Angel Schlesser, en busca de lo atemporal

Con su nueva fragancia, Pour Elle, quiere evocar las flores blancas recién cortadas. El minimalismo es su sello y el arte contemporáneo, su inspiración.

Angel Schlesser

En los jarrones, ranúnculos blancos. «Es una pena, ya se está acabando la temporada de esta especie», lamenta Ángel Schlesser. Frente a esa fugacidad, el diseñador se empeña en rozar el clasicismo. «Mis notas olfativas preferidas están en evolución constante, aunque siempre he sentido atracción por los cítricos. No soy partidario de las notas sintéticas. Ahora me encanta la flor fresca blanca recién cortada, casi de campo», matiza Schlesser en el luminoso salón de su piso madrileño. Precisamente esa nota invade su nueva fragancia, Pour Elle, ideada por Amandine Clerc-Marie. En ella predomina la flor de naranjo, mezclada con caléndula, jazmín, peonía, bergamota, pachulí, haba tonka, el benjuí como fijador… Así, hasta 11 ingredientes. Para esta creación no ha rebuscado entre sus recuerdos. «Después de 20 perfumes ya he agotado todas mis memorias olfativas. Ahora voy al descubrimiento del tiempo perdido: intento cristalizar una idea en una fragancia, algo más etéreo, busco lo atemporal».

Angel Schlesser

Fue la inspiración para el frasco (en la imagen, ante una pieza de Kiko Pérez). La fragancia, de la familia olfativa floral, tiene acordes cítricos, y notas sensuales proporcionadas por las flores blancas.

Ximena Garrigues y Sergio Moya

Antes, los viajes al Sudeste Asiático, su paraíso secreto, le inspiraban: «Iba con frecuencia a la antigua Indochina, y no por motivos laborales. Me gustan su cultura, su comida…». Su debut en el mundo de las esencias tuvo lugar en 1999, con Femme, recientemente premiado como Mejor Perfume Clásico Femenino por la Academia del Perfume. «Me propusieron hacerlo y no pude negarme. Me permite introducirme en otros mercados y el coste no es tan elevado como el de la moda. Mi desconocimiento era total. Contratamos al mejor nariz, Alberto Morillas. Y opiné sobre todo en el frasco; la nevera, lo llamaban», rememora.

El packaging es uno de sus puntos fuertes. «He trabajado con premios nacionales de Diseño, como Antonio Varela y Pati Núñez», precisa este santanderino de apellido germano, de Múnich, herencia de «un tatarabuelo alemán que emigró por una historia de líneas férreas».

Angel Schlesser

Cuadro del artista portugués José Loureiro.

Ximena Garrigues y Sergio Moya

Marca España. No cree que ese toque internacional en el nombre influya en su proyección: «Se reconocen como productos hechos en España, y eso es una etiqueta suficientemente buena». Paradójicamente, añade, «las fragancias de modistos nacionales no están muy afianzadas en el mercado internacional. Sin embargo, los grupos de perfumistas son de los más importantes». Las suyas tienen presencia en 85 países, parte de una expansión que comenzó en Polonia en 2003, con ventas destacadas en «Medio Oriente, Extremo Oriente y Rusia». «Si solo te mueves por las tendencias, es que tienes una personalidad fácil de enmascarar. Las fragancias no tienen que ir por modas», recalca.

Angel Schlesser

Es su enseña, tanto en su casa como en sus fragancias, y también en sus colecciones. «Yo hago lo que sé, no se me ocurre crear cascadas de volantes… No es mi criterio estético».

Ximena Garrigues y Sergio Moya

En 16 años de esencias y casi tres décadas de costura, siempre ha buscado mantenerse fiel al minimalismo, su sello, aunque empezó a trabajar en un Madrid inmerso en la exuberancia estética de la Movida. «Para destacar hay que tener una propuesta personal. Se me empezó a conocer por hacer lo contrario a lo que se llevaba», sostiene. Era un chico de provincias que había estudiado Derecho y Comercio. Lo dejó para trabajar en moda. «Todos, en aquellos tiempos, se lo pasaban muy bien, se reían mucho y vivían de miedo. Entonces decidí lanzarme. Luego me di cuenta de que había tenido una visión muy aproximada y parcial… Pero insistí, no quería volver a casa con las orejas gachas», explica.

Angel Schlesser

La obra de un coleccionista.

Ximena Garrigues y Sergio Moya

¿A qué olía aquella Movida? «Depende de la hora…». Sugiere que la actual, en pleno año electoral, «huele un poco a rabia», pero opina que ese aroma va a mejorar: «Con una buena fragancia superpuesta lo conseguiremos anular». Para el futuro, aún queda un acorde que no puede capturar, su desafío secreto: «El frangipani; no lo consigo hacer. Es un árbol típico del Sudeste Asiático, con una flor blanca preciosa, carnosa, tipo jazmín. Su olor me apasiona, pero cuando se lleva a la cocina del laboratorio queda un poco señora, no acabo de obtener el resultado que busco».

Angel Schlesser

El rodaje fue en el pabellón Mies van der Rohe de Barcelona. La modelo, Sheila Márquez.

Cortesía de Angel Schlesser

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