Kira Perov: «Bill Viola siempre dice que no puede hacer su trabajo sin mí, lo que es realmente cierto»

La fotógrafa lleva 41 años compartiendo vida y trabajo con el videoartista. Dice que no firman como coautores porque su nombre ya es una marca que no tiene sentido cambiar. Hablamos con ella antes de la inauguración de la muestra 'Bill Viola. Espejos de lo invisible' en Fundación Telefónica.

Bill Viola exposicion Madrid

Kira Perov, ayer ultimando los preparativos de la exposición de Madrid. Foto: Fundación Telefónica

Kira Perov llegó el miércoles pasado desde California a Madrid para ultimar los detalles de la exposición Bill Viola. Espejos de lo invisible, que del 6 de febrero al 17 de mayo se podrá visitar en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid. Desde hace 41 años comparte vida y trabajo con el videoartista neoyorquino. Es la directora de Bill Viola Studio, se encarga las labores de producción para sus piezas, edita sus catálogos y comisaría sus exposiciones. Siempre supervisa al detalle el montaje, asegura que necesita «al menos cinco días para ultimarlo todo, hacer los ajustes de vídeo, sonido e iluminación» previos a la inauguración. Nos recibe antes de la apertura de la muestra, dice que ha aprovechado estos días en Madrid para visitar El Prado y recrearse con la obra de El Bosco: «En sus cuadros hay tanto movimiento en todas partes que te puedes quedar mirándolos durante horas viendo todas las cosas que están pasando ahí. Todos esos detalles. Es como una película».

Perov es australiana, estudió idiomas y literatura en la Universidad de Melbourne. «Mi madre siempre solía decir: ‘Cuando tengas la oportunidad de aprender un lenguaje, hazlo. Nunca se sabe cuándo será útil’. Mi familia es de Rusia, así que estudié ruso y también francés. Ambos idiomas fueron muy importantes para mí, porque me permitieron viajar por todo el mundo», explica casi en un susurro. Cuando conoció a Bill Viola, en 1977, trabajaba como programadora cultural en la Universidad de La Trobe. Solo un año después decidió mudarse a Estados Unidos y en 1979 se casaron y comenzaron a trabajar juntos. Para la exposición de Madrid, que cuenta con cuatro piezas diferentes a las mostradas en La Pedrera de Barcelona, Perov ha seleccionado más de 20 obras que repasan la trayectoria de Viola y abordan sus temas principales: el concepto de tiempo y la relación entre la vida y la muerte.

¿Por qué se dedicó al mundo del arte?
Siempre estuve interesada en el arte de todo tipo,sobre todo en el teatro. Me sorprende a mí misma el no haber estudiado bellas artes. Mi madre era una escultora aficionada, pero nunca trabajó como artista.

¿Cómo conoció a Bill Viola? Fue usted quien lo invitó a participar en unas charlas en su universidad.
Teníamos un nuevo departamento de música, algo que en 1977 era algo muy inusual, porque estaba dedicado a músicas muy vanguardistas, nuevas, a electrónica, música alternativa, jazz… Muchos de los profesores eran de Estados Unidos y con uno de ellos solía organizar visitas de músicos que daban una clase y también actuaban. Decidimos hacer una exposición de vídeo, en aquel momento había muy pocos artistas dedicados a ello, pero mi compañero dijo que tenía un amigo en Nueva York que hacía unos vídeos muy buenos. Y, además, su padre trabaja para Panamerican Airlines…

Así resultaba más sencillo gestionar el vuelo transoceánico.
A mí no me dejaban comprar billetes de vuelos internacionales, solo podía adquirirlos dentro de Australia, así que me pareció muy buena idea que viniera. De esta forma conocí a Bill.

¿Cómo recuerda su primer encuentro con él?
Fue muy emocionante. Era muy divertido, lo pasamos realmente bien, no parábamos de reírnos. Él regresó varias veces a Australia, porque iba a Indonesia, Japón… Pero nos gastábamos 100 dólares en hablar por teléfono, y en aquella época eso era mucho dinero. Pensé esto es ridículo, así que un año después decidí mudarme a Nueva York con él.

Bill Viola

Los cuatro elementos de sus ‘Martyrs Series’, 2014: tierra, fuego, agua y aire. Foto: Bill Viola Studio

¿Cómo empezaron a trabajar juntos?
A mí siempre me interesó la fotografía, y eso es lo que comencé a hacer en Nueva York, porque al llegar allí tenía más tiempo para ello, no estaba trabajando. En aquella época podías lograr una visa para seis meses; hoy, desde luego, eso es imposible. Tengo mucha capacidad para la organización. Allá donde viajábamos me ocupaba de esa labor, porque es muy duro hacer vídeos tú solo: necesitas equipo, coordinar muchos elementos… Organizaba las sesiones, me ocupaba de seleccionar a los actores, las prendas que llevaban, todo lo relativo a la producción. E incluso a veces le ayudaba a cambiar las ideas, si las ideas no eran muy buenas… (risas).

