Cuatro jóvenes escritoras a las que deberías conocer (y leer)

Leticia Sala, Luna Miguel y María Bastarós debutan en la novela y María Pérez Heredia publica su segunda obra. Una nueva generación literaria que aporta nuevos códigos: visión feminista, inclusión de las nuevas tecnologías en la narrativa y referencias multidisciplinares.

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Las autoras María Pérez Heredia, Leticia Sala, Luna Miguel y María Bastarós. Foto: Aarón Martínez/Leticia Sala/María Bastarós/Martina Matencio

Luna Miguel: «Lolita es ese insulto que te sueltan cuando eres una mujer más o menos joven que quiere destacar con su trabajo y tiene ambiciones»


Empezó a escribir poemas de adolescente y, tras publicar varios poemarios desde 2010 se acaba de estrenar en la novela con El funeral de Lolita (Lumen). Y sigue creando: ahora Luna Miguel (Madrid, 1990), periodista freelance y editora en Caballo de Troya, trabaja en un cuento infantil ilustrado por Laia Arqueros que publicará La Galera en 2019, año en el que también saldrá su ensayo sobre escritoras hispanoamericanas, El coloquio de las perras (Capitán Swing). Todo, mientras se embarca en su segunda novela.

¿Por qué elegiste Lolita como tema para tu debut en la novela?
La figura de la nínfula me obsesiona desde adolescente. Quizá porque durante muchos años me veía reflejada en las historias de aquellas niñas desgraciadas. Por suerte, aprendí a desprenderme de ese cliché y a hacer de mi vida algo solo mío, a pesar de las marcas o los traumas. De eso va El funeral de Lolita.

¿Crees que es hora de revisar con otra óptica personajes que se han convertido en mitos culturales, como el de la adolescente de Nabokov?
Sí. Esa es la clave. Lolita no es ya un personaje de Vladimir Nabokov. Es ese insulto que te sueltan cuando eres una mujer más o menos joven que quiere hablar de su propio placer, destacar con su trabajo, que tiene ambiciones. Es la mirada paternalista que otros vierten sobre una. Más que revisarlos, me gustaría que pudiéramos reapropiarnos de muchos mitos y de muchas historias.

Hablas de las redes sociales, ¿cómo se traduce al papel el mundo online?
Es algo natural. He crecido leyendo a autores como Ben Lerner, Sheila Heti o Tao Lin, en los que las redes sociales e Internet están muy presentes. No concibo un retrato de la actualidad sin la presencia de nuestras redes. Algunos lectores han criticado que hablar de Instagram quedaba forzado, pero yo lo defiendo: mi personaje tiene 30 años en 2018. No conozco a nadie de esa edad o de su profesión que no use redes sociales.

Provienes de la poesía, ¿crees que los versos, los textos breves, atraen más ahora por lo habituados que estamos al uso de las redes?
Creo que algunos géneros como la poesía o el aforismo han encontrado un buen lugar de difusión en Internet porque además ayudan a mantener la calma en un medio tan volátil y complejo. A veces, leer una cita o un poema en Instagram es como un oasis entre tanto ego, publicidad y ruido.

¿Existe una literatura millennial, una nueva generación con nuevos códigos?
No lo sé. Yo tengo muy buena relación y me siento muy cercana a autores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. En el panorama español leo y valoro mucho a Miriam Reyes o a Lara Moreno, nacidas en los setenta. A Aixa de la Cruz y a Almudena Sánchez, nacidas en los ochenta. A Rosa Moncayo y Anna Pacheco, nacidas en los noventa. O incluso a Elizabeth Duval, que nació en el año 2000. Nos une cierta visceralidad y su especial atención por encontrar temas anteriormente silenciados, o raros, o polémicos…

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Luna Miguel había publicado poesía antes, pero esta es su primera novela. Foto: Lumen

María Bastarós: » Siempre trabajo desde lo real, es mi ingrediente básico»

Acaba de ganar la segunda edición del Premio Puchi y la editorial Fulgencio Pimentel ha publicado esa primera novela premiada, Historia de España contada a las niñas. Gestora cultural y promotora de la campaña Quién Coño Es para la visibilización de mujeres artistas, esta zaragozana del 87 acaba de publicar también Herestory (Lumen) junto a Nacho Moreno, un repaso de la evolución del feminismo, «desde la prehistoria al #MeToo».

