7 sencillos trucos para reducir el consumo de plásticos en tu ropa (y en tu armario)

Las prendas que compramos y utilizamos a diario dejan una importante huella ambiental. Basta seguir unos consejos fáciles y prácticos para reducirla.

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    Consumir menos, invertir en objetos durables, alquilar prendas de un solo uso o abastecerse con segunda mano son respuestas eficaces ante el colapso ambiental, un desastre del que la industria textil es casi tan culpable como la petrolífera. Pero, en ocasiones, al hablar de consumo de moda sostenible se deja de lado un problema flagrante: en las miles de toneladas de ropa que se venden cada año en todo el mundo, hay un 60% de plástico, es decir, de fibras sintéticas derivadas del petróleo. Eso sin contar con ritual que rodea a la compra de ropa o a su uso, donde la huella ambiental derivada de los desechos no biodegradables es bastante considerable. No hace falta cambiar radicalmente de hábitos, solo tener en cuenta unos pequeños trucos para reducirla.

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    Menos perchas. Son uno de los objetos más difíciles de reciclar, dado que normalmente están hechas con metal y una aleación de hasta siete plásticos diferentes. Hace unos meses, el diseñador Roland Mouret las denominó "las pajitas para beber en versión moda", a raíz de su uso demasiado común y abusivo. Mouret patentó un sistema de perchas fabricadas en materiales reciclados que presentó en la pasada semana de la moda de Londres. En cualquier caso, reducir su consumo, bien aprovechándolas al máximo con varias prendas, bien sustituyéndolas por alternativas como cajas o colgadores de madera, hace que se aminore el consumo de un objeto cotidiano que tarda nada menos qu unos mil años en descomponerse totalmente.

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    Invertir en buenas medias. Estamos acostumbrados a gastar poco en ellas dando por sentado que se nos van a romper. Sin embargo, las medias comunes, de nylon, un derivado del petróleo, son una de las prendas más contaminantes que existen (hasta 30 años tardan en descomponerse). Por si no fuera suficiente, muchas veces las tomamos como un objeto de usar y tirar. Desde hace poco, han ido surgiendo marcas que las fabrican de forma sostenible, a base de tejidos reciclados o reduciendo el consumo de agua. Gastar un poco más en un par de calidad y resistente reduce considerablemente el malgasto de plástico.

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    Lentejuelas con mesura. Hace tiempo que dejaron de quedar relegadas a las fiestas señaladas. Pero las prendas con 'paillettes' están hechas a base de PVC, un material no biodegradable. Algunas, incluso, pueden contener hasta más de dos mil piezas. No conviene hacer cuentas del índice contaminante. Lo mejor es reducir su uso o, como alternativa, comprarlas recicladas: firmas como  Gucci o Ralph Lauren ya trabajan con proveedores que logran fabricarlas con plástico desechado.

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    Lavar solo cuando sea necesario. El 17% del agua que se consume en una casa se lo lleva la lavadora, y un 90% de las prendas no necesitan ser lavadas de la forma en que lo hacemos (tras una a dos puestas). Hace tiempo que varias voces claman por hacer un uso racional de la lavadora. Pero no solo se trata del derroche de agua y energía: al lavar las prendas estas liberan partículas de plástico procedentes de las fibras de tejido. Hasta el punto en que, según un informe de la ONU, cada año llegan al mar medio millón de toneladas de este material. De lo que se trata es de concienciar de que el gesto cotidiano de meter en la lavadora la ropa que nos quitamos cada noche conlleva graves consecuencias.

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    Lavado inteligente. Existen alternativas para que el agua no arrastre plástico en cada lavado. La más novedosa es Cora Ball, una pelota en forma de coral confeccionada en plástico reciclado que es capaz de absorber casi la mitad de las fibras sintéticas que se desprenden durante la colada. Otros, como el filtro Planet Care, son capaces de retener hasta un 90%. Ambos cuestan menos de cien euros.

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    Analizar la etiqueta. La mayoría de las veces compramos sin mirar la composición de la prenda. Y, si lo hacemos, no reparamos en la nefasta importancia que tienen ciertas fibras y tintes derivados del petróleo (también para nuestra salud). Comprar solo tejidos naturales es una alternativa para reducir el consumo de plásticos pero, en muchas ocasiones, el algodón o el lino también conllevan un alto derroche de agua y/o pesticidas. Hay otras soluciones 100% limpias, como el Econyl, un material con el aspecto y la textura del nylon que se obtiene a base del reciclado del residuos plásticos y que ya usan más marcas de las que creemos.

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    Nada de bolsas. Ya es, por fortuna, una práctica habitual en los supermercados, aunque algunas tiendas de ropa aún deben concierciarse sobre la enorme huella ecológica que dejan las bolsas de plástico ( y los envoltorios de las camisas, las etiquetas gigantes, o los rellenos de zapatos y bolsos). La solución tiene dos direcciones: que las marcas apuesten por alternativas de cartón reciclado y que el consumidor prescinda de su uso (al menos, de modo irracional)

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