¿Nunca se planteó iniciar una carrera artística personal?
Me dediqué a hacer mis propias fotografías durante un tiempo, pero siempre había demasiado que hacer, y no podía concentrarme en ello. Cuando vivimos en Japón hice tres exposiciones. Pero cuando regresamos a Estados Unidos, después de estar con Bill durante 10 años, decidimos tener hijos, y entonces resultó imposible, entre los niños y las producciones no tenía tiempo.

Hay parejas de artistas que trabajan y firman juntos, como Christo y Jeanne-Claude. ¿Nunca se ha planteado incluir su nombre en las obras de Bill Viola, como coautora?
En algunos casos debería haber sido así, pero creo que en su mayoría estas son las ideas de Bill, su trabajo, con mucha ayuda mía, desde luego. Bill siempre dice que no podría hacer su trabajo sin mí, lo que es realmente cierto. Pero creo que en el mundo del arte Bill Viola es el nombre.

Es como una marca.
Sí, en cierto sentido. Y no puedes cambiarla, llegados a este punto. En Martyrs fue idea mía representar los cuatro elementos. Esta serie fue en gran medida una colaboración. Pero no queríamos cambiarlo. Habría resultado demasiado confuso.

¿Le basta con sentirse cocreadora, no necesita ver su nombre en esas obras?
Bueno, habría sido agradable el reconocimiento. Pero está bien. Da igual. No habría hecho este trabajo si no hubiera sido por Bill.

Bill Viola

La mujer en diferentes edades, protagonista de la obra ‘Three Women’, 2008. Foto: Bill Viola Studio

¿Qué parte de su trabajo prefiere: ser productora, editora de catálogos y libros o comisaria de las exposiciones?
Me gustan todas esas facetas, en diferentes etapas. Trabajar en el set resulta muy estresante, porque hay mucha gente a la vez, a veces tienes a 40 personas en una gran producción y, aunque las piezas parezcan muy sencillas, cada una requiere mucho tiempo. Por ejemplo, cada pieza de Martyrs se hizo en cinco días, tuvimos que buscar un estudio con 30 o 40 metros de altura, porque la necesitábamos, especialmente en el rodaje del agua. Fue una producción realmente grande, y también el casting resultó complicado. Siempre es un desafío, pero también resulta muy gratificante, porque trabajamos con gente de confianza que entiende nuestros métodos de trabajo. En Hollywood el tiempo es dinero. Y para nosotros rodar una escena en cinco días es hacerlo rápido. Nadie hace eso en Hollywood. Nadie.

¿Por qué interesan las obras de Bill Viola?
Porque él siempre está buscando. Siempre está haciendo preguntas, intentando expresar algo que no se puede expresar, que apenas se puede decir. Pero puedes transmitirlo en imágenes o en emociones. Lo que vemos en esta exposición es su desarrollo personal. Lo que él explora, cómo manipula el tiempo, lo que es el tiempo. Los científicos, de hecho, dicen que el tiempo no existe. No podemos verlo. Igual que los peces no ven el agua porque viven en ella. Bill contó una vez una historia de un antropólogo que estaba estudiando los chamanes en una ceremonia y un escéptico decía ‘Cómo sabemos que esto está pasando’, a lo que una mujer respondió ‘No puedes verlo todo, ¿puedes ver el martes? No, es un concepto’. El público puede reconocer en estas obras algo en lo que han estado pensando pero que nunca antes se ha materializado y lo hace aquí en forma de una imagen en movimiento.

Bill Viola

Una mujer cosiendo que a su vez es una metáfora del paso del tiempo, en su obra ‘Catherine’s Room’, 2001. Foto: Bill Viola Studio

Además del tiempo, la figura femenina es otra constante en sus obras.
También hay hombres, pero es verdad que en esta exposición se verán muchas mujeres… Bill varía. Pero no lo sé, en The Greeting, que no está en esta exposición porque es demasiado grande, muestra la interacción entre dos mujeres y una tercera que entra en escena y lo cambia todo. Es muy lento y muestra cada detalle de lo que ocurre ahí. Es muy femenino. La forma, no el contenido, está basada en un cuadro de Jacobo da Potormo, La visitación.

En el Tríptico de Nantes muestra momentos muy íntimos con dos mujeres como protagonistas: una dando a luz y una otra, mayor, agonizando. Esta última era su propia madre. ¿Cómo logran grabar momentos tan íntimos para luego enseñarlos en público?
Su madre estuvo en coma durante tres semanas. Llevaba enferma mucho tiempo, una semana antes de que ella falleciera vino toda la familia y Bill les pidió permiso para grabar algunos momentos. Lo que se ve en el tríptico es una semana antes de que ella muera, pero parece que está casi falleciendo por la forma en la que está editado. Creo que para Bill fue su forma de poder lidiar con esa situación de ver a su madre morir, puso algo entre ella y él, la videocámara. Y para el parto contactamos con varios centros de partos naturales en Los Ángeles, preguntamos si podíamos grabar ese momento y si nos daban permiso para luego utilizar esas grabaciones, así lo hicimos.