¿Por qué elegiste arrancar tu novela en un pueblo que es un matriarcado?
Ubicar el origen de todo en un contexto imaginario como Beratón –al margen del nombre y algún detalle el resto es pura ficción– es útil a nivel narrativo: es un lugar ajeno al mundo exterior, aislado, al margen del capitalismo, la explotación laboral, la pobreza, las drogas, los medios de comunicación… Representa un panorama de lo más puro y pacífico, mientras la ciudad es el caos y la violencia. Pese al detalle del matriarcado –una forma de eliminar la potencial violencia que suponen los hombres en una sociedad que los educa para ejercerla– esta no es una historia solo de géneros, sino de cómo las personas nos corrompemos o somos corrompidas y de cómo se disfraza esa corrupción.

Combinas ficción y hechos reales.
Siempre trabajo desde lo real, es mi ingrediente básico. Me interesa cruzar esa línea realidad/ficción que resulta tan conflictiva para muchos. Recurro a formatos que acostumbramos a entender desde lo real y pueden resultar desconcertantes al trasladarse a ficciones, como los artículos de prensa, los pantallazos de WhatsApp o los posts de Facebook que aparecen a lo largo del libro.

¿Es importante reflejar estas nuevas formas de comunicación?
No creo que haya una receta para hacer literatura, es un campo en el que cada una debe trabajar de la forma que le resulte más interesante. En mi caso, hay una trama muy contemporánea y me resultaba muy funcional y resultón recurrir a formas de comunicación tan usuales en nuestra vida. Además, en el caso de la Manada, sus whatsapps se hicieron tremendamente conocidos y es una forma de conectar con el lector. Este tipo de recursos hacen el libro muy hijo de su tiempo, con sus pros y sus contras: todo lo que en un momento dado es muy contemporáneo tiene el riesgo de convertirse en algo desfasado en unos años.

¿La historia que podemos contar ahora a las niñas es una en la que cada vez hay más mujeres escritoras y son más reconocidas?
La creciente capacidad de presión del feminismo y su afán de puesta en valor de creadoras contemporáneas hace que hoy exista más información sobre las profesionales de todas las disciplinas. Sin embargo, en este afán, que a veces puede verse más impulsado por el entusiasmo y la inmediatez que por reflexiones más pausadas, tenemos que tener cuidado de no generar inercias nocivas que acaben haciendo que las conversaciones sobre las escritoras y artistas giren en torno a su condición de mujeres en lugar de en torno a su obra.

¿Eso es un logro que se ve en tu generación, la creciente presencia y reconocimiento de las mujeres en el mundo editorial?
Creo que en mi generación y en las siguientes la presencia de las mujeres en casi cualquier ámbito es mayor, y que hay una consciencia cada vez más amplia de la situación de inferioridad desde la que partimos y en la que nos movemos durante toda nuestra vida laboral y personal, aunque las reivindicaciones que han llevado hasta este avance hayan generado también una resistencia muy virulenta al feminismo y una misoginia a la que podemos considerar militante. Lo oportuno ahora es trabajar desde la educación para liberar a las mujeres de sus muy superiores cargas de cuidados prácticos y emocionales y fomentar desde la infancia su independencia e iniciativa.

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María Bastarós ambienta su novela en un matriarcado ficiticio. Foto: Fulgencio Pimentel

Leticia Sala: «Las redes son el gancho para que luego uno se vaya al papel»

Estudió Derecho y trabajó en la ONU de Nueva York antes de decidirse a dejarlo todo por la escritura. Este año la editorial Terranova publicó su debut literario, Scrolling After Sex, mezcla de relatos, imágenes y frases. Leticia Sala (Barcelona, 1989) reconoce que Internet es su inspiración y trabaja ya en nuevos proyectos literarios, que compagina con colaboraciones como la realizada con Rosalía, en cuyo último álbum, El mal querer, figura como coautora del tema Bagdad.

¿Cómo surgió la colaboración con Rosalía?
Pablo Díaz-Reixa, El Guincho, y yo somos amigos. Hace un año que soy también letrista, estuvimos colaborando juntos en algunas letras, y ella me propuso si quería ayudarla en un single. Ellos han escrito el grueso, son los creadores de todo, y trabajar juntos fue muy bonito y me ha hecho muchísima ilusión. Te llega al alma, es espectacular, y los dos le dieron mucha importancia al storytelling. Ellos no hacen ninguna letra al azar, y yo como escritora eso lo admiro mucho.

¿Qué querías contar con Scrolling After Sex?
No hubo un plan establecido. He escrito desde adolescente, empecé a subir cosas en Fotolog… Antes era abogada, pero en un momento dado de transición se me ocurrió ir publicando mis escritos, las notas de móvil. Vi que tenía muy buen feedback, a la gente le gustaba, me empezaban a seguir, a compartir. Entonces apareció el editor Luis Cerveró y me propuso hacer un libro. No tiene una temática concreta, son fragmentos de mi vida.

