Cambio de tornas

Los modelos masculinos han sido los dueños y señores del sistema financiero mundial. En plena crisis, nos asalta una duda: ¿tenemos las mujeres más y mejor capacidad de gestión que ellos?

Cambio de tornas

Foto: Mirta Rojo

Alo largo de los dos últimos años una curiosa pregunta se ha abierto hueco en los foros más dispares: ¿qué habría ocurrido si Lehman Brothers se hubiera llamado Lehman Sisters? La cuestión sirve para plantearnos dos reflexiones: una, la de hasta qué punto la crisis económica actual es consecuencia de los modelos masculinos que han imperado; dos, la de si ha llegado el momento del relevo y ahora es el turno de que las mujeres demuestren si se pueden o no hacer las cosas de otra manera.

Para la primera cuestión, Bibiana Aído no alberga dudas: «La crisis viene provocada por un modelo de especulación feroz, de avaricia y beneficio inmediato para unos pocos, en el que las mujeres no han sido las protagonistas. La presencia femenina no ha sido parte del problema, pero sí lo es de la solución». Por su parte, Jody Williams, premio Nobel de la Paz 1997, se ha mostrado convencida de que «la crisis financiera mundial habría sido distinta si hubiera habido más mujeres ocupando posiciones de poder».

Curiosamente, con políticas y activistas coincide la Neuroeconomía, que estudia cómo funciona el cerebro a la hora de actuar ante un estímulo económico. Pedro Bermejo, presidente de la asociación española de esta ciencia (Asocene), señala que «la testosterona está relacionada con la impulsividad y, en el terreno económico, los varones invierten en productos más arriesgados, como las hipotecas subprime, en mayor medida que las mujeres. Las empresas regidas por hombres han sido las que más han caído. Creo que las cosas serían diferentes de haber existido Lehmann Sisters…».

¿Puede ser este, entonces, el momento de la mujer? ¿Debe tomar el timón político y económico? Por lo pronto, en Islandia, el Gobierno ha puesto a dos féminas al frente de dos de los mayores bancos del país, haciendo buenos los versos de la poeta Ingibjörg Haraldsdóttir: «Cuando los hombres lo ponen todo patas arriba, tienen que entrar las mujeres a arreglarlo». En el terreno político, la presencia femenina es cada vez mayor en los gabinetes europeos, y como ejemplo tenemos a la canciller Angela Merkel o a la ministra española de Economía, Elena Salgado (en el ranking de paridad más valorado, el Global Gender Gap Report, España figura en el puesto número 11. Islandia, una vez más, lo lidera).

Pero, en opinión de María Pazos, jefa del Instituto de Estudios Fiscales, una de las promotoras de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción, «no basta con poner a mujeres en puestos de dirección. Es necesario un cambio de valores y, para ello, debe haber una catarsis social».

En este sentido, Pazos recuerda el estudio The Bottom Line, en el que se cruzó la rentabilidad media de las multinacionales norteamericanas más representativas con la presencia de mujeres en sus consejos de administración: «Las que contaban con más mujeres tenían una rentabilidad entre un 40% y un 65% superior. Ahora bien, tuve ocasión de hablar con la directora del estudio y me comentó que la inmensa mayoría de ellas había renunciado a tener pareja e hijos».

Si tenemos en cuenta estos datos, todo apuntaría a que, efectivamente, este puede ser el momento de las mujeres. Pero algo falla: una investigación sobre cuota de presencia hombre-mujer realizada en España por el Grupo ICSA revela que, con la crisis, las directoras generales han pasado de representar un 13% en 2007 a un 9% en 2011; las directoras comerciales, de un 12% a un 8%, y las directoras de producción, de un 10% a un 7%. Ernesto Poveda, presidente de ICSA, señala que «el temor ancestral a contratar a una mujer para un cargo de alta dirección se ha agudizado por el miedo escénico y porque se busca a alguien que haya trabajado antes en esos puestos. Pero es la pescadilla que se muerde la cola: la mujer es más brillante académicamente, pero no le dejan adquirir experiencia. Contratarla ahora se considera hacer experimentos».

La crisis económica no ha sido tan dura con las autónomas. Según la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA), el ritmo de pérdida de empleo de varones autónomos ha duplicado al de mujeres. Estos datos «hay que matizarlos, pues la construcción, un sector muy masculinizado, ha sido el que ha sufrido la crisis con más fuerza –aclara Celia Ferrero, coordinadora general de ATA–. La lectura positiva es que hay un incremento de mujeres emprendedoras».

Aún así, la Neuroeconomía sigue creyendo que los hombres tienen la sartén por el mango. Según Bermejo, «cuando llegue la recuperación económica, serán los varones quienes vuelvan a arriesgar antes. Las mujeres tardarán en reaccionar». Por tanto, si no hay un profundo cambio social que destierre los valores masculinos, las sisters volverán a ceder el paso a los brothers.

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