Buenos propósitos

La humorista Eva Hache escribe su lista de intenciones.

Eva Ache

Foto: Getty Imags

Una vuelve de la playa como una lagarta. Lagarta tullida. Con la piel cuarteada, con el pelo frito. Lagarta de las mechas verdes. Con la sensación de haber perdido esa colita que tan bien culebreaba de la sombrilla al chiringuito.

Este año, el propósito de enmienda va en serio. Más en serio que nunca. Ya tengo una edad. Ya se acabó eso de que yo no soy «muy mujer».

Que no me gusta ir de compras. Que no me maquillo más que para trabajar. Que no tengo conversación ni sigo las tendencias sobre modas o famosos. Que al pasar la barca me dijo el barquero son dos con ochenta, aquí tiene usted, buen viaje, gracias.

Además, escribo aquí. Una revista de moda para mujeres. Aunque todas sepamos que la leerán las mujeres y también los maridos y los hijos y las maricas y los simpatizantes, por no llamarlos gay-friendlies. Este año voy a ser mujer. Mujer, mujer. Porque cuanto más lo repita, más auténtico es. Así que, como Dior manda, he elaborado una ristra de propósitos.

La lista de cosas por hacer

— Limpiar, exfoliar, hidratar. Piel, pelo… y pluma. Que se note también en la escritura.

— Volver a yoga. Un día que fui, me dolió, pero me sentí flexible. (Recordar: no flaquear pensando que con la compra y el alzamiento de niño es suficiente).

— Decidir depilación: ¿ingles brasileñas o segovianas?

— Aprender a maquillarme. ¿Escribir Maquillaje para ‘dummies’? ¿Me forraría? ¿Por qué no es in la cara lavada? Por algo será. No hay excusas.

— Cosmética ecológica sí. Seguir pasando la piel del pepino por la cara. De momento. Porque cosmética ecológica es de todo menos «por la cara».

— Seguir las tendencias: años 70, pero silueta años 40, pero corte de la década de los 50, pero elegancia años 20, sin olvidar ser muy siglo XXI.

— Zapato creeper o stiletto: da igual, el caso es conseguir estar a una altura «desde aquí se ve tu casa». (Buscar información aeroportuaria acerca de si es legal volar con este tipo de tacón).

— Se llevan las gafas de ver. Preguntar en la clínica donde me quitaron la miopía si es reversible.

— Aprovechar las ofertas de outlets y rebajas. Si hay que pagarse un viaje a Japón para encontrar una gabardina por 12 euros, tampoco hay que escatimar en gastos.

— Aprender a hacer patrones y a coser para poder ahorrar.

— La casa también ha de estar acorde con la renovación: tirar todos los muebles y los tabiques. Recorrer almonedas de la ciudad y de Europa y comprar antigüedades. Look escandinavo de familia rica a la que no se le notan los millones.

— Por supuesto, la limpieza del hogar. Siempre impoluto. Aquí dudo entre plastificar a mi familia o darlos en adopción. Investigar.

— La decoración y el aspecto serán más personales, únicos, si soy creativa. Imprescindible do it yourself. Ponerse las pilas con patchworks, crochés y craftings. (Buscar en el diccionario qué significan exactamente. Y, ya que estamos, definir procrastinación, obsolescencia, asertividad y monetizar, que también está muy en boga aumentar el vocabulario para ampliar conversaciones).

Esta es la lista que escribí al acabar el verano. Hasta hoy lo he conseguido todo. TODO. Amadme u odiadme. O, si me veis por ahí, llevadme a un centro donde me traten con cariño. Ando como loca porque llegue la Navidad y ponerme con los propósitos de año nuevo.

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