¿Qué obra es su favorita?
Hay muchas… Probablemente la que más me gusta es Catherine’s Room. En cierto modo, siempre he pensado que ella soy yo. Muchas de las prendas que la actriz lleva salieron de mi armario. Bill muestra a una mujer que vive sola. Ella es independiente. Es una declaración muy fuerte acerca de la vida interior de alguien. Y resulta que es una mujer, no San Jerónimo en medio de la naturaleza golpeando su pecho o lo que sea.

¿Se siente identificada con ella?
Definitivamente. Creo que la mayoría de las mujeres que la vean en la exposición lo harán. Habla sobre la naturaleza espiritual. En el primer panel, cuando ella se levanta, hace yoga, en el segundo panel trabaja, en el tercero realiza un trabajo creativo, escribe, y luego está la conexión espiritual que tiene con las velas, está iluminada, y en el último es su muerte, básicamente. No habla solo del paso de un día, sino también del ciclo que se ve en la ventana, donde ves la primavera, el verano, el otoño y el invierno y luego una ventana negra. Es una comprensión del tiempo. Me parece realmente asombroso, para mirarlo y pararse a pensar acerca de lo que dice. Es muy complejo. Y es hermoso.

Bill Viola

‘Catherine’s Room’, 2001, es la obra preferida de Kira Perov. Foto: Fundación Telefónica

¿Alguna vez ha aparecido en alguna de sus obras?
Sí, en alguna ocasión… Pero pequeñas apariciones.

No como protagonista, ¿le gustaría serlo?
Umm, no, creo que he acabado con eso.

Elige la ropa que llevan los actores, ¿le gusta la moda, busca piezas de diseñador o prefiere prendas atemporales?
No me gusta la moda, pero me gusta componer con colores, creo que son muy importantes. Nosotros no utilizamos apenas el lenguaje en las obras, muy pocas piezas lo tienen, ninguna en esta exposición, y creo que por eso el color es importante. A veces le pedimos a la gente que viene a las audiciones que traiga algunas de sus propias prendas, porque se sienten cómodos, y si no funciona ya tenemos otras nosotros. La mayor parte del tiempo no tengo una asistente de vestuario, me arreglo yo misma, e incluso a veces, con las piezas más pequeñas, utilizo prendas mías. En Catherine’s Room el abrigo azul que cose la mujer es mío, lo tenía en casa y pensé que era perfecto, porque daba una imagen pictórica. Con el vestuario construyes la obra. Recuerdo que hicimos dos portadas para la revista W, una con Jake Gyllenhaal y otra con Margot Robbie antes de que fuera tan famosa. Creamos nuestro concepto artístico, los pusimos bajo el agua. ¡Pero para Margot Robbie nos dijeron que tenía que llevar un traje de noche! Con Jake Gyllenhaal dije que necesitaba una camisa negra. Querían que llevara una camiseta blanca, e hicimos la foto, pero nosotros queríamos la negra, porque esa era la naturaleza de la pieza, nuestra intención era que saliera de la oscuridad del agua, la blanca no era tan interesante. Estas cosas son muy intuitivas y tienen que ver con algo más profundo que la moda. Pero me encantan las prendas bellas, creo que Issey Miyake es un genio, que lo que hacía Alexander McQueen era precioso y me parece que Guo Pei diseña trajes increíbles.

Bill Viola

Las dos portadas realizadas por Bill Viola Studio para la revista ‘W’.

¿Cree que el videoarte de Bill Viola ha influido en las generaciones que utilizan el vídeo a diario en medios como TikTok o las Stories de Instagram?
Espero que sea una influencia. Porque las imágenes que ven en la obra de Bill son diferentes de lo que ven en cualquier otro lugar. Tienen contenido. Muchas de las imágenes que ven los jóvenes no lo tienen, normalmente no son muy profundas. Pero si ven estas imágenes, siempre hay una narrativa visual. No es solo para tus ojos, es algo más, va a tu cabeza, a tu parte espiritual. Por ese motivo la gente cuando lo ve dice  ‘Oh, esto es algo diferente’. No sé cómo la gente puede no diferenciar entre Instagram y Bill Viola, saber lo que es superficial y lo que no lo es.

Diferenciar entre información y reflexión.
Exacto, por eso digo que el regalo que hacemos en estas exposiciones es el tiempo. Tiempo para ir despacio. Pedimos que no se utilicen los teléfonos en el show, porque interrumpirían al resto de los visitantes. Es un tiempo para reflexionar.

Bill Viola

El agua, una de las constantes en su trabajo, está presente en ‘Ablutions’, 2005. Foto: Bill Viola Studio

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