Olivia Laing: «Con esta situación se quitará el estigma a la soledad y entenderemos que nos pertenece a todos»

El aislamiento puede provocar que malinterpretemos a los demás o nos sintamos excluidos, sin que nada de eso sea real. La escritora británica, que en 2017 publicó ensayo 'La ciudad solitaria', aplica lo que aprendió entonces al confinamiento provocado por el coronavirus.

Olivia Laing

La escritora vive en la actualidad en Cambridge. Foto: Sophie Davidson

Tras una ruptura sentimental que la había llevado de su Inglaterra natal a vivir en la Gran Manzana la escritora Olivia Laing (Chalfont Saint Peter, 1977) comenzó a sentirse sola. Y solitaria, de una manera que nunca antes había experimentado. Entonces esta autora, experta en arte y literatura que publica en The Guardian y Finantial Times, decidió estudiar esa soledad, recopilar estudios científicos e investigaciones alrededor de este tema y analizar cómo cuatro artistas diferentes –Edward Hopper, Andy Warhol, David Wojnarowicz y Henry Darger– habían vivido distintos tipos de soledad.

Lo volcó todo en La ciudad solitaria: aventuras en el arte de estar solo (Capitán Swing), un ensayo publicado en 2017 en España pero de total actualidad hoy en día, cuando muchas personas se enfrentan a la soledad debido a la situación de confinamiento provocada por la crisis del coronavirus. «No imaginé en absoluto que todo el mundo pudiera enfrentarse a la soledad a la vez. Estoy aturdida con que todo esto esté ocurriendo, pero creo que es realmente interesante ver cómo atravesamos una experiencia similar al mismo tiempo», explica por teléfono desde su casa en Cambridge, donde permanece aislada.

¿Qué enseñanzas se pueden sacar de este inusual momento histórico?
La soledad es un estado muy natural, pero no suele verse así. Cuando nos sentimos solos en circunstancias normales nos sentimos desconcertados, avergonzados, pensamos que nos pasa algo raro. Y lo que estamos descubriendo ahora es que todos nos sentimos solos, es parte natural de ser humano. Y se debe a que amamos a las otras personas y queremos tener cercanía.

¿Esta experiencia colectiva normalizará la visión de la soledad?
Creo que con esta situación se quitará todo el estigma alrededor de la soledad y nos hará entender que es algo que nos pertenece a todos. Pienso que ahora incluso la persona más sociable del mundo está entendiendo finalmente que la soledad es cosa de todos y que puede llegar a afectarnos de manera palpable, puede dolernos incluso de una forma física. Y espero que eso haga que deje de ser un tabú.

¿Qué aprendiste cuando hace unos años analizaste la soledad?
En general, al hablar de la soledad siempre se te explica cómo salir de esa situación, cómo conocer a otra persona, cómo enamorarse. Y lo que yo encontré fue muy distinto: descubrí cómo encontrarme cómoda en ese momento y qué me hacía sentir mejor. Y fue el arte, fue leyendo sobre arte, observando cuadros, sintiendo que otras personas en distintos momentos históricos habían pasado por las mismas circunstancias que yo, como empecé a sentirme bien. Eso es muy útil en un momento en el que estamos en confinamiento y no nos podemos tocar, el saber que aún tenemos recursos que pueden hacernos sentir conectados, vistos y a salvo.

¿Cuál es el mayor peligro que puede provocar una situación como la actual? En el libro hablas de la hipervigilancia a la amenaza social, que significa que cuando estás solo eres más sensible y puedes malinterpretar lo que los demás te dicen y tender a aislarte más.
La hipervigilancia es el gran problema al que nos vamos a enfrentar durante esta crisis, y tenemos que saber que esto es algo que nos va a ocurrir. Hay que saber lo que le ocurre a tu cerebro y a tu cuerpo durante una experiencia de soledad, ser consciente de ello y elegir corregirlo. Es crucial tenerlo en cuenta en este momento, porque todos dependemos mucho de las redes sociales, y en una situación como la actual resulta muy sencillo malinterpretar las cosas, es muy fácil pensar «Oh, no le ha dado ‘Me gusta’ a mi Instagram, ¿por qué?» o «Todo el mundo está en esta app menos yo, he sido excluido». Cuando estamos solos nos damos más cuenta de todas las cosas de las que nos dejan fuera y menos de aquellas en las que se nos incluye. Es muy importante ignorar esas señales, porque son erróneas. Tenemos que hacer un esfuerzo real para seguir en contacto con las otras personas y mantener nuestras conexiones sociales tanto como podamos.

Olivia Laing

Capitán Swing publicó en 2017 ‘La ciudad solitaria’.

