canciones sobre droga

12 canciones de amor que en realidad están dedicadas a la droga

Tom Chaplin, líder de la banda británica Keane, acaba de revelar que su exitosa balada 'Somewhere Only We Know' va sobre "fumar hierba en el patio de la escuela". No han sido los únicos en crear letras ambiguas: aquí algunos ejemplos, de Ricky Martin a Los Planetas o The Beatles.

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    Somewhere Only We Know, de Keane. Tom Chaplin era un jovenzuelo de 25 años cuando su banda publicó su exitoso debut, Hopes and Fears, en 2004. Eran un grupo indie de amigos que se habían conocido en el colegio en Battle (East Sussex, Reino Unido) y cantaban historias de desamor. Somewhere Only We Know fue su primer sencillo y un hit inmediato. La balada, según acaba de explicar el cantante en una tribuna en The Guardian, parece una historia de amor pero no lo es: "En Internet hay un montón de teorías sobre el significado de la canción. Para mí, va sobre fumar hierba en el patio de la escuela". Dos años después de su álbum de debut, en 2006, Chaplin ingresó en una clínica de rehabilitación para tratar sus adicciones a las drogas y el alcohol.

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    No puedo vivir sin ti, de Los Ronaldos. Canción sobre la dependencia de los enamorados, ha sido muchas veces interpretada como un tema sobre la dependencia de la cocaína. El propio Coque Malla lo reconocía el año pasado, cuando salió a la palestra para explicar en su Facebook el significado real de este tema publicado en el disco La bola extra (2008), que el partido político Vox había utilizado en uno de sus actos: "No sé si Vox, el partido de ultra derecha que ha utilizado sin permiso (tienen perfecto derecho a hacerlo, qué le vamos a hacer) mi canción No puedo vivir sin ti en uno de sus mítines, sabe que media España piensa que es una canción dedicada a la cocaína... Lo digo porque igual han metido un poco la pata. Pero no se preocupen, señores de Vox, la otra media, sabe la verdadera inspiración de la canción, que no es otra que la relación homosexual entre dos amigos gays muy queridos, que lo pasaron realmente mal por culpa de la intolerancia y de la estupidez homófoba".

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    Aquí no podemos hacerlo, de Los Rodríguez. Ese arranque mítico cantado por Andrés Calamaro –"Morena con la piel de chocolate, no dejaremos de ser dos amantes (tú y yo)"– sirve de inicio para un tema que juega de principio a fin con los dobles sentidos, porque esa morena es una piedra de hachís. Forma parte del disco Palabras más, palabras menos (1995) y por aquel entonces las declaraciones de Calamaro a favor de legalizar la marihuana despertaron un intenso debate en Argentina.

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    María, de Ricky Martin. “Así es María, blanca como el día, pero es veneno si te quieres enamorar. Así es María, tan caliente y fría, que si te la bebes, de seguro te va a matar”, cantaba la estrella latina en 1995 en el hit de su álbum A medio vivir. Y entre un pasito pa' lante y un pasito pa' trás, se interpretó que esa María no era una mujer, sino una metáfora de la cocaína, algo que el cantante negó en 1996 durante su gira por Venezuela.

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    Lucy in the Sky With Diamonds, de The Beatles. El Sgt. Peppers de los cuatro de Liverpool acaba de cumplir 50 años y a estas alturas todo el mundo asocia a la Lucy de uno de sus temas icónicos con el LSD, sustancia con la que experimentaron en aquella época (en la imagen, en 1967 durante uno de los actos de presentación del álbum). La chica con ojos caleidoscópicos a la que la que evocan en el tema es un viaje de ácido, alucinógeno que Paul McCartney reconoció en Rolling Stone haber probado por primera vez gracias a un dentista amigo de George Harrison. No es el único de sus temas que habla de drogas, aunque parezca hacerlo de amor. Got to Get You Into My Life, del disco Revolver (1966), describe la dependencia: "Ooh, did I tell you I need you. Every single day of my life"... El propio McCartney le explicó al escritor Barry Miles que era "una oda a la hierba, como si algún otro le hubiera escrito una oda al chocolate o a un buen burdeos".

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    Wild Horses, de The Rolling Stones. Sus satánicas majestades publicaron en 1971, dentro de Sticky Fingers, esta balada, que Rolling Stone (la revista) incluyó entre los 500 temas más influyentes de la historia. Cuenta la leyenda que Keith Richards empezó a escribirla pensando en su hijo Marlon, pero Mick Jagger cambió la letra para contar su complicada relación con Marianne Faithfull (con él en la imagen en Castletown Mansion en 1968). Ella se intentó suicidar con una sobredosis y cuando salió del coma le dijo a Jagger: "Wild horses couldn't drag me away" ("los caballos salvajes no podrán arrastrarme lejos de aquí"). Él convirtió esa frase en estribillo.

