al cuerpo. No incluir ninguna base adhesiva supone también extender la vida de la purpurina. Son “productos estables” “mientras se mantengan secos. Sin embargo, si añades hidratación, calor o presencia de microorganismos, la purpurina comenzará a biodegradarse. La tasa depende del nivel de estos diferentes factores, pero normalmente ronda los 90 días”, señalan desde Eco Stardust para S Moda a la hora de hablar de la duración de su purpurina.

Se suele trabajar con productores (los de Bioglitz y Eco Stardust por ejemplo se encuentran en Reino Unido) y hay firmas que destinan parte de los beneficios que ganan. Si Eco Stardust dona el 10% a “organizaciones benéficas de índole medioambiental”, las causas que apoya Glitter Revolution son dos: la limpieza de los océanos, por la que donan el 20% de los beneficios de su purpurina ‘Atlantis’ a la organización 5 Gyres Institute; y la salud de la mujer, por la que donan el 20% del ‘Pussy Pink’ a Planned Parenthood. Bioglitz, por su parte, tiene una fuerte presencia en las comunidades feministas, queer y trans. El año pasado esta compañía con base en Los Ángeles fue contratada por Red Bull para llevar una caseta en la LA Pride, y también han colaborado con el desfile del Orgullo en Brooklyn. Su objetivo: “Difuminar las líneas de género a través del brillo”.

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Se habla del impacto medioambiental de los microplásticos, pero todavía no existe tanta certeza para el tema de la purpurina. Foto: Intagram @bioglitz

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