Gracia Querejeta Pilar Palomero

Gracia Querejeta lleva camisa de MIRTO, falda de MARINA RINALDI y joyas de la propia Gracia Querejeta. Pilar Palomero, con vestido de LOEWE. Foto: Ximena Garrigues y Sergio Moya

Gracia Querejeta y Pilar Palomero: «Estamos creando referentes para las nuevas generaciones»

Uno de los hitos de estos diez años ha sido ver a cineastas con capacidad de tomas de decisión, dirigiendo, escribiendo e incluso conquistando uno de los territorios sagrados a los que se le vetaba el acceso. Reflexionamos sobre ello de la mano de dos generaciones de directoras.

Pilar Palomero (Zaragoza, 41 años) y Gracia Querejeta (Madrid, 59 años) no se conocían personalmente antes de este posado-encuentro. “Pero encajamos muy bien”, dice Querejeta, una de nuestras directoras más prolíficas, reciente ganadora del Premio Nacional de Cinematografía por la UIMP por una carrera que contiene documentales como El trabajo de rodar (1994) o películas como Una estación de paso (1992), El último viaje de Robert Rylands (1996), Siete mesas de billar francés (2007), Felices 140 (2015), Ola de crímenes (2018) y su última cinta, Invisibles (2020). Mientras Palomero debutaba en un regreso a su infancia y adolescencia en la España del Póntelo, pónselo en su premiado debut con Las niñas (que se hizo en los Goya con el premio a la mejor película, dirección novel, guion original y fotografía, un hito por ser la primera mujer en lograrlo para Daniela Cajías), Querejeta apostó por una película en la que reivindicó la madurez femenina y la historia de tres amigas de mediana edad que quedaban todos los jueves en un parque para caminar y hablar de lo desplazadas que les hacía sentir la vida (“Invisibles es producto de mi edad y de la de muchas mujeres a las que los años se nos echan encima como un lastre, no como una ventaja. No parece que se nos vea más sabias, más experimentadas, más capacitadas para enfrentarnos a retos”).

Dos momentos vitales de dos cineastas. Dos generaciones unidas por el cine y por la fotografía que acompaña este texto. “Creo que Pilar que es tímida, como yo, y que procura sentirse cómoda en un medio que no es el nuestro, como posar frente a la cámara. Lo hemos pasado bien y nos hemos reído juntas”, cuenta Querejeta, que ha pasado los últimos meses dirigiendo algunos capítulos de Ana Tramel: el juego, la adaptación televisiva de la novela de Roberto Santiago que se estrenará a finales de septiembre protagonizada por Maribel Verdú. “Gracia es uno de los grandes referentes que tenemos en España. Ha sido un faro para mí y para muchas de las mujeres cineastas. Además, me ha dado muchos consejos para enfrentarme a esta fotografía”, apunta Palomero, que se encuentra preparando La maternal, un proyecto en el que ahondará en la maternidad adolescente.

Si de algo puede presumir esta última década es que las mujeres del cine dejaron de estar únicamente reconocidas en las categorías de interpretación, vestuario, maquillaje o peluquería e invadieron nuevos y cruciales espacios. Uno de los hitos de estos 10 años ha sido ver a cineastas con capacidad de tomas de decisión, dirigiendo, escribiendo e incluso conquistando uno de los territorios sagrados a los que se le vetaba el acceso, como la dirección fotografía. Lejos del cacareado pique entre boomers y mileniales, las conexiones intrageneracionales existen. Para Palomero, la generación de Querejeta, Icíar Bollaín e Isabel Coixet, en un mundo en el que apenas habían directoras españolas, supuso “una inspiración fundamental” para su carrera y la de las de su generación. Para Querejeta, la nueva oleada de mujeres dirigiendo y escribiendo que ha asaltado el panorama supone una inyección de fuerza y poder: “De la nueva tanda de directoras me gusta su valentía, el hecho de que sepan encontrar el medio para contar sus historias tan personales muchas veces. Seguramente es una generación que crece con menos complejos y a la que enseguida dejarán de preguntar cómo es eso de ser directora”.

A ambas les ha cambiado la vida esta última década. Querejeta escribía en 2011 Felices 140, “aterrada, como la mayor parte de la población desde que en el 2008 estallase la gran crisis”. Aquella película, producto de ese momento económico y social, cosas de la crisis y de la vida, no se rodó hasta el 2016. Palomero rompía en 2013 con todo en su vida: “Daba clases de guion y producción en una universidad de Zaragoza y soñaba con dirigir mis propias películas”. Conoció en un proyecto formativo de Béla Tarr, director húngaro (“mi maestro”) y se marchó a Saravejo para aprenderlo todo y lograr ser cineasta, “lo que quería hacer desde hacía desde hacía mucho tiempo”.

Querejeta, que asegura que ser hija del también cineasta Elías Querejeta le ha llegado a perjudicar (“Una vez en una serie de televisión llegué a la conclusión de que ser mujer y además ser Gracia Querejeta me estaba perjudicando seriamente, me acabé marchando”), ve con esperanza esta “generación eslabón que normaliza el tándem cine-mujer”. Palomero lo ratifica: “Además de hermandad entre nosotras, de sentirnos colegas, estamos creando espejos, referentes en lo que las nuevas generaciones se puedan reflejar”.

* Estilista: Ángela Esteban Librero. Maquillaje: Helena Liébanas (Cool) para NARS. Peluquería: Eli Serrano (Cool) para Kerastase. Diseño de Set: Cordero Atelier. Asistentes de fotografía: Cesco Rodríguez y Adolfo Moreno. Asistentes de estilismo: Aina Nogué Prat y Ariana Zabalaga. Asistente de Maquillaje y Peluquería: María Perucho (Cool). Asistente de diseño de set: Elena Barroso.

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