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    Beetlebum, de Blur. "She turns me on all my violence is gone. Nothing is wrong", cantaba Damon Albarn  en 1997. Los adalides del Brit Pop siguieron el ejemplo de sus predecesores –The Rolling Stones, The Beatles– con temas como este, incluido en su álbum Blur. Abierto a interpretaciones, hubo quien dijo que la canción era una pulla para Liam Gallagher, de sus archienemigos Oasis, por su fijación con los Beatles. Pero Albarn reconoció en el libro 1.000 UK Number One Hits que "se trata básicamente de una canción sobre las drogas", en concreto sobre la heroína: la expresión "chasing the beetle", de donde nace "beetlebum", se refiere a un método de fumar heroína y crack. El cantante admitió en el documental No Distance Left To Run que la heroína tuvo un impacto en su vida en aquella época, cuando salía con la cantante de Elastica Justine Frischmann y ambos tuvieron que combatir sus adicciones.

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    Santos que yo te pinte, de Los Planetas. En España no han faltado himnos con doble sentido, como este que los granadinos incluyeron en su cuarto álbum, Unidad de desplazamiento (2000). Hoy, casi 20 años después, sigue siendo una de las canciones que no faltan en sus directos, y el público se desgañita coreando con J estrofas como "Puedes buscar por tierra. Puedes buscar por aire. Que como yo te he querido. No va a quererte nadie", o la inicial "Yo no tengo la culpa de que te duela el alma. No tengo culpa ninguna de que te fumes plata". En su carrera acumulan temas mucho más explícitos, como Línea 1, que trata sobre el recorrido en autobús que hacía Florent para pillar droga en Granada, según explicaba Nando Cruz en su libro Una semana en el motor de un autobús (Lengua de trapo).

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    Blanca, de Nacho Vegas. El asturiano nunca ha ocultado su relación con las drogas, ni en sus canciones ni en sus libros. Sus primeros discos se centraban más que los recientes en esas experiencias, a veces de forma metafórica como en Blanca, incluida en el álbum Actos inexplicables (2001). En el tema detalla el ascenso y caída provocado por las drogas como si fuera una historia de amor, aunque en una entrevista admitió que la canción versaba sobre la cocaína, con descripciones de sus efectos como: "¿Por qué me dejas caer, tú que me subiste aquí, tú que me trataste tan bien, cuando yo me enamoré de ti?". Como relató Carlos Prieto en su libro Cajas de música difíciles de parar (Lengua de trapo), esos discos iniciales dispararon "la leyenda del malditismo de Nacho Vegas. Todo el mundo parecía haberle visto haciendo congas en Las Barranquillas, fumando platitas en los baños de un centro social okupado, follando con hombres, mujeres y hermafroditas, cual embajador plenipotenciario de la nación del sexo, drogas y rock’n’roll".    

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    My Drug Buddy, de The Lemonheads. Otro artista que ha hecho suya la leyenda del malditismo asociado a las drogas ha sido Evan Dando, líder de la banda de Boston. Chico de póster de los noventa, hoy en día sigue hablando de su relación con los estupefacientes desde su cuenta de Twitter, donde el pasado agosto explicó que llevaba un mes sin probar la heroína. En 1992, año de publicación de su reconocido álbum It's a Shame About Ray, le censuraron el título de este tema, que salió publicado como Buddy, aunque posteriormente se popularizó con el título que incluía la palabra drug. "We have to laugh to look at each other. We have to laugh 'cause we're not alone" le decía a su compañera de juergas en la canción, con Juliana Hatfield acompañándole en los coros.

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    No sé qué me das, de Fangoria. ¿Subidón de amor, o de alguna sustancia prohibida? Alaska y Nacho Canut explicaron en este tema incluido en su disco de 2001 Naturaleza muerta los efectos de un éxtasis químico: "No sé qué me das, que me hace volar, más alto de lo que nunca soñé".

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    Heroine, de Suede. Si The Beatles llamaban "Lucy" al LSD y Ricky Martin "María" a la cocaína, Brett Anderson puso el apodo de "My Marilyn" a la heroína en esta canción de título explícito de su álbum Dog Man Star (1994): "My Marilyn come to my slum for an hour. I'm aching to see my heroine. I'm aching been dying for hours and hours". Esta época de adicciones y tensión con su compañero de grupo Bernard Butler es la que repasará ahora en su segundo tomo de memorias, Tardes de persianas bajadas (Contra).

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