Dorothy Todd y Madge Garland: la increíble historia de las dos lesbianas que publicaron a Man Ray y Jean Cocteau

Celebramos el Orgullo reivindicando la labor de esta pareja que convirtió la prensa femenina en espacio para el arte, la literatura o la música.

Harriet Meserole

Ilustración de Harriet Meserole para la portada de la revista 'Vogue' en 1924, bajo la dirección de Dorothy Todd.

En 1921, un año antes de que Dorothy Todd fuera nombrada directora de la edición británica de la revista Vogue, el Parlamento de aquel país decidió no ilegalizar la homosexualidad femenina. La masculina era perseguida penalmente desde 1534 pero, lejos de un golpe de tolerancia, la élite gobernante (masculina en su totalidad) pensaba que algo así daría malas ideas a las mujeres. El menosprecio hacia la población femenina era tal que concluyeron que no abriendo el debate ninguna fémina caería en las redes de ‘la práctica depravada’. En ese escenario de misoginia y homofobia Dorothy Todd y Madge Garland iniciaban su romance y su trabajo al frente de la cabecera. Una labor que transformó para siempre la concepción de las revistas de moda, hasta entonces un álbum de recortes de la alta sociedad: “Vogue no tiene ninguna intención de limitar sus páginas a sombreros y vestidos”, proclamaba un ejemplar de 1925. Todd y Garland, como directora y editora de moda respectivamente, abrieron por primera vez la publicación a nombres como Virginia Woolf, Vita Sackville-West, Gertrude Stein, Jean Cocteau o Man Ray.

Madge Garland y Dorothy Todd

Madge Garland (izda.) y Dorothy Todd (dcha.) en una imagen en los años veinte.

Madge Garland tenía solo 24 años y acababa de escapar del brazo aleccionador de su padre y su marido, Ewart Garland, un admirador con el que estuvo casada un año. Hija de un comerciante australiano, siempre tuvo claro su deseo de formarse, algo que no encajaba en los planes familiares. Cuenta su biógrafa Lisa Cohen en All we know que la pasión por la moda la heredó de su madre; el amor a la literatura se le desbordó tras su paso por un internado en París. Sus progenitores le negaron estudiar en Cambridge y ella encontró un trabajo en Londres, como asistente en Vogue, para no tener que volver a Australia. Aquello tampoco fue bien recibido por el cabeza de familia que intentó que la despidieran con una carta al dueño de la compañía: su hija no necesitaba un trabajo porque él era perfectamente capaz de mantenerla. Por suerte nadie prestó oídos a la petición y Madge se convirtió en una de las mujeres más influyentes de la industria en los felices años veinte. “¿Vistes así porque trabajas en Vogue o trabajas en Vogue porque vistes así?, se cuenta que le dijo Aldous Huxley.

Eduardo Garcia Benito

Ilustración del español Eduardo Garcia Benito para la portada de Vogue en septiembre de 1926.

En 1922, cuando la mismísima Edna Woolman-Chase nombra a Dorothy Todd directora, Garland es ascendida a responsable máxima de moda de la revista, que por entonces contaba con siete trabajadores.

Poco se sabe de la juventud de Todd hasta llegar a la cabecera. Su padre había muerto cuando era pequeña y parece que su madre, ludópata y alcohólica, no fue la mejor gestora. En 1905 tuvo una niña, Helen, a la que hizo pasar por su sobrina (hija de un hermano que murió en la guerra). El nieto de Todd, le confesó a Cohen décadas después que pensaba que su abuela, a la que solo se le conocían relaciones con mujeres, había sido violada. Sí es una certeza que cuando llegó a la compañía tenía 40 años, era abiertamente homosexual y una voz destacada en la lucha por los derechos de las mujeres. También que no encajaba en los estereotipos de las revistas de moda: “Esa inmunda editora con un rostro objetable… como de león marino”, dijo de ella el fotógrafo Cecil Beaton. Quizá fue la mezquina respuesta con la que pagaba la generosidad de Todd, que le abrió las puertas de la cabecera por primera vez. La editora era conocida por su ojo para descubrir talento. Además de a Madge (“le debo todo, todo. Tenía un don para hacer crecer a los más jóvenes”), fue la primera en publicar en una revista los trabajos de Man Ray o Jean Cocteau. También por su visión de la moda como género transversal: rebajó el precio de los ejemplares a la mitad y combinó los editoriales y bodegones de lujo con consejos para ahorrar, ensayos de Virginia Woolf, relatos de Vita Sackville-West o poesías de Gertrude Stein. La escritora feminista Rebecca West dijo que habían transformado la revista: “De simplemente otro panfleto de moda a la mejor guía de la moda y los movimientos de arte modernos”.

Dorothy Todd combinó editoriales de moda de lujo, consejos para ahorrar, ensayos de Virginia Woolf, relatos de Vita Sackville-West o poesías de Gertrude Stein.

Dos mujeres que decidieron romper con lo que se esperaba de su género. Juntas, Todd y Garland se convirtieron en una poderosa pareja que cargaron a la cabecera de contenido queer más avanzado que el tiempo que les tocó vivir. Bajaron las ventas y en 1926 Condé Nast despidió a Todd. Ella quiso demandarles por incumplimiento de contrato, pero la amenaza de airear su “moral”, a su hija ilegítima y sus prácticas sexuales la frenaron. Vita y Virginia intentaron mediar sin resultado y la propia Woolf insulta a Nast en una irritada carta a su hermana.

Aquello supuso el fin de Todd, que cayó en una espiral destructiva que acabó con su relación con Garland (dimitió de su cargo tras el despido de su pareja). Dorothy, que fue trabajadora social en la Segunda Guerra Mundial y después traductora, fallecía en 1966, alejada de las revistas. La australiana sin embargo consiguió salir con más suerte de aquello y una década después regresó a la editorial tras haber colaborado con otras cabeceras como Women’s Wear Daily. En 1948 Garland se convirtió en la primera catedrática de moda en el Royal College of Art y desarrolló el currículo académico de la licenciatura en diseño. Fundó el London Fashion Group, que con el tiempo derivaría en el British Fashion Council (el consejo de la moda británica) y escribió varios libros de historia de la moda y el vestido. En 1956 se volvió a casar con Sir Leigh Ashton, director del museo Victoria & Albert, en un matrimonio de conveniencia entre dos homosexuales. Cuando falleció, en Londres a los 92 años, The Times le dedicó un obituario que plasmaba el espíritu de su carrera: «No era un personaje social, sino una figura clave en la historia del periodismo de la moda británica, en la industria de la moda y en la formación de diseñadores». Aunque el gobierno de Dorothy Todd y Madge Garland al frente de Vogue fue breve (a penas cuatro años), su legado aún puede sentirse en la prensa femenina de cualquier rincón del mundo.

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