Cuando fuimos libres

Ellos fueron los actores protagonistas de una década que cambió el país. Treinta años después recuerdan aquellos años tan alocados como creativos.

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El 15 de septiembre de 1979 en la casa de Herminio Molero –fundador de Radio Futura– «nació la movida», recuerda Pablo Pérez Mínguez, el retratista oficial de esa década. «Allí conocí a los integrantes del grupo, y al día siguiente se había corrido la voz. Al timbre de mi estudio llamaban todos los artistas de provincias, ávidos de fama, que sabían que aquí se hacían fotos gratis. Y comencé a desvirgarlos», como llama a la primera vez que se colocaban ante un objetivo. Allí llegaron «todavía con el virgo del posado intacto, unos jóvenes Pedro Almodóvar, Antonio Banderas, Luis Miguel o Fabio McNamara», a los que se sumaron Manuel Piña, Tino Casal o Las Costus. En este piso de la calle Montesquinza «ocurría todo. Aquí se daba el carnet de la movida y también las llaves para salir del armario». Hasta Almodóvar utilizó esta vivienda como plató para Laberinto de pasiones. «Una de las salas era el dormitorio de Cecilia Roth, como Sexilia, con las paredes pintadas con un mural a modo de orgía, firmado por Guillermo Pérez Villalta» y que conserva intacto.

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Retratos de Mcnamara, almodóvar y Furia, componente de Radio futura.

Germán Sáiz

La cantante Rubi también visitó este estudio para convertirlo en el escenario de su videoclip Y yo en mi casa, de su álbum Todas fueron buenas chicas (1983). «Culturalmente no se paraba, la época no estaba relacionada con el sexo o las drogas como se piensa. Yo era antidrogas. Aunque entonces probábamos cualquier cosa, pero siempre estuve del lado de la vida», recuerda la cantante sentada en un sillón Luis XV de su casa. De aquella década conserva maquetas, todavía sin grabar, de Nacho Canut y Carlos Berlanga, que tal vez pronto vean la luz.

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Rubi, rodeada de sus libros sobre Psicoanálisis y Filosofía, además de su compañera de conciertos, su guitarra Fender azul.

Germán Sáiz

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Portadas de los discos y fotos de actuaciones de rubi.

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Nada sucedía en el extrarradio de la capital. En el número 29 del Paseo Imperial existió otro núcleo. «Compartía casa con los artistas Ouka Leele, Ceesepe y Alberto García-Álix, que todavía no tenía tatuajes», afirma El Hortelano. «Siempre estaban las puertas abiertas, hasta subían los mendigos. Cada noche había una fiesta, pero también trabajábamos incansablemente». Pero no todos eran aceptados en estas familias.

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En 2010, José Alfonso Morera Ortiz, El Hortelano, recibió La Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Germán Sáiz

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Detalle de las piezas que inspiran a El hortelano.

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«Éramos elitistas, claro que sí. Hay una parte del artista que es el ego, si no lo tuviéramos nos dedicaríamos a otra cosa», asegura la directora Chus Gutiérrez, que fue integrante del grupo Xoxonees, con su hermana, la coreógrafa Blanca Li. «Si querías entrar en mi banda, debías demostrar qué podías aportar. No ibas a estar con nosotros solamente porque fueras de los 80».

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«Creamos el concepto osa al salir al escenario con las axilas sin depilar», dice Chus Gutiérrez, sin evitar una carcajada. «Mi hermana, la coreógrafa Blanca Li, y yo planeamos volver a reunir a Xoxonees», asegura.

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Chus gutiérrez junto a pinturas de Carmela García. abajo retrato de las Xoxonees, recuerdos de la india y marrakech.

Germán Sáiz

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