¿Por qué hay tanta diferencia de precio entre una prenda de seda buena y una ‘low cost’?

No es todo marketing: el peso, el brillo y el origen de la materia prima inciden más en su precio de lo que podríamos pensar.

Kate Moss en el desfile de hombre de Dior primavera-verano 2020. Foto: Getty

La seda ha gozado siempre de un estatus omnipresente en la moda pero de un tiempo a esta parte parece que diseñadores de lujo y marcas asequibles convergen en un punto en común: no en vano las faldas, los vestidos y las blusas de seda impregnan las nuevas colecciones, de Celine a Zara, que por cierto ya en 2019 hizo de las faldas satinadas uno de sus bestsellers del año. Ahora mismo podemos encontrar dos faldas casi idénticas con etiquetas muy dispares: The Row, 2.300 euros; Zara, 25.95. ¿Por qué hay tanta diferencia de precio entre una y otra?

Falda The Row (2.300 euros); a la derecha, de Zara (25,95 euros).

Para dar respuesta, primero hay que conocer a fondo los factores que influyen en el precio. Como desgrana la marca estadounidense de seda sostenible y 100% orgánica Siizu (que elabora sus prendas con los mismos proveedores que marcas como Max Mara o Alexander Wang), son cinco:

1. La materia prima.

Al igual que ocurre con el cashmere, hay muchos tipos diferentes de seda y su precio puede variar desde los ocho dólares por metro a los 80. Las diferencias de precio dependen de las granjas donde se obtiene esta seda y de cómo la producen: la seda orgánica tiende a ser más cara porque el precio que cuesta conseguirla es más alto. Hoy en día los principales productores de seda cruda están en China, India, Japón e Italia y las técnicas que utilizan para producirla son altamente sofisticadas.

2. El lustre.

El brillo de una seda más cara es el resultado de combinar hilos de diferentes tonos en cada trama. Esto hace que la superficie brille y dé la sensación de que su color cambia con el ángulo de la luz a la que se exponga. Una camisa de seda de mayor calidad, por ejemplo, presentará distintos matices de color cuando la acerquemos a una lámpara.

Camisa de seda de Gucci de 1.095 euros. Foto: Cortesía de Gucci

3. El acabado.

Una seda más cara pasa por un tratamiento especial antes de estar lista para ser utilizada. El lavado con arena es uno de los procesos naturales en el tratado de prendas: hace que el tejido sea más resistente a las arrugas y además proporciona una sensación más agradable al tacto.

4. El proceso de tinte.

Es una realidad: los tintes más caros se desvanecen menos y duran más, y esto se suma al precio final de la seda. Los más preciados suelen ser los tintes orgánicos que no desaparezcan después de cada ciclo de lavado.

Los vestidos de seda serán omnipresentes en la moda en 2020. Foto: Getty Images

5. El peso del material.

El momme es la unidad de medida para el peso de las telas de seda (1 Momme = 4.3056 g/m2). Es similar al recuento de hilos del algodón: debido a que la seda es un material extremadamente fino se mide de esta manera. Mayor momme significa fibras de mayor calidad: más redondeadas, más suaves y con una estructura más compacta, y en consecuencia, una densidad de la tela mayor. Se suele considerar que un momme de 19 corresponde a una seda estándar, mientras que uno que supere el 25 es de lujo.

Entonces, ¿la diferencia de precio está justificada o es solo marketing?

La seda es un material intrínsecamente caro: pensemos que para obtenerla los gusanos de seda tienen que madurar siete días en hojas de morera hasta construir su capullo y para obtener un kilo de seda utilizable harían falta más de 6.000 gusanos. Por ello muchas marcas utilizan telas mezcladas con poliéster, que es una fibra sintética y mucho más barata de producir, con lo que utilizan menor materia prima de seda y consiguen bajar notablemente los precios de la prenda final. Mientras que la seda natural es hipoalergénica, es suave, transpirable y con una alta termoregulación (proporciona calor durante las bajas temperaturas y se mantiene fresca en climas cálidos), las telas mezcladas con fibras sintéticas no suelen alcanzar estos estándares de calidad. Cuánto deberíamos pagar por una camisa o una falda de seda dependerá, en primer lugar, de la calidad del tejido.

Uno de los mitos más populares en la moda es que cuando uno paga mucho por una prenda, está pagando marketing: al fin y al cabo, el precio establece un posicionamiento en el mercado. Sin embargo, esto no siempre es así. No, no es lo mismo un pañuelo de seda de Hermès que lleva 700 horas de trabajo artesanal, tintado en 30 capas con colores que solo existen para la firma y cosido con remate a la francesa -esto es, con las costuras hacia afuera-, que una versión de 30 euros en Uterqüe. Si el primero cuesta diez veces el precio del segundo es por algo. En la trazabilidad de una prenda estará la respuesta a la gran pregunta: el precio justo de una falda de seda será lo que haya costado llegar hasta usted. La decisión, después, es solo suya.

Pañuelo de Hermès 100 % seda fabricado en Francia. (375 euros).

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