¿Crees que estos días las redes sociales, apps y móviles ayudan a no sentirnos solos, o deberíamos utilizar esta experiencia para reconectar con nosotros mismos, en lugar de estar pendientes de cada mensaje que nos llega?
Quizá ambas cosas. Es tentador mirar Internet todo el tiempo, y a la vez que es un recurso muy bueno para permanecer en contacto con otra gente este también es un momento en el que podemos entrar en contacto con nosotros mismos, estar con la gente con la que estamos atrapados en esta situación y también para, simplemente, respirar. Es un momento maravilloso para hacer cosas que normalmente dejamos de lado porque nunca disponemos de tiempo.

¿Cómo ha cambiado el concepto de soledad este mundo hiperconectado?
Está evolucionando todo el tiempo. Cuando escribí el libro pensaba que Internet era una fuerza siniestra y benigna a la vez, pero en este preciso momento creo que Internet es lo que nos está salvando, es lo que está permitiendo que el mundo salga adelante mientras no podemos salir de nuestras casas. Las relaciones de los seres humanos con la tecnología están en una continua evolución, y ahora mismo estamos viendo algo sin precedentes.

Tenemos que cuidarnos unos a otros, ser amables con nuestros vecinos tanto como podamos de forma virtual, e intentar salir adelante en comunidad individualmente

En esas redes mucha gente comparte sus emociones, cuenta que estos días llora sin motivo aparente, que se siente más expuesta…
Creo que eso está bien. Opino que no hay que preocuparse demasiado y compartir eso online, pero mostrar que estás triste, que te encuentras solo, comunicándote con los otros y mostrándote vulnerable ante ellos es positivo: ahí es donde comienza la intimidad.

En el libro concluyes que «la soledad es política, colectiva, es una ciudad». ¿Cuáles son las reglas para vivir en esa ciudad ahora mismo?
Creo que hoy siguen siendo las mismas que hace unos años: ser amable y solidario es lo que importa, preocuparnos por los demás. Tenemos que cuidarnos unos a otros, ser amables con nuestros vecinos tanto como podamos de forma virtual, e intentar salir adelante en comunidad individualmente.

¿Estaba nuestra sociedad preparada para afrontar una soledad colectiva así de repentina?
No, en absoluto. No creo que nadie estuviera preparado para esto, pero aunque creo que el efecto del virus es horrible pienso que  el haber conectado con nuestra soledad no va a ser necesariamente algo negativo, creo que nos puede ayudar a abrirnos a los demás y a establecer relaciones que serán más fuertes cuando esto acabe.

¿Cómo crees que va a cambiar esta crisis el mundo, la sociedad en la que vivimos?
No lo sé, me aterra la crisis financiera que vendrá, pero también creo que como seres humanos el mayor desafío al que nos enfrentamos hoy en día es el cambio climático. Nos está costando mucho llevar a cabo los cambios que tenemos que hacer, como no volar tanto, y de pronto nos estamos viendo forzados a realizar estos cambios, así que tengo la esperanza, soy una persona optimista, de que al final de esto vamos a saber enfrentarnos mucho mejor al problema del cambio climático.

En el libro hablas e cuatro artistas y sus respectivas soledades. ¿Por qué elegiste para abordar este asunto a Andy Warhol, Edward Hopper, David Wojnarowicz y Henry Darger?
Porque los amo, me encanta su trabajo, y también porque cada uno de ellos representa un tipo diferente de soledad: David Wojnarowicz estaba solo por razones políticas, era gay, tenía sida, era un excluido; Henry Darger es el extremo real de la soledad, la imagen del cliché del solitario, no tenía amigos, estaba completamente aislado; pero también quise incluir a Andy Warhol, que era alguien muy sociable, que aunque parecía tener muchos amigos e iba a muchas fiestas, se sentía aislado del mundo, y a Edward Hopper, el artista que mejor retrató el sentimiento de la soledad.  Era una forma de afrontar este tema desde diferentes ángulos.

¿Qué relación encontraste entre soledad y creatividad?
Creo que cuando estás solo y eres solitario es muy sencillo deprimirse y aislarse, pero también creo que si te lo permites puede ser muy creativo, puedes comunicarte de otra forma, y el arte es una forma de comunicación. Ahora podemos aprovechar esta oportunidad para desarrollar esa faceta: hay mucha gente a la que en su vida diaria le gustaría ser más creativa, pero no tiene tiempo. Este es el momento.

¿Vivimos ahora todos en un cuadro de Hopper?
Sí, absolutamente. No paro de ver fotos de gente en sus balcones en Italia o en Barcelona y parecen realmente cuadros de Hopper.

Olivia Laing

El cuadro ‘Morning Sun’ (1952), de Edward Hopper, el pintor que para Laing mejor ha retratado la soledad. Foto: Getty

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