Boutiques sobre ruedas

Las tiendas de moda se suman al fenómeno de los ‘food trucks’ en Estados Unidos, animadas por la libertad y el ahorro que brinda una camioneta frente al local tradicional.

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Foto: Andrea Jenkins

En España, lo más interesante que va de pueblo en pueblo dentro de un remolque son las churrerías. En Estados Unidos los churros se venden en los intercambiadores del metro, y los remolques se reservan para otras comidas que promocionan con gracia, como los helados de The Big Gay Ice Cream Truck, las albóndigas de Great Balls on Tires y los sándwiches de The Grillenium Falcon.

Viendo el gran éxito que tiene la comida sobre ruedas, a la moda se le ha contagiado el espíritu nómada y este verano una decena de autocaravanas y buses cargados de ropa y complementos itineran por las principales ciudades norteamericanas, a la búsqueda de clientes que busquen vestir diferente. “La gente está tan atareada que el poco tiempo libre que tiene no quiere gastarlo paseándose por 10 tiendas hasta dar con lo que anda buscando. Las boutiques sobre ruedas ofrecen la comodidad de tener a la puerta de tu casa o de tu oficina un surtido selecto de prendas de moda a precios razonables. ¡Podemos aparcar donde queramos!”, comenta Emily, dueña de The Fashion Truck.

En esta autocaravana cargada de prendas se puede revolver cada domingo en el SoWa Open Market de Boston, y el resto de la semana en otras ciudades de Massachussets. Emily tuvo la idea de poner en marcha su tienda durante un viaje a Barcelona y Málaga en 2010: “Empecé a pensar en todos los camiones que venden comida por la ciudad de Nueva York. Parecen obras de arte sobre ruedas, con esos diseños y nombres tan divertidos, pero con unos interiores tan abigarrados… montar una cocina en un remolque es mucho más difícil y caro que recrear el ambiente de una boutique, me dije”. Así que de vuelta a Estados Unidos un setentón, ex vendedor de camiones de reparto, le vendió un último ejemplar a Emily porque su proyecto le pareció interesante y “porque le recordaba mucho a sus nietas”, dice ella entre risas.

Acuciados por la crisis, los altos alquileres y la falta de espacio en la gran ciudad, un buen puñado de diseñadores, amantes del comercio de segunda mano y gente en paro con gusto y maña han puesto sus tiendas a rodar por la carretera igual que Emily. Por ejemplo The Styleliner, bus reconvertido en tienda de accesorios ‘vintage’ importados y de lujo, que estará aparcada hasta el tres de septiembre en Los Hamptons, lugar de veraneo ricos neoyorquinos; la marca de ‘streetwear’ Cookies n Cream que patrulla las calles de Nueva York, y la zapatería Bootleg Austin, donde se pueden encontrar pares únicos de primera calidad y grandes marcas.

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Furgoneta de la marca de ‘streetwear’ Cookies n Cream que patrulla las calles de Nueva York.

Cookies n Cream

Por alguna extraña razón, muchas de esas boutiques itinerantes están dedicadas al ‘vintage’, como The Vintage Mobile, un bus escolar de los años 80 que ahora conduce una pareja aficionada a los hallazgos de segunda mano. Se mueve por la zona de Dallas y te hace un 15% de descuento si vas en bici. Otra opción es Oh So Lovely Vintage, ubicada casi todo el año en Winnipeg (Canadá), desde donde reparte amor, cucadas y enseres del hogar de los años 40 y 50. Los hombres también tienen dónde comprar si están en la zona de Los Ángeles y se topan con la caravana Airstream, que perteneció a PanAm y ahora acoge una selección de ropa masculina bajo el nombre de Aetherstream.

Pero la tienda móvil más llamativa de la costa Oeste es Lodekka, un bus de dos plantas que hizo su función en Liverpool hasta 1982 y acabó en Estados Unidos porque lo compró un club de atletismo de Minessota. Desde que se convirtió en esta tienda está aparcado en Portland (donde también hay otra boutique móvil muy conocida, Wanderlust) y atrae a tantos turistas como clientes: “Cada dos por tres hay gente haciéndose fotos enfrente del bus. Como es un lugar tan peculiar, atrae a todo tipo de clientes que entran como en otra realidad. Hay gente que se desnuda aquí en medio con tal de no hacer la cola del probador, hombres que revuelven en los percheros de lencería y gruñones que se quejan de que las escaleras de entrada les hacen daño en las rodillas. No me aburro”, comenta el propietario de Lodekka.

Hay algo de romántico en el nomadismo que nos atrae terriblemente. Sino no se entiende que tengan tanto éxito estas tiendas sobre cuatro llantas y que cada año sean más. “¡Asentarse en un sitio es el fin de la exploración de la humanidad! No planeo mi vida más que a un mes vista y, aunque parezca una contrariedad, estoy menos estresada que si tuviese siempre planes inamovibles. Mi negocio sobre ruedas hace que mi vida sea muy flexible”, comenta Emily, mientras que desde Lodekka resumen este fenómeno en una palabra: Libertad. "Tienes la libertad de mover tu tienda a donde quieras, sin firmar un contrato ni pagar un alquiler. Casi todo el mundo que conozco que ha emprendido un negocio como éste le habían despedido del trabajo o se había ido porque no era feliz. Ahora son sus propios jefes de un modo muy barato. ¡En esto no hay más límite que el cielo!”, poetiza.

Por suerte, ya no hace falta esperar a la entrada del pueblo como antaño a que llegara la carpa del circo porque muchas de estas ‘roulottes’ del estilo también venden por internet, aunque si algo te gusta dale rápido al botón de ‘comprar’ porque suelen ser piezas únicas.

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