Dejar de destruir la biodiversidad: el gran propósito de la industria del lujo en el mundo post-Covid

Mantener el equilibrio de la naturaleza, imprescindible para evitar nuevas enfermedades, es uno de los retos más acuciantes de la moda y el holding Kering, propietario de Gucci, lo considera una prioridad.

Biodiversidad

Desde la izda., imagen del último desfile de Ronald van der Kemp, campaña de Gucci O-I 2020/21, look de pasarela de Kenzo y pañuelo de seda de HERMÈS, inspirado en la fotosíntesis (375 €). Foto: Marijke Aerden, Soraia Oliveira / AC, D. R.

Para la moda, la fauna y la flora han sido fuentes recurrentes de inspiración. El amor no es correspondido: el impacto de la producción de prendas afecta al desequilibrio de los ecosistemas. El problema, en el centro de la actualidad por su nexo con la aparición de nuevas enfermedades como la covid-19, preocupa cada vez más a la industria. En una situación de emergencia climática ya no se trata solo de reducir la huella de la actividad económica, sino de entender qué recursos conviene no gastar. «Ahora mismo uno de los retos más importantes hace referencia a la biodiversidad», expone Marie-Claire Daveu, directora de sostenibilidad del grupo Kering. «De hecho, hay estudios científicos que demuestran que los virus tienen mucho que ver con la falta de ecosistemas sanos. La naturaleza funciona como una cadena y si falta algún recurso, fallan de algún modo todos los demás». Así lo apunta también la organización no gubernamental WWF, que explica cómo los hábitats bien conservados se autorregulan: «Los virus se distribuyen entre las distintas especies, pero también tienen muchas posibilidades de acabar en alguna que bloquea su dispersión. Además, existen predadores que eliminan a los ejemplares más débiles y enfermos. Todo ello contribuye a mantener controlados los efectos de posibles enfermedades en la población y a reducir el riesgo de transmisión a otras especies».

Esos eslabones hoy están más amenazados que nunca. Según la plataforma sobre diversidad biológica de la ONU, un millón de especies están en riesgo de extinción (entre un 12% y un 20% del total de la fauna marina y terrestre). Las consecuencias de su desaparición serían catastróficas para todos: «Dependemos de la biodiversidad para alimentarnos, para obtener energía, para mantener la calidad del aire, el suministro de agua dulce y la regulación del clima. Sin embargo está disminuyendo a un ritmo mayor que nunca antes en la historia», señala el informe del pasado mes de julio de la consultora McKinsey, Biodiversidad: la próxima frontera de la moda sostenible. El efecto negativo de la industria textil y del calzado, apunta, se condensa en tres etapas: la producción de materias primas, la preparación y el procesamiento de materiales y el final de la vida útil de las prendas.  Según una encuesta de McKinsey, dos terceras partes de los compradores de moda afirman que han cambiado de mentalidad tras la pandemia: ahora se preocupan más que antes por su impacto sobre el cambio climático.

Romper la armonía de los sistemas biológicos es relativamente sencillo por esa interconexión de la que hablaba Daveu. Talar árboles para disponer de espacio en el que cultivar algodón incidirá en el efecto invernadero, que hará a su vez que la temperatura del planeta se eleve, aumentando así el riesgo de extinción de las especies. La complejidad de los enlaces, la existencia de diversas métricas y la multitud de agentes involucrados, dificulta la solución. Pero la amenaza aparece contemplada en los informes de sostenibilidad de un número cada vez mayor de compañías de lujo: «Desde su creación, la Fundación Hermès considera la preservación de la biodiversidad y los ecosistemas una prioridad clave», dice Olivier Fournier, presidente de la división. La maison colabora con WWF, que gestiona dos programas a gran escala y largo plazo, financiados por la marca francesa. «Desde Kering estamos lanzando un plan de tres estadios», expone Daveu, «no generar impacto en regiones que necesitan conservación; trabajar con científicos para restaurar zonas dañadas y poco biodiversas; y colaborar de forma directa con la cadena de suministro, para conocer con detalle qué recursos se están explotando». Una mentalidad que deberá estar en el cambio de paradigma y que, tras la crisis actual, recibe más apoyo que nunca.

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