Cecilie Bahnsen

Una modelo posa en el estudio de Cecilie Bahnsen. Foto: ELIZABETH HELTOFT

En el taller de Cecilie Bahnsen, la diseñadora responsable de los vestidos románticos más buscados

Para la danesa, heredera de Galliano, la sostenibilidad está en el respeto hacia todos los integrantes de la cadena y en las piezas eternas que se pueden heredar.

Cuando hace un año la danesa Cecilie Bahnsen comenzó a diseñar su colección Studio, una cápsula para esta primavera, el mundo frenó con furia y se recluyó en un confinamiento inverosímil. Con proveedores inactivos y talleres cerrados, la creativa tuvo que sacudirse los procesos que venía repitiendo desde que fundó su marca en 2015. En vez de comenzar desarrollando nuevos materiales, apostó por rebuscar entre los sobrantes que almacenaba en su atelier. Organza bordada, tafetán, acolchados, nido de abeja…

«Generalmente conservo los retales y los restos de cada colección, porque me parecen muy valiosos», explica por teléfono desde Copenhague, «así que en este caso fue inspirador echar la vista atrás y ver todo lo que guardaba, recordar qué había hecho e imaginar nuevas piezas con lo que tenía disponible». Dos por uno: el ingenio la sacó del apuro y además sirvió para evidenciar la atemporalidad de su apuesta, que confía en la excelencia de la materia prima como cimiento para construir colecciones sin fecha de caducidad. «Desde que empecé con mi marca, me planteé un enfoque respetuoso, idear prendas que tuvieran el menor impacto posible, sustentadas en la calidad de los tejidos y la longevidad de los diseños». La crisis del coronavirus se presentó como una oportunidad para cerrar el círculo y convertir los desechos en una colección de tirada limitada.

Cecilie Bahnsen

Restos de tejidos y patrones en el estudio en Copenhague de la diseñadora. Foto: ELIZABETH HELTOFT

En poco más de un lustro, Bahnsen ha dado forma a una enseña con identidad que abraza la feminidad y rompe con ese axioma de la moda que dice que el minimalismo o los cortes clásicos son los únicos que sobreviven al salvaje ciclo de las tendencias. Ella se niega a renunciar a la fantasía y defiende conjugarla con los acabados ricos, propios de la costura, que son precisamente los que justifican su permanencia en el armario a largo plazo. Sus diseños son de todo menos sencillos: quizá como si las vírgenes suicidas de Sofia Coppola hubieran descubierto los volúmenes de Balenciaga. Pero el resultado tiene un aire lúdico y candoroso que recuerda al que conseguiría una niña jugando a acicalarse con los vestidos de mamá.

Cecilie Bahnsen

Los vestidos románticos y maximalistas se han convertido en su seña de identidad. Foto: ELIZABETH HELTOFT

De la moda le atrajo su capacidad para expresar. Estudió en el londinense Royal College of Art y comenzó su andadura en la firma Erdem. En sus creaciones hay mucha herencia y aprendizaje: «Me enamoré del romance de la artesanía trabajando con John Galliano en París; estando en el taller y descubriendo todo lo que había detrás de una labor manual y unas técnicas que se han transmitido de unos a otros. Quise que ese fuera el foco de mi creatividad». Eso sí, su mentalidad nórdica no olvida la funcionalidad. «El enfoque escandinavo está en los patrones, cortes bellos, esculturales, que siempre buscan que se luzca el tejido. Pero mis prendas son fáciles de llevar, son cómodas y creo que gustan porque permiten que cada mujer las haga suyas». Sus seguidoras suelen conseguirlo mezclándolas con botas de montaña o sandalias con velcro de la japonesa Suicoke.

La gente busca optimismo y belleza. Volver a disfrutar con prendas preciosistas después de tanto tiempo.

El combo le ha funcionado desde que debutó con su línea homónima con una primera colección que le compró íntegra Dover Street Market en Londres. Solo un año después se convertía en una de las finalistas del prestigioso premio LVMH y su nombre se hacía global (pese a que la corriente general se inclinaba hacia el feísmo de Vetements). Hoy vende en más de 120 puntos en todo el mundo como Browns, 10 Corso Como, o Net-a-porter. La pandemia que ha instaurado el chándal como uniforme le ha dado otro paradójico empujón: «Ahora la gente busca optimismo y belleza. Volver a disfrutar con prendas preciosistas después de tanto tiempo. Eso sí, creo que esa noción de belleza en el futuro primará la calidad, las inversiones que duren». Ella confía en su instinto y en las bases sólidas de las que ya dispone. «Hay que tomarse tiempo para considerar los cambios culturales, porque pueden ser muy rápidos y necesitas ser valiente para hacer el movimiento adecuado». O para quedarse quieto y no hacer nada.

Cecilie Bahnsen vaticina un gran cambio, especialmente en la manera en que las marcas se comunican con sus consumidores: «Hay que mostrar más transparencia para transmitir todo tu universo», apunta. Quizá porque el futuro pasa por volver a lo de siempre: a contar historias o a rehacer con retales.

Cecilie Bahnsen

La colección se ha confeccionado íntegramente con restos de tejidos de otras temporadas. Foto: ELIZABETH HELTOFT

Cecilie Bahnsen

Sus diseños son de todo menos sencillos: quizá como si las vírgenes suicidas de Sofia Coppola hubieran descubierto los volúmenes de Balenciaga. Foto: ELIZABETH HELTOFT

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