‘Alien’, así se creó el diseño fálico de la bestia

Surgió de la mente enferma de un genio: H. R. Giger. Y Ridley Scott convirtió a Sigourney Weaver en la primera heroína de un filme de ciencia-ficción, desafiando los roles de género.

‘Alien’, así se creó el diseño fálico de la bestia

Varios fotogramas de 'Alien, el octavo pasajero'.

Alien no sería posible sin la perspicacia de Salvador Dalí. Cosas del destino, pues fue el artista catalán quien recomendó a Alejandro Jodorowski que contactara con H. R. Giger (Suiza, 1940), un tipo tan excéntrico como ellos para diseñar la futura Dune, película cuyos derechos había adquirido. Coincidió que Dan O’Bannon, el guionista de Alien, buscaba un monstruo con el que marcar la diferencia y fue Jodorowski de rebote el que le descubrió el trabajo del surrealista artista suizo. En concreto, O’Bannon y el director Ridley Scott se quedaron hipnotizados con una litografía realizada en 1976 llamada Necronom IV, protagonizada por un repugnante ser de gran cabeza con forma fálica. Mientras los directivos del estudio rechazaron en principio un diseño tan repulsivo, al director le interesaron sus connotaciones sexuales.

HR Giger con una de sus creaciones en Nueva York en 1980. Foto: Getty

El suicidio en 1975 de su mujer, la artista Li Tobler, marcó la oscura obra de Giger, que confesaba sufrir constantes pesadillas. Cuando Dan O’Bannon le conoció, recuerda cómo Giger le ofreció opio, droga que consumía porque le asustaban esas persistentes visiones apocalípticas. Los que trabajaron con él en Alien recuerdan que Giger parecía Drácula, “daba miedo”, hablaba en voz baja y solía contar que guardaba en su casa el esqueleto de su mujer. El genio enfermo, un tipo solitario, que siempre vestía de negro y prefería trabajar en la oscuridad, se obsesionó con una dantesca combinación que mezclaba cuerpos humanos desnudos con máquinas, con una gran carga sexual subliminal y fetichista. Su obra, de naturaleza sexual, partía del sexo como arte, mezclado con sus pesadillas. Un buen ejemplo de ello es su colección Xenoerotica. El amenazante bicho, al que le colgaba la baba y le sobresalía un cráneo reluciente, fue creado, para más inri, con plástico, caucho, huesos humanos y de rinoceronte. Sus fauces, con condones triturados. Y se le eliminaron los ojos del dibujo original para que pareciera más terrorífico, para que resultara imposible saber dónde miraba.

Veronica Cartwright y Alien, en un fotograma de la cinta. Foto: Cordon Press

El xenomorfo y algunos escenarios de la futura Alien le valdrían a Giger un Oscar. Escenarios como el inhóspito planeta al que descienden algunos de los tripulantes de la nave Nostromo: una siniestra construcción, parecida a una gigantesca y resbaladiza cueva, con una especie de sillón de mando, llena de huevos cubiertos por una espesa capa de niebla. Flanqueando el nido se aprecian muros con portales que recuerdan a vaginas. Tan extraña como su vida, fue también el fallecimiento de Giger, tras caer por las escaleras de su casa el 12 de mayo de 2014. Con su muerte se encontraron una serie de polaroids muy explícitas que no dejaban lugar a dudas de la connotación erótica de la bestia. En el inédito catálogo de fotos aparecen mujeres desnudas usando cráneos del xenomorfo como juguetes sexuales. El cuarto oscuro de la mente de un fetichista que mezclaba el sexo, la muerte y la biomecánica.

Si el xenomorfo fue el gran antagonista de la pesadilla nihilista, no se quedan atrás los otros dos engendros. Por un lado, el bicho que salta a la cara de Kane (John Hurt), conocido popularmente como facehugger, fabricado con mariscos frescos, cuatro ostras y un riñón de oveja. Un aspecto que resulta de lo más obsceno. Después de atrapar la cabeza a su víctima, el bicho introducía su órgano sexual en forma de tubo por la boca, insertando en su interior una semilla. Para explicar la escena los creadores resumieron en el guion que el facehugger entraría en la nave “follándose a uno de ellos”. Con esta invasión del cuerpo se pretendía evocar la violación de un hombre, evitando así el manido cliché de la mujer como objetivo y provocando al espectador masculino incomodidad con algo que no se veía muy a menudo en el cine. Tampoco hay que olvidar que en otra escena, otro de los tripulantes intenta contener el ataque de la teniente Ripley metiéndole una revista enrollada por la boca.

Pero si hay un ser repugnante en el cine de ciencia-ficción ese es el bebé alien (o chestburster), la criatura que sale del pecho tras haber sido incubada por Kane en su interior. Inspirado en el cuadro de 1944 de Francis Bacon Tres estudios para una crucifixión, el bebé, en realidad, era una especie de dinosaurio al que Giger le cortó las patas y le dejó solo la cola. Al verlo, la actriz Veronica Cartwright –Lambert en el filme– comentó que parecía “un pene con dientes”. John Hurt aseguró que entre la abundante sangre y la forma en que había sido violado por el pequeño alien la escena era lo más parecido a estar de parto. Podría haber sido peor: Ridley Scott llegó a pensar una escena final en la que el alienígena se excitaba con Ripley, pero la descartó.

Sigourney Weaver en una imagen promocional de la película. Foto: Cordon Press

Alien, el octavo pasajero supuso una revolución en muchos aspectos, y 40 años después sigue siendo una obra maestra de la ciencia-ficción. Estrenada dos años después de Star Wars, el filme también contaba con una nave espacial, un planeta remoto y efectos especiales, pero aquí Chewbacca, la bestia, no era un peluche achuchable, si no la mayor de las pesadillas. No solo eso. Leia no era una princesa, era una teniente llamada Ripley. Su elección desafió los roles de género tradicionales del cine. La suboficial de la Nostromo era agresiva y grosera, no se maquillaba ni llevaba sujetador, se enfadaba y físicamente era grandota, muy masculina. La desconocida Sigourney Weaver, por entonces con 30 años, fue nominada a un BAFTA como actriz revelación por interpretar a una mujer sensata pero valiente, una líder proactiva y una auténtica badass contra el alienígena (sería nominada al Oscar con la secuela).

Que Sigourney Weaver fuera la protagonista también fue algo inesperado para sus creadores. En los títulos de crédito la actriz aparece en segundo lugar, tras Tom Skerritt (Dallas), algo que ahora se nos antoja del todo ridículo, pero que, en su momento, sirvió de despiste. El guion fue escrito pensando en siete protagonistas varones. Cuando se introdujo a dos mujeres en el reparto, permanecieron los perfiles iniciales (de hecho, no sabemos cómo se llaman, solo conocemos sus apellidos). Daba igual si Ripley era hombre o mujer. Pero el ser mujer se convirtió en la primera protagonista femenina de una película de terror de ciencia-ficción. La Weaver, que llegó tarde a su audición porque se equivocó de hotel, sorprendió a Ridley Scott por su imponente presencia. Pero si algo impresiona de la actriz en Alien son sus miradas, con esa tensa calma, que aún hoy sigue poniendo los pelos de punta.

 

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