Nicole Kidman y Tom Cuise estuvieron 11 años casados. Foto: Getty

Abortos naturales y un divorcio traumático de Tom Cruise: el duro camino de Nicole Kidman para alcanzar la paz

La actriz a punto de cumplir los 53 años, vive un momento pleno a nivel personal y profesional. Pero ha tenido que superar muchos obstáculos para alcanzar esta plenitud.

Uno de los grandes misterios de Hollywood siempre fue y será los verdaderos motivos por los que Tom Cruise y Nicole Kidman se divorciaron en 2001. Tan pronto se conocieron en el rodaje de Días de Trueno y se dieron el sí quiero en 1990, justo el mismo año en el que se estrenó la cinta de Tony Scott, se convirtieron de inmediato en una de las parejas más admiradas del séptimo arte. Ella apenas tenía 22 años por entonces, por lo que más allá de formar una familia con el protagonista de Misión Imposible soñaba con convertirse en una de las mejores actrices del globo. Y lo consiguió, por supuesto, pero no precisamente al lado de su primer esposo.

Kidman es una mujer muy recelosa de su vida privada y, aunque pronto vayan a cumplirse dos décadas desde que tomaron caminos diferentes, nunca se ha prestado a hablar con claridad de los claroscuros de aquel matrimonio. Algunos achacan esta decisión al hecho de que la Iglesia de la Cienciología (de la que Cruise es uno de sus principales seguidores; ella nunca fue una feligresa de la organización impulsada por L. Ron Hubbard) le obligó a firmar un contrato de confidencialidad que le impidió airear los trapos sucios. Sin duda, tirando de hemeroteca, lo más llamativo que llegó a verbalizar tiempo atrás fue aquel liberador “bueno, ahora puedo llevar tacones” que le dijo a David Letterman en 2001.

No fue hasta 2012 que, aunque fuera de una forma escueta, se atrevió a rememorar en DuJour Magazine lo que tiempo atrás sentía por Cruise. “Me enamoré locamente, apasionadamente. Hubiera ido a los confines de la tierra por él”, explicó. También remarcó que, debido a la presión mediática en general, y al acoso de los paparazzis en particular, “estábamos en una burbuja, solo nosotros dos. Nos volvimos muy dependientes el uno del otro”. La ruptura, tal como ella misma confesó, “fue un shock para mí” y “me tomó mucho tiempo recuperarme”.

Pasados los años, aunque haya sido a cuentagotas, hemos podido conocer algún detalle más de los pormenores por los que pasaron la pareja. En una reveladora entrevista que concedió hace dos años a la revista Tatler, la actriz desveló por vez primera los motivos por los que adoptó junto a Cruise a Isabella y Connor: en 1990, poco después de la boda, sufrió un primer aborto, y la pesadilla volvió a repetirse justo en 2001 durante el proceso de divorcio. “Sé lo que es el anhelo. Ese anhelo. Es un anhelo enorme, doloroso. ¡Y la pérdida! No se habla lo suficiente de la pérdida por un aborto natural. Es un dolor inmenso para muchas mujeres”, contó. Todo sea dicho de paso, su actual relación con aquellos dos hijos que crio también ha dado pie a infinidad de habladurías, ya que tras el divorcio decidieron vivir con su padre y no existen muchas imágenes que digamos en las que se les haya podido ver acompañados de Kidman.

Ante esa tesitura no le quedó otra que hacerse a sí misma y apoyarse como nunca en su carrera. Y es precisamente en este punto, una vez dejó de ser de cara a la galería la señora Cruise, que pudo demostrar que es una actriz todoterreno. Aceptó varios papeles que le reportarían las mejores críticas de su carrera: Los Otros, de Alejandro Amenábar; Moulin Rouge!, bajo las órdenes de Baz Luhrmann, o aquella Dogville de Lars von Trier en la que se metió en la piel de la sufrida Grace. “Después del divorcio surgieron unos trabajos que fueron muy aplaudidos, así que fue algo interesante para mí”, resumiría sobre aquella etapa en 2015 en la conferencia Women In The World celebrada en Londres.

Pese a ello, si hubo un punto de inflexión ese fue el 23 de marzo de 2003, la noche en la que consiguió su primer y hasta la fecha único Óscar por encarnar a Virginia Woolf en Las Horas. Precisamente, ante ese público que estaba escuchándola en la capital británica, Kidman confesó que aquella estatuilla le hizo abrir los ojos: “Tuve una epifanía que fue ‘esta no es la respuesta’. Estaba sosteniendo una estatua de oro y me sentí más sola que nunca”. Tal como agregó en la propia Tatler, en el Teatro Kodak de Los Ángeles se autopsicoanalizó preguntándose, “ok, ¿qué estoy haciendo realmente? ¿A dónde voy desde aquí? ¿Qué debo hacer? Estoy divorciada, estoy sola, ¿qué es lo que sigue?”. La respuesta fue mudarse a una granja de Oregón e, incluso, plantearse criar a un bebé como madre soltera. Pero entonces, por capricho del destino, la estrella del country Keith Urban se cruzó en su camino.

En 2006, un año después de conocerse, se casó con el cantante. Y, lo que es más importante, junto a él pudo formar la familia que desde hacía años tanto anhelaba. En 2008 se estrenó en la cuarentena dando a luz de forma natural a Sunday y, en 2010, a través de la gestación subrogada, a Faith. “La otra cara de pasar por tanto dolor y tanto duelo para llegar a ello es ese sentimiento de ‘¡Ahhhh!’ cuando tienes un hijo», relató Kidman también en Tatler sobre esos dos retoños que han cambiado radicalmente su vida. A nivel personal todos ellos viven felizmente alejados de los focos de Hollywood en un inmenso rancho en Nashville, y profesionalmente Kidman se encuentra en un momento muy dulce tanto como actriz como productora gracias a su compañía Blossom Films. Próximamente podremos verla en la serie de HBO The Undoing; en Nueve Perfectos Desconocidos (basada en un libro de Liane Moriarty, la también autora de la premiada Big Little Lies), y como productora ejecutiva en la producción de Amazon Video Los Expatriados. Nada ni nadie puede ya detenerla.

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