Zapatillas desparramadas y ropa amontonada: por qué se lleva enseñar la habitación desordenada en Instagram

No solo celebridades como Kim Kardashian se fotografían en una casa patas arriba. También en cuentas anónimas prolifera el caos. ¿El motivo? Ofrecer una naturalidad, real o impostada, que busca combatir la irritante perfección que domina la red social.

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Las habitaciones desordenadas marcan la pauta en Instagram. Foto: Instagram @netasetter / @kimkardashian / @alexandramachover

Camisetas por el suelo, zapatillas desparramadas, ropa amontonada sobre la cama y restos de comida. La habitación que cualquier madre odiaría y que sacaría de quicio a la mismísima Marie Kondo es el nuevo escenario favorito de las gurús de Instagram. Atrás quedan los fondos de color pastel ideados para posar, los cosméticos maniáticamente ordenados y los guardarropas organizados según el círculo cromático. La perfección estética que regía Instagram resulta ahora tan manida como repetitiva y las que más saben del like prefieren optar por la más caótica naturalidad, ya sea real o impostada.

La habitación desordenada, propia de un adolescente en plena edad del pavo, es el set en el que celebridades digitales de la talla de Kim Kardashian están disparando sus últimos selfies y fotografías. La estrella de Instagram (154 millones de seguidores) sabe bien lo que hace y parece que cada vez tiene más claro que el futuro de la red social pasa por la antiperfección. En su perfil abundan desde hace meses las imágenes en las que aparece en una habitación o probador sumido en la confusión y aderezado con unas cuantas prendas de ropa tiradas por el suelo.

No es la única. Influencers como la italiana Chiara Ferragni empiezan a dejar entrever atisbos de humanidad dejando en sus fotos algunos accesorios fuera de lugar y otras como Leandra Medine confirman que el feísmo es la siguiente gran tendencia de la red social posando frente a una cantidad considerable de bolsas de basura acumuladas en plena calle.

Pero donde está triunfando de verdad la ocurrencia es en los perfiles anónimos. La etiqueta #messyroom (habitación desordenada) supera las 280.000 publicaciones y, aunque hay posts para todos los gustos, la mayoría de las imágenes aglutinadas son de chicas jóvenes que posan sin complejos frente al espejo escoltadas por un anárquico escenario. En un artículo publicado en la edición estadounidense de la revista Elle varias de estas jóvenes explican por qué la perfección ha pasado de moda. La razón en la que coinciden todas es que la gente quiere ver actitudes más humanas, cotidianas y naturales. De ahí que triunfen también las fotos sin maquillaje de las famosas, los testimonios de lucha contra el acné a rostro descubierto o las fotos de comida que, dejando a un lado el #foodporn, optan por platos a punto de claudicar, mesas manchadas o comida poco apetecible.

La uniformidad a la que han conducido las cuentas de Instagram más populares, al menos en el sector de la moda, se contrarresta ahora con el auténtico caos. Las blogueras de ondas surferas que posan en la costa Amalfitana, las que muestran monumentos caminando de la mano de su novio, aquellas que posan idénticas en escenarios intercambiables o promocionan el mismo bolso con estilismos clónicos abren paso, poco a poco, a una naturalidad que, paradójicamente, acabará volviéndose igual de estudiada.

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Room’s not messy if my nips r showing, right?

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«Ahora la mayoría de la gente solo quiere sinceridad, ya sea sobre tu habitación desordenada, tu cerebro desordenado o tu vida desordenada», asegura Remy Kassimir, la cómica neoyorquina de 30 años que posa en ropa interior sobre estas líneas. «Quieren verlo porque así pueden sentirse normales también”. Según explica, no hay motivo para limpiar la habitación entera solo para hacerse un selfie. Las autoras de estas imágenes reivindican que no necesitan un entorno perfecto para hacerse una foto. Prefieren aprovechar ese momento de autoconfianza en el que les apetece apretar el botón central del móvil independientemente de lo que las rodee. Retratar el aquí y ahora, una cualidad en realidad intrínseca a las redes sociales y que sin duda ahora se ve cada vez más potenciada por la aparición y el éxito de los Stories.

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DERELICTE

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De algún modo este feísmo digital es también un movimiento anti-Marie Kondo que lucha contra la perfección que se espera socialmente. Sarah Knight, autora del best seller The Life-Changing Magic of Not Giving a Fuck (una irónica respuesta al éxito de ventas de la japonesa, La Magia del orden) explica a Elle que «liberarse de esa presión social para ajustarse a lo que deberían ser las ‘habitaciones preparadas para Insta’ hará que tengamos más tiempo, energía y dinero para gastar en cosas que de verdad nos hagan disfrutar”. Muchas quizá inviertan ese tiempo en desordenar aún más sus casas con el único objetivo de disparar los likes.

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