¿’Zocas’, albarcas o madreñas en tiempos de coronavirus? Un alcalde leonés recomienda este calzado rural

Hablamos con Porfirio Diez, alcalde de Burón, un municipio de la montaña leonesa, quien recomienda recuperar este calzado tradicional que suele guardarse fuera de casa.

Detalle de galochas o madreñas durante una celebración folclórica en el norte de España. Foto: Getty

Rodeado de montañas, en un paraje digno de admirar, se sitúa Burón, un municipio leonés de 300 habitantes censados pero cuyo número de residentes es incluso más bajo. Alzado en el Parque Regional de Picos de Europa, quizá a muchos les suene por las rutas senderistas que recorren sus alrededores: de las orillas del embalse de Riaño a los bosques habitados por jabalíes, osos o lobos. El resto lo recordarán a partir de ahora, después de que su alcalde, Porfirio Diez, haya anunciado una particular medida para plantarle cara al coronavirus que ya ha saltado de los titulares regionales a la prensa nacional.

Porfirio anima a los vecinos de Burón y las otras seis pedanías que engloba el ayuntamiento a ponerse madreñas, un calzado tradicional de madera también conocido como galocha o albarca, según la zona geográfica. «La costumbre es dejarlas a la puerta de casa, por lo que al no pasar dentro es una buena forma de evitar la propagación del virus», explica por teléfono a S Moda. «Tenemos la suerte de que en la zona no se ha registrado ningún contagio por el momento, algo bueno tenía que tener la despoblación… pero esta medida puede ser una buena opción para prevenir», añade.

Aunque la Organización Mundial de la Salud no ha dado esta indicación específica, el Ministerio de Sanidad sí la ha incluido entre sus últimas recomendaciones del mes de abril quitarse los zapatos al llegar a casa.

La idea ha sido bien acogida en el pueblo, dedicado al turismo y la ganadería, y compuesto por una población «bastante envejecida». Allí aún muchos de sus paisanos siguen llevando este calzado a pesar de que está prácticamente en desuso. «La gente mayor se lo sigue poniendo, no se lo quitan excepto para entrar en casa. Es común que haya algún par a la puerta de las viviendas. Si la primavera es húmeda conviene llevarlas porque mantienen el pie seco y producen bienestar». También ha recomendado ponérselas, dice, porque es una forma de relajar la tensión que estamos viviendo y, sobre todo, de «volver a las raíces y las costumbres tradicionales. Ya hemos visto que la globalización no es solución». Su reivindicación también ha recibido buena acogida en redes sociales por artistas como Rodrigo Cuevas, conocido por reinventar el folclore asturiano, que ha retuiteado el comunicado emitido por el Ayuntamiento de Burón.

La estructura del calzado –formado por una especie de tacón triple, con dos apoyos delanteros y otro en el talón– complica a los neófitos la tarea de caminar, pero, según Porfirio, todo es cuestión de práctica. «Hombre, no son unas Timberland ni es fácil correr con ellas, pero si vienes a pasar quince días al pueblo serías capaz de andar sin problema». Si alguien está interesado en hacerse con un par ha de saber que no es empresa fácil, aunque, según aclara el alcalde, «todavía hay tiendas que las despachan, aunque muchas son como recuerdo turístico. En León capital, por ejemplo, se pueden comprar». Casa Labradores, ubicada en la calle Santa Cruz, justo al lado de la Plaza Mayor, es uno de esos comercios que aún vende madreñas, en todas las tallas e incluso en miniatura a modo de decoración.

Este calzado, que se usaba en zonas rurales del norte de España colocado encima de cualquier otro zapato para protegerlo, suele fabricarse con madera todavía verde de aliso, haya o nogal y adornarse con la de abedul, más blanda y fácil de trabajar. Cada zona tiene sus decoraciones típicas, desde hojas o flores a dibujos geométricos. Aunque puede guardar cierto parecido con el zueco holandés, la principal diferencia radica en esos tres apoyos, llamados piales o tarugos, que lo levantan del suelo unos centímetros aislando mejor el pie de la humedad propia de estas zonas o de la suciedad del suelo de labranza. Si bien siguen utilizándose en algunos pueblos, la mayoría se desempolvan actualmente como parte del traje regional de numerosas provincias españolas.

A pesar de que no está clara la fecha exacta de su creación, los campesinos del norte peninsular llevan cientos de años usándolas y ya se citan en documentos del siglo XVII. En el Catastro del marqués de La Ensenada (1752) consta también el oficio de albarquero –no confundir con las albarcas de cuero, similares a las menorquinas– en varios pueblos de Cantabria. A día de hoy esta profesión ha desaparecido casi por completo y la mayoría de las madreñas que pueden comprarse están elaboradas a partir de un proceso industrial. Tampoco es tan frecuente verlas esperando al siguiente uso colocadas al lado de las puertas de las casas o de la iglesia, donde los feligreses se las quitaban para no manchar el suelo del templo. Justo la misma idea que ahora Porfirio Diez pretende recuperar para alejar la suciedad y los virus de los hogares de su pequeño pueblo.

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