Es un multiformato que incluye desde mensajes de WhatsApp a capturas de pantalla y fotografías. ¿Los nuevos escritores necesitáis nuevos lenguajes?
Yo no diría que es una obligación, porque creo que la forma clásica siempre es bienvenida. Pero sí que tenemos una pasión ya casi orgánica por la realidad de ahora y está muy bien que editoriales, público, agencias, toda la industria, acepte también distintos formatos y la convivencia de unos y otros. Me gusta usar la palabra scrolling en el titular porque así es nuestra vida ahora: imágenes constantes, información muy variada… Y me encanta que en un libro se pueda representar esa realidad.

¿Cómo ha cambiado Internet la forma de trabajar en un libro?
Está sacudiendo todas las artes y los géneros, también la escritura. Algo que identifica a los escritores millennials es que mezclamos literatura y nuevas tecnologías. Cambia también la forma de escribir. Yo, que me expreso en Instagram, un formato muy cortito porque al final es una foto, siempre hago un ejercicio de quedarme con la esencia de lo que quiero decir. Y eso lo traslado al papel, me da la sensación de que las redes son el gancho para que luego uno se vaya al papel.

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‘Scrolling After Sex’ es el primer libro de Leticia Sala. Foto: Terranova

María Pérez Heredia: «Rompemos con la generación anterior, que era muy yoísta, centrada en la literatura de la autoexperiencia»

En 2013, María Pérez Heredia (Zaragoza, 1994) publicó Esos días raros de lluvia (Eclipsados), su primera novela. Dice que siempre ha querido contar historias, y lo ha hecho a través de relatos, cuentos, un blog… Tras la publicación de Starman (Reservoir Books) ya trabaja en su tercera obra, «una novela negra, algo muy diferente, que si todo va bien saldrá en 2020», anuncia.

Starman está inspirada en el secuestro del jugador de baloncesto Lamar Odom, ex de Khloé Kardashian. ¿Por qué elegiste esta historia de éxito y fracaso?
Es algo que siempre ha existido, es una epopeya, la aventura del héroe, es el esquema del Mío Cid. Nos encantan esas historias, el drama de un personaje que tiene que enfrentarse a dificultades, que empieza en lo bajo, sube, vuelve a caer.

¿Hoy en día la literatura puede nacer de Internet?
Sí, creo que hoy en día mucha gente empieza escribiendo en blogs y luego se pasa a otro formato, que es el libro tradicional. Es el germen de muchos proyectos interesantes. Para mí pensar en trabajar sin Internet es casi imposible. Siempre estoy buscando datos, toda la investigación la hago ahí, para mí es un proceso natural. Me sirve mucho para ambientar mis novelas, porque puedo ver muchas fotos, toda clase de documentos que me enseñan el lugar donde quiero desarrollar la historia… Sería muchísimo más difícil hacerlo sin Internet, porque no tendría acceso a documentos ni a la gente que vive en esos lugares, que te ubica, personas normales que ponen fotos de su vida en Instagram.

Eres filóloga, ¿cómo ves la incorporación a los libros de formas de hablar heredadas de redes?
Yo creo que la literatura debería reflejar el tiempo en el que está escrita, y si es buena trascenderá y pasará a la historia igual, pero no puede vivir al margen del mundo de hoy en día. Y hoy en día si escribimos una novela sobre gente joven se comunicarán de esa manera. Pueden aparecer mensajes en un libro, no es nada vanguardista ni novedoso, vemos muchas películas en las que se utilizan, y creo que la literatura no debería quedarse al margen. Pero todo depende de la historia que queremos contar, no hay que meter cosas modernas solo por querer ser el más moderno. Quiero que la gente hable y escriba bien, pero usar bien las palabras, la gramática, intentar enriquecer el lenguaje, no tiene por qué estar reñido con la innovación y con los neologismos.

¿Qué identifica a la nueva generación de escritores millennial?
De momento no está muy definida ni tampoco muy codificada, pero sí que veo ciertos rasgos comunes. Se rompe con la generación anterior, que era muy yoísta, centrada en una literatura de la autoexperiencia, casi una autobiografía continua. Ahora es todo bastante internacional, los escritores jóvenes leen a autores internacionales y sus referencias están menos restringidas, no tienen por qué ser solo literarias ni por supuesto solo nacionales.

¿Se lee cada vez a más autoras jóvenes?
Sí, la verdad, si pienso en escritores de mi generación solo me salen escritoras. Creo que es una generación en la que están apareciendo muchas voces femeninas e igual no hay tanto prejuicio al publicar una mujer, no se piensa ya en esa llamada «literatura femenina». Las mujeres en mi generación son bastante lanzadas, porque si no no habría tantas publicando.

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Tras ‘Starman’, María Pérez Heredia trabaja ya en su tercera novela. Foto: Reservoir Books

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