Casas privadas abiertas al arte

Es posible que tras la puerta de su vecino se encuentre un espacio clandestino cultural y que, además, reúna lo mejor de una disciplina.

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Foto: Pablo Zamora

LO OTRO. CONCIERTOS PRIVADOS DE PIANO

Sus cinco años como redactor en la revista Cuadernos de Jazz germinaron la pasión del arquitecto Juan Alberto García de Cubas por la música. Corrían finales de los 80 y el mítico Café Central de Madrid se convirtió en su segunda casa. Pasaron los años y, en 2008, volvió al local y se sorprendió al ver que faltaba el piano. Ahí comenzó la aventura que le llevó a localizar el instrumento, comprarlo, trasladarlo a su hogar y entrevistar a todos los que lo tocaron. «Ha sido una cuestión autobiográfica», explica. «Me entró tal desasosiego al comprobar que no estaba que eso desató todo el proyecto». Después adquirió dos pianos más. «Con el que me compré en Boston dimos el primer concierto en casa en 2011. Desde entonces, hemos ofrecido 60 recitales. Al principio eran para amigos, pero ya tengo una newsletter que envío a más gente». García de Cubas conoce a intérpretes internacionales y a los mejores españoles. «Así, cada vez que alguno pasa por Madrid viene a tocar aquí». Y disfrutan de él 50 personas. Con el otro piano ha creado la iniciativa musicaenvena.com, para llevar melodías a los hospitales.

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Pablo Zamora

L´ANIMAL A L´ESQUENA. DANZA CONTEMPORÁNEA

María Muñoz y Pep Ramis se instalaron en el campo en 1989 para fundar la compañía de danza Mal Pelo (malpelo.org). «De Barcelona nos fuimos a Celrà, Girona. Sin teléfono ni agua. Hacíamos las gestiones en la cabina del pueblo». Vivían en una casa alquilada donde preparaban sus piezas y recibían a otros compañeros de profesión. «Esa utopía fue el ensayo de lo que vendría después», comentan. En 1997 compraron Mas Espolla, una finca cercana donde había una masía en ruinas del siglo XVI. La restauraron y la convirtieron en la sede de su nuevo proyecto global, L’animal a l’esquena (lanimal.org). «Ahora, Pep y yo vivimos allí con nuestros hijos». También es el centro de operaciones de Mal Pelo y una vez al año organizan una jornada de puertas abiertas. «La llamamos Bhum! y actúan los últimos artistas que han pasado por aquí. También invitamos a la gente del pueblo y todos quedan encantados».

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Pablo Zamora

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En 2009, la compañía Mal Pelo, residente en L’animal a l’esquena, obtuvo el Premio Nacional de Danza.

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GASTROHOME MICUE. LA COCINA CON SANTO Y SEÑA.

El chef Micue se formó en los fogones de Salvador Gallego, Arzak, Santi Santamaría y Xavier Pellicer hasta que le ofrecieron ser jefe de cocina de la embajada de España en París. «Después, en 2007, decidí montar mi propio restaurante en Majadahonda. Y a los cinco años lo cerré para hacerme asesor gastronómico de otros locales». En 2013 abrió las puertas del salón de su casa, una de las 50 más antiguas de Madrid, para crear cenas personalizadas. «La idea surgió porque yo siempre quería ir a comer a casa de mis amigos cocineros y pensé que esto mismo podría ofrecérselo a la gente. Así también podría tomarme la hostelería a mi ritmo». Sus menús degustación, máximo para 14 personas, cambian cada dos semanas. «Al principio, las personas parecen cortadas por entrar en el hogar de alguien que no conocen y en un lugar clandestino del que no han visto fotos. Pero después de la cena, cuando ya ha corrido el vino, se crea un ambiente especial». Micue se esfuerza por utilizar su cocina, que se encuentra separada del salón por una encimera, como laboratorio culinario. «Mi intención es que se coma con la calidad de un buen restaurante y tan bien como en casa de tu madre, pero en este caso, en la mía» (gastrohomemicue.es).

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El salón de Micue, donde sirve las cenas, está dentro de una casa que tiene 451 años.

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OPENHOUSE PROJECT. EXPOSICIONES DE FOTOS.

La fotógrafa Mari Luz Vidal tenía una serie de instantáneas que debía seleccionar. Vivía con su socio, Andrew Trotter, y decidieron colgarlas en su casa y llamar a sus amigos para que les ayudaran. «Ahí se nos encendió la bombilla». Luego se mudaron a una vivienda de 180 metros cuadrados con techos de cuatro metros de altura. «Al entrar, lo primero que pensamos era que parecía una galería». Empezaron a contactar con otros fotógrafos para que expusieran en sus paredes. «Y después de dos años y cinco muestras lo llevamos al papel creando la revista Openhouse Magazine». En diciembre publicarán el segundo número, con una tirada de 5.000 ejemplares. «Cada dos semanas, y tras cita previa, hacemos visitas guiadas. Duran dos horas, porque siento una responsabilidad con el artista y debo explicarlo bien». Con su morada abierta de par en par, no tienen miedo a robos. «¡Solo nos dan las gracias!».

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Las paredes del hogar barcelonés de Mari Luz Vidal acogen exposiciones de fotografía (openhouse-project.com).

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