piercing

De ida. a dcha., creaciones de Ellipsee, Joanne T y Hirotaka.

8 firmas de ‘piercing’ que llevan todas las instagramers

El arte de ornamentar y editar orejas se sofistica; y el piercing (real o fake) gana adeptos en las calles… y en las redes. Estas son las marcas que decoran los lóbulos con más seguidores.

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    La joyería lanza mensajes, algunos más explícitos que otros. Parte de la identidad (social y estética) de los últimos años se puede explicar a través de los pendientes, que se han convertido en el eje del joyero al tiempo que han hecho suyo el grito transformador de la calle. El piercing, que en los años 70 perforaba las orejas de la subcultura punk, se ha instalado en París y ha abrazado expresiones de máxima sofisticación que hacen furor en las redes sociales. El lóbulo es solo el inicio. Hay diseños que cubren todo el cartílago, otros que nacen en el hélix, algunos que construyen constelaciones de micropendientes, e incluso piezas vanguardistas que no requieren ningún tipo de perforación y funcionan como piercings faciales. La colección ornamental Not Your Average Beauty de Joanne T. (en la foto) es una crítica al canon idealizado de la cultura popular y a la obsesión por la cirugía estética. Son piezas únicas de oro, perlas y diamantes que cuestionan los valores clásicos de la belleza en Asia y Occidente.

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    Kat Kim. Los diseños de Katharine Kim tienen el equilibrio perfecto entre legado y modernidad. Son clásicos y vanguardistas, sencillos e hipnóticos, refinados y radicales. En la colección de esta creativa neoyorquina, la tendencia neopiercing adquiere una elegancia natural. En la foto, Arena Diamond Ear Cuff, de oro y diamantes.

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    Rosie Huntington-Whiteley con el pendiente Floating Pearl Ear Pin de Kim Kat en un evento de Business of Fashion en junio de 2018.

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    Hirotaka. Ni rastro de las connotaciones viejunas que repiten aquellos (cada vez menos) que todavía asocian las perlas a un joyero conservador. Estas gemas también pueden ser divertidas, vanguardistas e incluso rompedoras. «Su brillo, suave pero profundo, contrasta con el metal precioso», opina este joyero de Tokio, que se inspira en la naturaleza para cincelar piezas minimalistas que traducen el vocabulario de insectos y plantas a formas abstractas. «La joyería es muy personal, casi como un tatuaje. Se lleva tan cerca de la piel, que casi forma parte de uno mismo», opina Hirotaka Inoue. Sus piercings retrofuturistas, delicados y orgánicos, triunfan en París, donde a finales de los 90 este japonés empezó a trabajar en Alta Joyería.

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    A la izda., Lucky Diamond Door Knockers. A la dcha., Gossamer Floating Earring de oro y diamantes (686 €) y piercing Bow (482 €), todo de Hirotaka.

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    Ellipsee. Su colección refleja su pasión por el arte. En algunas de las piezas es fácil ver las referencias a Pablo Picasso, Henri Matisse, Fernand Lege o Paul Gauguin. Para Sabina Feynman, fundadora y directora creativa de la marca, «una joya puede ser también una pequeña escultura». Sabina ha colaborado con Jacquemus y Rachel Comey, entre otros. En la foto, pendiente creado en colaboración con la también diseñadora craniana Masha Reva.

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    Maria Tash. No solo su línea de joyas tiene fans, su estilo único de perforar y "editar" orejas tiene una legión de seguidores. Abrió su primer estudio (Venus Modern Body Arts) en el Lower East Side de Nueva York en 1993, mucho antes de que los piercings de lujo se popularizaran en 2013. Su filosofía (y su estética) nacieron como reacción a la cultura de perforación de los años 90, más heavy e industrial. Eran tiempos de experimentación. Hoy los artistas que trabajan en el estudio de Maria Tash no solo tienen en cuenta  el aspecto técnico de, por ejemplo, realizar dos o tres agujeros; son estilistas faciales, que se dedican a construir composiciones armónicas y vanguardistas. Tienen en cuenta detalles como el ángulo, los piercings existentes, el estilo y la personalidad del cliente, su complexión… «Ya no existen reglas»; y desde hace cinco o seis años, la asimetría se impone también en el lóbulo. «Ninguna decisión es arbitraria. La intención de diseño es muy importante. No es una cuestión de número –la cantidad no es importante–; sino de encontrar el lugar exacto que más favorece». En su lista de clientes, Chiara Ferragni, Miley Cyrus, Scarlett Johansson…

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    A la izda., la modelo Adwoa Aboah en enero, con piercings de Maria Tash; a la dcha., Flower Garland de oro y diamantes (945 €), aro de oro con pavé de diamantes y ópalos (1.510 €) y Trinity de oto y turquesa (170 €), todo de Maria Tash.

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    Ana Khouri. Es una de las joyeras responsables del fenómeno earcuff que transformó la joyería clásica hace cinco años. Desde entonces, esta creativa –de origen brasilero y afincada en Nueva York– experimenta y juega con nuevas fórmulas para decorar la oreja más allá del lóbulo. «Hay piezas que parece que estén cosidas a la oreja», describe. En realidad, su enfoque es casi científico. Khouri adapta el trazo de sus joyas a las formas anatómicas para establecer una conexión íntima con la mujer que las llevas. Lady Gaga, Saoirse Ronan, Naomi Campbell, Jennifer Lawrence o Zoë Cravitz zon algunas de las celebrities que han lucido sus creaciones dentro y fuera de la alfombra roja. En la foto, Diamond Missy Ear Piece de Ana Khouri.

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    A la izda., Saoirse Ronan, con piercing de Ana Khouri; a la dcha., pendiente de oro y diamantes (8.000 €) y modelo Lily de línea orgánica de oro y perlas (1.363 €), todo de Ana Khouri.

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    Mara Paris. Antes de fundar la marca, Ayça Özbank Taşkan trabajó como arquitecta. De hecho, uno de sus pendientes está inspirado en el Walt Disney Concert Hall de Frank Gehry. Reivindica que diseña para mujeres que quieren llevar y también coleccionar objetos excepcionales. La pieza más emblemática de esta joyera (que este año se ha colado en la lista de firmas favoritas de las editoras parisinas) es el pendiente Dina (en la foto), que puede comprarse individualmente, o en set (al modo tradicional).

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    Saskia Diez. «La joyería es una disciplina de ornamentación». Esta alemana aspira a crear piezas íntimas. «Me fascina la relación que se establece entre mis diseños y las personas que los llevan». El cuerpo es siempre el punto de partida: «imagino cómo queda en contacto con la piel, cómo se integra en el día a día, cómo se mueve… No diseño joyas para  admirarlas desde una vitrina». En la foto, Double Boldwire earcuff No2 de Saskia Diez.

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